El 1 de enero, en el calendario litúrgico, se celebra la solemnidad de santa María, Madre de Dios. El papa Francisco ha presidido en la Basílica de San Pedro la eucaristía de esta celebración, la primera de cada año este año en sintonía con el Jubileo 2025. Además, en este día también se ha establecido, desde hace 58 años, la Jornada Mundial de la Paz, por lo que es habitual la presencia de un buen número de diplomáticos. Por este motivo el Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin ha pronunciado las oraciones de la plegaria eucarística.
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
“Nacido de una mujer”
En su homilía, el Papa, recordó que en este tiempo de Navidad se celebra que “Dios se hizo uno de nosotros en el vientre de María y a nosotros, que abrimos la Puerta Santa para dar inicio al Jubileo, hoy se nos recuerda que ‘María es la puerta a través de la cual Cristo entró en el mundo’”, según escribió san Ambrosio. Jesús, como escribe Pablo “que nació de una mujer”, implica que “Dios se hizo verdaderamente hombre a través de un vientre humano” frente a la tentación de “imaginar o fabricarnos un Dios ‘abstracto’, vinculado a una vaga idea religiosa, a alguna agradable emoción pasajera”.
Jesús, reiteró Francisco, “procede del seno del Padre, pero se encarna en el vientre de la Virgen María; viene de lo alto del cielo, pero habita en las profundidades de la tierra; es el Hijo de Dios, pero se hizo Hijo del hombre. Él, imagen de Dios omnipotente, vino en la debilidad”. Y es que en la “humanidad de Cristo” también “se revela en la fragilidad de la carne” como se contempla en Navidad en ese “niño indefenso, frágil, necesitado del cuidado de su madre, necesitado de pañales y de alimento, de caricias y de amor”. “Y en toda la vida de Jesús podemos ver esta elección de Dios, la elección de la pequeñez y el ocultamiento; Él no cederá nunca al esplendor del poder divino para realizar grandes signos e imponerse sobre los demás como le había sugerido el diablo, sino que revelará el amor de Dios en la belleza de su humanidad, habitando entre nosotros, compartiendo la vida ordinaria hecha de fatigas y de sueños, mostrando compasión por los sufrimientos del cuerpo y del espíritu, abriendo los ojos de los ciegos y reanimando a los extraviados de corazón. Jesús nos muestra a Dios por medio de su humanidad frágil, que se hace cargo de los frágiles”, señaló. “Dios es siempre cercano, misericordioso y compasivo, no olvidemos esto”, reclamó.
La Madre de Dios
María, prosiguió, “nos recuerda que Jesús viene en la carne y, por eso, el lugar privilegiado donde es posible encontrarlo es sobre todo en nuestra vida, en nuestra humanidad frágil, en la de quienes pasan a nuestro lado cada día”. “Invocándola como Madre de Dios, afirmamos que Cristo ha sido generado por el Padre, pero nació verdaderamente del vientre de una mujer. Afirmamos que Él es el Señor del tiempo, pero habita este tiempo nuestro, también este nuevo año, con su presencia de amor. Afirmamos que Él es el Salvador del mundo, pero podemos encontrarlo y debemos buscarlo en el rostro de todo ser humano. Y si Él, que es el Hijo de Dios, se hizo pequeño para ser abrazado por una madre, para ser cuidado y alimentado, entonces significa que hoy Él sigue viniendo en todos aquellos que necesitan del mismo cuidado; en cada hermana y hermano que encontramos y que requiere atención, escucha y ternura, en cada hermano o hermana que encontremos y lo necesita”, destacó el Pontífice.
Por ello el Papa invitó: “Confiémosle entonces este nuevo año que comienza a María, Madre de Dios, para que también nosotros aprendamos como Ella a hallar la grandeza de Dios en la pequeñez de la vida; para que aprendamos a cuidar de toda criatura nacida de una mujer, sobre todo protegiendo el don precioso de la vida, como lo hizo María: la vida en el vientre materno, la vida de los niños, la de aquellos que sufren, la vida de los pobres, la vida de los ancianos, la de quienes están solos, la de los moribundos”. Además, en esta Jornada Mundial de la Paz, instó a “proteger la vida, hacernos cargo de la vida herida, dignificar la vida de cada ‘nacido de mujer’; es la base fundamental para construir una civilización de la paz”.
Finalmente, Francisco pidió encomendar a María “este nuevo año jubilar, entreguémosle a ella los interrogantes, las preocupaciones, los sufrimientos, las alegrías y todo lo que llevamos en el corazón. Confiémosle a ella el mundo entero, para que renazca la esperanza, para que finalmente florezca la paz en todos los pueblos de la tierra”, concluyó. Francisco nuevamente invitó a aclamar tres veces a la “Santa Madre de Dios”, recordando el Concilio de Éfeso.