Celebración religiosa en Brasil. Foto: CNBB
‘Venite ad me’. Este es el título del documento que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha publicado hoy, 22 de octubre, y que busca poner al día la manera en que la Iglesia debe evangelizar a la luz del Evangelio y del Concilio Vaticano II, con especial énfasis en el magisterio de León XIV y Francisco. De hecho, el texto reconoce que fue un encargo de Jorge Mario Bergoglio “en los últimos momentos de su vida”, renovado después por Robert Prevost.
Distribuido en ocho capítulos, el texto es fruto de una consulta previa a las conferencias episcopales y está suscrito por el cardenal prefecto Víctor Manuel Fernández y Armando Matteo, secretario de la Sección Doctrinal. Aunque se ha dado a conocer hoy, fue firmado el pasado 21 de agosto con el visto bueno del actual Papa. Su eje narrativo son las palabras de Jesús de Nazaret recogidas por Mateo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”.
El documento presenta la transmisión de la fe “como un encuentro, en el que Cristo se acerca a cada persona en la realidad concreta de su vida, dándole esa paz verdadera que solo en Él es posible encontrar”. Desde esta perspectiva, se plantea más como una guía de orientaciones que como una nota doctrinal, al considerar que se trata de una cuestión “abierta a nuevos análisis y desarrollos”.
El documento sentencia que “la Iglesia no hace proselitismo”. Se detiene especialmente en la catequesis para enfatizar que “la revelación divina, como enseña el Concilio Vaticano II, no es una simple transmisión de verdades doctrinales ni una ‘instrucción’ de Dios a la humanidad, sino un diálogo de alianza”. “No se trata, por tanto, de una mera transmisión de contenidos, por muy importantes que sean, aunque se refieran a la salvación de cada ser humano”, insiste el escrito. ¿El objetivo? “Un encuentro personal sólido y duradero con Cristo”, asevera.
Es entonces cuando se alerta de que la transmisión de la fe no debe quedar confinada a lenguajes que puedan calificarse de “escolásticos”, “dogmáticos” o “moralistas”. El lenguaje de la fe “no debe limitarse a una fría exposición de conceptos; sin duda debe poseer esa claridad que facilita la comprensión, pero sobre todo debe caracterizarse como una llamada del corazón”.
En esta tarea evangelizadora, el departamento dirigido por Víctor Manuel Fernández llama a “ampliar los espacios de presencia de las mujeres en la guía de los procesos eclesiales”. Reconoce que “los fieles más presentes y activos en la vida de las comunidades son, en gran parte, mujeres”. Del mismo modo, admite que “se ha hecho más evidente la necesidad de permitir a las mujeres que accedan a aquellos ámbitos en los que se toman las decisiones importantes para la vida de la comunidad”.
Al aterrizar en la actualidad, Doctrina de la Fe lamenta que “se está perdiendo progresivamente” el relevo evangelizador en la familia, que incluía, entre otros gestos, la oración compartida, la participación en la misa dominical, la celebración de los patronos, la ayuda a los pobres y la preparación del belén. “La transmisión a las nuevas generaciones de la experiencia de la fe cristiana ya no se produce de manera, por así decirlo, ‘automática’”, certifica ‘Venite ad me’.
Por eso, se plantea que “la transmisión de la fe exige hoy, de manera especial, la evangelización de los adultos y que se supere una acción pastoral centrada únicamente en la catequesis de los niños y adolescentes”. Además, constata que gran parte del planeta afronta “una fase avanzada de secularización, que ha provocado una crisis relevante del cristianismo vivido en el ámbito doméstico”. En estas coordenadas, Jesús “ya no representa ni un elemento esencial de su propia identidad ni un recurso fiable para discernir lo que es justo hacer con vistas a una vida humanamente digna”. “Ni siquiera África está exenta de dinámicas que interrumpen la transmisión generacional de la fe”, llega a asegurar.
En paralelo, se aborda la actual “soberanía del yo”, un individualismo “cada vez más acentuado”, sumado a la negación de la trascendencia, el relativismo, una deformación ética y el debilitamiento del sentido del pecado. Tampoco se olvida mencionar el actual contexto polarizador y la irrupción de la inteligencia artificial como elementos que deben tenerse en cuenta.
En cualquier caso, el escrito apunta que “una visión realista de esta situación no debe llevarnos a desesperarnos por el futuro de la Iglesia”. Este cambio de época se contempla como una oportunidad para “una adhesión a la fe más consciente y convencida”. Asimismo, se hace eco del “número creciente de conversiones y retornos a la Iglesia, sobre todo por parte de jóvenes y adultos jóvenes”. Sin embargo, también observa “una dificultad paralela en la perseverancia de los neófitos, quienes a menudo, poco tiempo después de recibir el bautismo, vuelven a un estado de indiferencia práctica”. “Por esta razón, aunque conviene evitar actitudes triunfalistas al respecto, no se puede negar que estos fenómenos constituyen signos concretos de esperanza y de vitalidad evangélica”, apunta el texto vaticano, que llama a acompañar a los nuevos católicos.
‘Venite ad me’ también aborda la importancia que tienen en la evangelización la Doctrina Social, el voluntariado, la piedad popular, los colegios y las universidades. Asimismo, invita a aprovechar las bodas, los bautizos y los funerales como “una valiosa oportunidad para llegar a ellas con un anuncio del kerygma”.
Partiendo de estas premisas, el encargo a los católicos incluye “una renovación del anuncio del kerygma”, con un estilo “apasionado y apasionante”. De ahí “la importancia de promover, en cada comunidad eclesial, grupos de escucha, de meditación, de compartir y de oración de la Palabra, en cuya convocatoria se dediquen momentos específicos y fijos, que complementen la celebración de la eucaristía dominical”.
En este sentido, se explica que “la liturgia constituye el lugar privilegiado” para transmitir la fe. “La celebración litúrgica no puede reducirse a una mera ejecución formal, sino que debe ser una acción en la que los signos hablen realmente a la mente y al corazón de los fieles, expresando de manera viva y concreta la única fe de la Iglesia y reforzando en cada creyente la conciencia de ser miembro del Cuerpo de Cristo”, destaca el cardenal Fernández.
Misa en la Iglesia de las Nazarenas, el templo que alberga al Señor de los Milagros, para pedir por la salud del papa León XIV. Foto: EFE/ Paolo Aguilar
Desde ahí, se reclama a los obispos que permitan a los creyentes “entrar en contacto con las diversas sensibilidades litúrgicas presentes en la tradición de la Iglesia católica”. Eso sí, con una condición: “Respetando las normas litúrgicas vigentes”.
Al abordar el estilo evangelizador de Jesús, el documento recuerda que “no pone obstáculos entre Él y la gente”. “Está siempre atento, siempre presente, nunca distraído, y su palabra nunca resulta abstracta”, añade a continuación, y subraya que “quiere dirigir continuamente el corazón y la mente de todos, sin excluir a nadie”.
A partir de ahí, insiste en que “Dios no bendice la división, ni mucho menos la discriminación”. “Ninguna ley ni autoridad humana o religiosa podrá jamás declarar a nadie indigno de su amor o del de los demás seres humanos”, remarca.
A la vez, destaca cómo Jesús “está siempre en camino” para proclamar “el amor incondicional de Dios”. “No crea un santuario propio ni una escuela. Se mueve, viaja. Entra en las aldeas y ciudades de su pueblo y de su tiempo”, apunta. Así, se relaciona tanto con los sencillos como con el “poder público, religioso o político”.