Dos años de ‘Fiducia supplicans’: bendecidos todos, sin cisma ni confusión

Pareja homosexual

Dos años después, ni cisma católico ni confusión a pie de parroquia. El 18 de diciembre de 2023, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe daba a conocer la declaración ‘Fiducia supplicans’ sobre el sentido pastoral de las bendiciones, que abría la puerta a bendecir “a parejas en situaciones irregulares y a parejas del mismo sexo”. Esto es, a uniones gais, divorciados vueltos a casar, y parejas solteras que no se han dado todavía el sí quiero en el altar. Eso sí, con todas las cautelas: “No debe encontrar ninguna fijación ritual por parte de las autoridades eclesiásticas, para no producir confusión con la bendición propia del sacramento del matrimonio”. “No se pretende legitimar nada, sino solo abrir la propia vida a Dios, pedir su ayuda para vivir mejor e invocar también al Espíritu Santo para que se vivan con mayor fidelidad los valores del Evangelio”, se explicitaba para no dejar margen de dudas en el documento firmado por el prefecto para la Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor Manuel Fernández, y el secretario del departamento vaticano, Armando Matteo.



A las pocas horas de su publicación, desde los sectores ultraconservadores eclesiales se inició una campaña, no solo para cuestionar el texto que contaba con el respaldo del papa Francisco, sino que directamente se exigía su retirada. ¿El motivo? Hay quien consideraba que bendecir a estas personas implicaba legitimar sus relaciones, tachándola de intencionalidad confusa que llevaría a retorcer el magisterio eclesial. Al frente, los cardenales y obispos que a lo largo de los doce años del pontificado de Francisco se oponían ‘por decreto’ a cualquiera de sus reformas. “Nos oponemos firme y radicalmente a una herejía que socava gravemente a la Iglesia”, llegó a decir el que fuera prefecto para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Robert Sarah, que alentó literalmente a una rebelión eclesial por el “escándalo” generado.

Unos ecos con aires catastrofistas de los que se contagiaron, por ejemplo, los obispos africanos. Hasta tal punto que el cardenal Fridolin Ambongo, arzobispo de Kinshasa y presidente del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM) emitió un documento en el que cerraba las puertas a la bendición a parejas del mismo sexo, pues apuntaba que no pueden impartirse “sin exponerse a escándalos” a la vez que enfatizaba “con fuerza su comunión con Francisco”. Tanto Francisco como el prefecto para la Doctrina de la Fe aceptaron su decisión.

Vaje a El Cairo

Sin embargo, pronto quedó al descubierto que su voz no era la de todo el continente negro. Los obispos sudafricanos dijeron sí a las bendiciones, al igual que los pastores católicos del Magreb. Ambongo llegaría a decir más adelante que “en nuestro continente no existe la homosexualidad”. Una afirmación en la que se encajaba también la sorpresa expresada por caldeos, coptos y otras Iglesias cristianas ortodoxas, provocando que el propio Fernández viajara hasta El Cairo cinco meses después de publicar el documento para limas asperezas con un enfadado Tawadros II.

Lo cierto es que la minoritaria resistencia logró generar más ruido que la bienvenida filial de los episcopados de todo el planeta. Los primeros en abrazar ‘Fiducia supplicans’ a las pocas horas de publicarse fueron los obispos de Estados Unidos. Su pronunciamiento llegó de la mano de una nota pública del obispo de Winona-Rochester, Robert Barron, que es el presidente del Comité de Laicos, Matrimonio, Vida Familiar y Juventud.

“La Declaración de ninguna manera exige un cambio en las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio y la sexualidad”, sentenciaba el prelado para respaldar el texto. A partir de ahí se fueron sumando las demás conferencias episcopales, como la alemana, que lo consideró “un regalo de Navidad” o la portuguesa, que en un comunicado apoyaron el documento, en tanto que “no altera la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio” y “reconoce la acogida de todos”. A la vez, enfatizaron la necesidad de mostrar “la plena comunión de los obispos portugueses con el Santo Padre”.

Respaldo episcopal

El Episcopado francés aplaudió el documento vaticano como “un estímulo a los pastores para que bendigan generosamente a quienes se acercan a ellos humildemente pidiendo la ayuda de Dios”. Los obispos italianos también lanzaron una nota en la que destacaron que ‘Fiducia supplicans’, “se sitúa en el horizonte de la misericordia, de la mirada amorosa de la Iglesia sobre todos los hijos de Dios, sin por ello derogar las enseñanzas del Magisterio”.

En España, el entonces presidente de los obispos y cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, valoró como “un acto de acogida” la Declaración de Doctrina de la Fe, que exige “un cambio de mentalidad en Europa”, mientras que “la doctrina de la familia no cambia”. El presidente de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano y Caribeño (CELAM) y de los obispos brasileños, el cardenal Jaime Spengler, OFM, llegó a lamentar los “moralismos exacerbados” que estaban brotando.

Y es que el vendaval mediático provocado por quienes pretendían tumbar las bendiciones fue tal que se llegaron a registrar amenazas directas al prefecto para la Doctrina de la Fe. “Te destruiremos”, le llegaron a enviar para amedrentarle. Así, el 4 de enero de 2024, dos semanas después de publicarse ‘Fiducia supplicans’, Doctrina de la Fe emitía un comunicado en el que se clarificaba todavía más cómo llevar a cabo las bendiciones, de una manera “no ritualizada, con la simplicidad y brevedad de su forma” que “no pretende justificar algo que es moralmente aceptable”. “Evidentemente no es un casamiento, pero ni siquiera es un ‘visto bueno’ ni una ratificación de nada”, se detallaba. Además, dejaba abierta la puerta a que su aplicación se adecuara a los “contextos locales, según el discernimiento de cada obispo”, en una referencia implícita al contexto africano donde las relaciones homosexuales todavía están penadas.

LGTBI Cruz

A partir de ahí, el terremoto nostálgico fue rebajando sus réplicas y, un mes después, nadie hablaba de ‘Fiducia supplicans’, un texto que llegó a ser el documento con más tirón del Vaticano con 7.000 millones de visualizaciones, según informó la propia Santa Sede. Comenzó entonces el tiempo de la normalidad, de la cotidianidad en su aplicación. Más allá de algún intento de institucionalizar la bendición, “la recepción ha sido y es pacífica”, aseguran a ‘Vida Nueva’ desde Doctrina de la Fe, donde no han tenido que tramitar expediente herético alguno por convertir bendiciones en matrimonios, o porque se hayan generado verdaderas situaciones de desconcierto en comunidades parroquiales o diocesanas. En un vistazo a la hemeroteca española de estos dos últimos años, tampoco se han registrado episodios de conflicto, desorden o escándalo que auguraban los detractores del texto.

Acogida de León XIV

El propio León XIV respaldaba ‘Fiducia supplicans’ en su primer libro-entrevista ‘Ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI’ (Debate) publicado hace un par de meses. Y lo hacía con la misma impronta que Jorge Mario Bergoglio: sí a las bendiciones, pero sin ritualizar. “Por supuesto que podemos bendecir a todas las personas, pero no buscar una forma de ritualizar algún tipo de bendición, porque eso no es lo que la Iglesia enseña”, comentaba, a la vez que advertía de que “en el norte de Europa ya están publicando rituales para bendecir ‘a las personas que se aman’, es la forma en que lo expresan, lo que va específicamente en contra del documento que el papa Francisco aprobó”.

Desde Estados Unidos, James Martin, el jesuita referente en la pastoral LGTBI, valora para esta revista la aplicación del documento en estos dos años. En concreto, él ha bendecido a cinco o seis parejas. “Es muy difícil decirlo a ciencia cierta, ya que las bendiciones son espontáneas y no litúrgicas. Por lo tanto, la mayoría se dan en entornos informales, en las escaleras de la iglesia después de la misa, por ejemplo”, señala, advirtiendo que la mayoría de los sacerdotes con los que ha hablado solo han hecho unas pocas, si es que han hecho alguna. “Pero aunque los números sean bajos, las personas bendecidas siempre están muy agradecidas y se sienten más acogidas”, remarca.

Para Martin, ‘Fiducia supplicans’ no ha cambiado la manera en la que acompaña la pastoral LGTBI. No obstante, sí es cierto que “la posibilidad de bendecir a parejas del mismo sexo en determinadas circunstancias ha hecho que muchas personas se sientan más a gusto en la Iglesia. Así que para ellos, ha sido un paso adelante”. De hecho, lo considera como uno de los frutos del pontificado de Francisco, a pesar de que “él sabía que se estaba arriesgando y que habría cierta resistencia (y la hubo), pero supongo que sintió que era una forma de reconocer las relaciones, a menudo abnegadas, que existen en estas situaciones”.

Aterrizaje en España

En nuestro país, donde la Iglesia se sitúa a la cola en inclusión LGTBI en el continente, como pone de manifiesto el Índice Arcoíris de Iglesias en Europa (RICE, por sus siglas en inglés) 2025 –elaborado por el Foro Europeo de Grupos Cristianos LGBTI+ y publicado en octubre–, ¿se ha aterrizado el documento? “En España es como si no existiera. Solo en cinco o seis diócesis se han realizado algunas reflexiones y actividades en torno a ‘Fiducia supplicans’, en algunos centros pastorales y parroquias de algunas congregaciones religiosas y en alguna facultad de Teología”, sentencia Javier de la Torre, director del Departamento de Teología Moral de la Universidad Pontificia Comillas. Además, “muchos sacerdotes tienen miedo, rechazo e inseguridad. Algunos, siguiendo la sensatez de ‘Fiducia supplicans’, la aplican con sencillez en espacios extralitúrgicos con una oración breve intentando dar paz y alentando su fe en un Dios amor”, añade.

Aún así, a nivel global, el moralista considera que “hemos avanzado un poco en dos sentidos”. Y se explica: “En los pocos contextos de acogida ya existentes en la Iglesia, se han sentido fortalecidos en su camino y en su pastoral inclusiva de la diversidad sexual en encuentros, oraciones, retiros, eucaristías, formación teológica y acompañamiento espiritual. Los pocos sacerdotes que ya hacían alguna bendición extralitúrgica lo han seguido haciendo con más paz. Ellos se han sentido también bendecidos con ‘Fiducia supplicans’”. Por su parte, “en la mayoría de los contextos eclesiales, más resistentes a una pastoral de acogida de la homosexualidad, como ya pidió el cardenal Joseph Ratzinger en 1986 en ‘Homosexualitas problema’ (nº2), ha supuesto una invitación a tener claro un límite ante la violencia, la exclusión, el insulto y la discriminación”.

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