España

Josep Montoya Viña: “El Evangelio nos propone otro camino: el servicio”

| 06/10/2026 - 01:00

El diácono de la diócesis de Terrassa habla sobre las necesidades que atraviesa la Iglesia en Cataluña y sobre las propuestas concretas a las búsquedas personales actuales





Josep Montoya Viña presenta una experiencia amplia como laico en misión pastoral. Junto a su esposa, fueron familia admitida para ser acogedora de niños en tutela. Colaboró pastoralmente en varias parroquias del Pirineo. Fue diácono permanente del obispado de Urgell durante 16 años y hace un año que pertenece al obispado de Terrassa, sufragánea de la archidiócesis de Barcelona.



Uno de los desafíos es aprender a ser Iglesia en una sociedad que ha cambiado profundamente. No podemos afrontar el presente simplemente repitiendo las formas del pasado, dice.

La vida diaconal

PREGUNTA.- ¿Qué es lo que más disfruta de la vida diaconal? ¿Cómo viven su servicio las personas de la comunidad parroquial?

RESPUESTA.- Vengo de muchos años acompañando, junto a mi mujer, a comunidades rurales en el Pirineo. Donde los sacerdotes ya no llegan. Me he movido en comunidades pequeñas, de fe sencilla, donde la celebración del domingo era algo más que eucaristía porque era encuentro con los vecinos, acompañamiento a dar la comunión a enfermos, participar de sus fiestas. Desde hace un año he vuelto a una gran parroquia. Lo que más disfruto en este momento es estar cerca de las personas. Cataluña es una realidad muy diversa: personas que han nacido aquí, personas que han llegado de otros lugares, familias de toda condición, creyentes muy comprometidos y también personas que se acercan en momentos concretos de su vida.

El diaconado me permite estar en ese lugar de encuentro: en la celebración de la Palabra y de los sacramentos, pero también en la vida cotidiana, escuchando a quien necesita hablar o simplemente sentirse acogido. Muchas veces las personas no buscan una respuesta teológica. Buscan a alguien que las escuche sin juzgarlas. Me consultan cuestiones familiares, situaciones de enfermedad, duelos, problemas personales, dudas sobre la fe o simplemente cómo volver a acercarse a la Iglesia después de muchos años.

Josep Montoya Viñas, en la celebración del sacramento del Bautismo

Y ahí descubrimos algo muy propio del diaconado: ser Iglesia no solamente desde el altar, sino también desde la calle, desde las casas y desde las situaciones concretas de las personas. El servicio de los diáconos y de toda la comunidad parroquial es fundamental.

P.- ¿Qué demandan las personas más necesitadas y qué asistencia concreta se les ofrece?

R.- Las personas más necesitadas no son solamente las que tienen dificultades económicas. Hay también una pobreza que vemos menos: la soledad, el duelo, la enfermedad, la falta de sentido, las rupturas familiares o sentirse excluido de la sociedad y, a veces, de la propia Iglesia.

La primera respuesta es sencilla: acoger, escuchar y acompañar. En la parroquia donde estoy adscrito –Sant Pere de Sant Cugat del Vallés– lo estamos haciendo a partir de grupos de Nueva Evangelización llamados Sicomor. Hay más de un centenar de personas que se han acercado pidiendo conocer a Jesús o volver a tenerlo en sus vidas. Aquí los diáconos tenemos un gran papel a realizar desde nuestro ministerio.

Después vienen las respuestas de Cáritas, la atención social, las visitas a enfermos y personas mayores, el acompañamiento pastoral, la preparación y celebración de los sacramentos.

Comunidades más acogedoras

P.- ¿Cuáles son las necesidades más extremas dentro de la Iglesia en Cataluña?

R.- Creo que uno de los grandes retos es aprender a ser Iglesia en una sociedad que ha cambiado profundamente. No podemos afrontar el presente simplemente repitiendo las formas del pasado.

Necesitamos formación, sin duda; pero también necesitamos espiritualidad, escucha, capacidad de diálogo y una profunda conversión pastoral. Necesitamos comunidades donde las personas puedan encontrarse con Jesucristo y no solamente con una estructura.

También tenemos el reto de acompañar a las nuevas generaciones, de dar mayor protagonismo y responsabilidad a los laicos y de seguir avanzando hacia una Iglesia verdaderamente sinodal, donde caminar juntos no sea solamente una palabra, sino una manera de vivir la Iglesia.

Y necesitamos recuperar algo muy sencillo: la capacidad de escuchar. Escuchar a Dios, escuchar el Evangelio y escuchar a las personas, incluso cuando piensan diferente de nosotros.

El futuro de la Iglesia en Cataluña no pasa únicamente por tener más medios o más estructuras, sino por conseguir comunidades más evangélicas, más acogedoras, más misioneras y más cercanas a las personas.

Celebración de la Palabra, presidida por Josep Montoya Viñas

La vocación del servicio

P.- ¿Su mensaje para las realidades actuales según el Evangelio?

R.- Me quedaría con unas palabras de Jesús que, para mí, resumen muy bien el sentido del diaconado y también lo que debería ser toda la Iglesia: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mc 10,45).

En una sociedad que muchas veces pone el acento en el poder, en el éxito o en la imagen, el Evangelio nos propone otro camino: el servicio, la diaconía.

Servir no significa sentirse superior al que recibe nuestra ayuda. Significa caminar con él, escucharle y compartir su vida. Creo que la Iglesia tiene hoy una gran oportunidad: no encerrarse en sí misma, sino salir al encuentro de las personas allí donde están. Y el diaconado tiene precisamente esa vocación: recordar a toda la comunidad que la Iglesia existe para servir.

Quizá nuestro gran desafío sea conseguir que, cuando alguien se encuentre con un cristiano, pueda pensar: Aquí hay alguien que me escucha, que me acoge y que camina conmigo.

Noticias relacionadas