En un ciclo de violencia sin fin en Nigeria, un comando yihadista ha atacado este 7 de septiembre una iglesia en la aldea de Nzangula, en el Estado de Adamawa. Como documenta Europa Press, los terroristas han asesinado a al menos 12 personas, han herido a otras dos y han secuestrado a una mujer. Además de destruir el templo, han arrasado varias viviendas y tiendas del lugar.
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Como añade el diario local Daily Trust, un ataque similar se produjo horas antes en la aldea vecina de Zaranga, causando 11 muertos. Este sí estaría confirmado que es obra de Boko Haram y, siguiendo el mismo ‘modus operandi’, también habría sido quemada la iglesia local, así como varios hogares.
Iniciativa de la Liga Mundial Musulmana
Tristemente, esto no hace sino poner aún en más valor la alianza entre musulmanes y cristianos que se firmó el pasado 13 de agosto. En una iniciativa de la Liga Mundial Musulmana, la capital, Abuya, acogió la conferencia ‘Diversidad y paz social: una alianza para un futuro prometedor’.
A la misma, como se puede leer en el compromiso que ratificaron por escrito, acudieron “los líderes religiosos que representan a todas las religiones y cultos” del país, especialmente cristianos y musulmanes. Tras una fructífera reunión, todos ellos se comprometieron “a dialogar y cooperar para la paz en el país”.
Conscientes de padecer un contexto marcado “por el yihadismo y la violencia de bandas criminales”, los representantes religiosos incidieron en que ese mal lo sufre el conjunto de “la población local, tanto la cristiana como la musulmana”.
Cohesión social, diálogo religioso y coexistencia pacífica
De ahí que quisieran visibilizar su unidad con “un acuerdo unánime para adoptar resoluciones destinadas a fortalecer la cohesión social, el diálogo religioso y la coexistencia pacífica”.
Para que el compromiso vaya más de las palabras y las buenas intenciones, la conferencia de Abuya “estableció un organismo coordinador para los líderes e instituciones religiosas y cívicas en África occidental con el fin de dar seguimiento a la implementación de los compromisos del plan”.
Entre otros puntos, los líderes espirituales recalcaron la importancia de que se apliquen “programas nacionales de sensibilización pública destinados a promover el sentimiento de pertenencia nacional, el respeto a la diversidad y la coexistencia pacífica”. Y que, al fin, quede claro que tan nigerianos son los musulmanes como los cristianos.
También se mueven por fines económicos
Ahora falta lo más complicado: que los yihadistas que llevan dos décadas sembrando el terror por el país (con fines también económicos, pues viven en buena parte de lo que cobran por el rescate de quienes secuestran) acepten al fin que su imperio de la violencia es algo que no desean no quienes, como ellos, practican el islam.
Algo que, por cierto, también debe aplicarse a ciertos “medios de comunicación” que recurren constantemente a la idea de que “los cristianos son perseguidos en Nigeria”. En ese sentido, los propios obispos llevan años insistiendo en que el flagelo de la violencia también lo sufren sus “hermanos musulmanes”.
Por ello, se reclaman a la prensa que ejerza “una comunicación responsable” y, además de “contrarrestar los rumores”, ponga fin a “la retórica incendiaria”.
En ello, las comunidades creyentes tienen mucho que hacer, siendo un hecho que “la religión debe transmitir un mensaje de paz y misericordia, en lugar de ser instrumentalizada para alimentar conflictos, violencia y extremismo”.
