La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada advierte de que los desplazamientos forzosos de los últimos dos años amenazan con alterar de forma duradera el mapa religioso de África y Asia
Figuración de cristiano perseguido (fuente: Puertas Abiertas)
Los conflictos armados y la persecución están obligando a huir a comunidades cristianas enteras en algunas zonas de África y Asia, mientras que la represión de los regímenes autoritarios y el nacionalismo religioso estrechan el margen de libertad en otras partes del planeta.
Así lo recoge el informe ‘¿Perseguidos y olvidados? Sobre los cristianos oprimidos por su fe 2024-2026’ de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), que concluye que la situación ha empeorado en el 55% de los 18 países estudiados. Ninguno de ellos ha experimentado una mejora general.
El informe, elaborado por la fundación pontificia internacional, abarca el periodo comprendido entre agosto de 2024 y junio de 2026 y examina aquellos países donde las violaciones de la libertad religiosa que sufren los cristianos resultan más preocupantes.
Según ACN, la violencia extremista, los gobiernos autoritarios y el nacionalismo religioso han agravado en estos dos años la opresión de las comunidades cristianas. En muchos casos, subraya el estudio, el recrudecimiento se ha concentrado en regiones concretas más que en el conjunto del territorio nacional.
Uno de los aspectos que más inquietan a los autores es el de los desplazamientos forzosos. Los cristianos se suman a la oleada de personas expulsadas de sus hogares por los conflictos en África y Asia, en ocasiones por motivos religiosos.
Solo en Nigeria, millones de cristianos figuran entre los desplazados internos, y la violencia extremista que no cesa en el África subsahariana alimenta el temor a que estas salidas acaben modificando de manera permanente la composición religiosa de las zonas afectadas.
Según los últimos datos de la fundación, 413 millones de cristianos viven en países donde se cometen graves violaciones de la libertad religiosa, y unos 220 millones están expuestos de forma directa a la persecución.
Algunos de los abusos más graves se registran en el África subsahariana, donde los grupos islamistas armados han extendido su influencia sobre amplias áreas del continente. El informe recuerda que seis de los diez países más castigados por el terrorismo en el Índice Global de Terrorismo 2026 son africanos.
En el norte de Mozambique, donde una insurgencia islamista asola desde 2017 las comunidades de Cabo Delgado, las fuentes citadas por ACN cifran en alrededor de un millar los cristianos asesinados. Los ataques han incluido decapitaciones, secuestros y la destrucción de iglesias y viviendas.
En Burkina Faso y Malí, según el texto, los grupos islamistas controlan o actúan en gran parte del territorio, y algunas comunidades cristianas se han visto obligadas a acatar las normas islámicas de vestimenta y conducta social. Otras han padecido asesinatos y expulsiones.
La presión adopta otras formas en distintas latitudes. En Irán, el número de detenciones de cristianos casi se duplicó en un periodo de doce meses, de acuerdo con el informe.
En Nicaragua, el pulso entre el Gobierno y la Iglesia católica ha seguido derivando en detenciones y exilios de miembros del clero, restricciones a las ordenaciones y confiscación de instituciones eclesiales. Las autoridades han llegado incluso a impedir la entrada en el país de personas que portaban Biblias.
El estudio señala un tercer fenómeno: la creciente influencia del nacionalismo religioso, sobre todo en algunas zonas de Asia. En 2025 se contabilizaron en la India más de 700 incidentes de violencia anticristiana.
El informe lo relaciona con el aumento de la hostilidad social y con la ampliación de las denominadas leyes “anticonversión”, que, según organizaciones cristianas, se emplean cada vez más para acosar a las minorías.
Los autores advierten, no obstante, del riesgo de atribuir toda esta violencia exclusivamente a la fe. La etnicidad, la inestabilidad política, la pobreza y la pugna por la tierra y otros recursos se entrelazan a menudo con las identidades religiosas. Aun así, ACN defiende que el componente religioso suele subestimarse, en especial fuera de los países afectados.
El informe combina, además, análisis nacionales y regionales con estudios de caso y testimonios recogidos entre comunidades cristianas golpeadas por la violencia y la discriminación.
Entre ellos figura el de Solomon Ako, un cristiano de 33 años del norte de Nigeria que fue secuestrado durante el asalto de unos milicianos a su aldea. Sus captores exigían a los rehenes que se convirtieran y los golpeaban si se negaban. “Nos azotaban con látigos. Nos encadenaron las piernas”, recuerda.
Para ACN, estas historias personales son esenciales para entender las conclusiones del estudio. Tras las grandes tendencias del extremismo, el autoritarismo y el nacionalismo hay comunidades concretas que sufren ataques y que, cada vez más a menudo, se ven empujadas a abandonar en masa su tierra natal.