La ONU celebra, el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer. Bajo el lema Derechos. Justicia. Acción. Para todas las mujeres y niñas, la edición de este año promueve una llamada a un compromiso transversal, que concierne tanto a los estados como a las empresas, pasando por la implicación cotidiana de la ciudadanía, para eliminar las brechas existentes todavía hoy en aspectos fundamentales de la vida, como el acceso a un trabajo, a la educación, a la sanidad, a la alimentación… Basta caer en la cuenta de que las mujeres solo tienen el 64 % de los derechos legales que tienen los hombres en todo el mundo para tener clara esa necesaria acción, de todos y cada uno, que permita acabar tanto con leyes discriminatorias como con normas sociales nocivas.
- ENTREVISTA: Emilce Cuda: “Jamás me he sentido ignorada en el Vaticano”
- OTRA MIRADA: Y Prevost ya promovió el liderazgo de las mujeres en Perú…
- OPINIÓN: Muros y techos de cristal por romper dentro de la Iglesia, por Caterina Ciriello
- ¿Todavía no sigues a Vida Nueva en INSTAGRAM?
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Históricamente, la Iglesia ha ejercido de avanzadilla para reconocer la dignidad de las mujeres. Todo empezó con Jesús, quien marcó un antes y un después en materia de igualdad, lo mismo con la samaritana y con la adúltera que con la apóstola María Magdalena. Ahí radica uno de los pilares de la Doctrina Social y, de ese compromiso, brotan tantos carismas a lo largo de los siglos que buscan rescatar a las mujeres, levantarlas y enviarlas como discípulas misioneras. Ninguna institución pública o privada ha contado y cuenta con una red transversal global capaz de dignificar lo mismo a una niña para que aprenda a leer que acoger a una anciana sin recursos, liberar a una migrante vejada que acompañar a una adulta que padece una enfermedad mental.
Capacidad de liderazgo
A la par, las mujeres de la Iglesia han demostrado y demuestran cada día su probada capacidad de liderazgo, tanto en el ámbito civil como en las propias estructuras eclesiales. En este sentido, el pontificado de Francisco marcó un antes y un después en lo que a la reflexión ministerial y a la confianza para afrontar responsabilidades curiales se refiere. León XIV no se queda atrás con los nombramientos realizados estos meses y con la reciente sugerencia del grupo sinodal de estudio de formación para el sacerdocio, que plantea incluir a mujeres en los equipos de formadores de los seminarios.
Como expresa en ‘Vida Nueva’ Emilce Cuda, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, hay motivos para celebrar los pasos dados este 8 de marzo “a la luz del pasado”. Sin embargo, también reconoce que “queda mucho camino por recorrer”, especialmente por aquellas que se ven ancladas “en el último escalón de las relaciones productivas, trabajando en condiciones horribles, vapuleadas, explotadas, víctimas de la trata o del narcotráfico”. La opción preferencial por los pobres tiene, hoy como ayer, rostro de mujer. Y la Iglesia está llamada a redoblar su apuesta por las bienaventuranzas para “todas, todas, todas”.