Manifestación por una vivienda digna en Logroño. Foto: Efe
El obispo de San Sebastián, Fernando Prado, reclama “soluciones realistas y duraderas” para el problema de la vivienda. Así lo ha puesto de manifiesto en una nota hecha pública hoy, tras conocerse el adelanto electoral y en plena ebullición de las protestas en las calles. No en vano, algunas de las movilizaciones más numerosas han tenido lugar en Euskadi.
“La convocatoria electoral que se abre puede ser ocasión para que las diferentes fuerzas políticas presenten con claridad sus propuestas en esta materia, evitando convertir el sufrimiento y las legítimas preocupaciones de tantas personas en un instrumento de confrontación”, señala en el comunicado.
Así, considera que, en la encrucijada del “nuevo proceso electoral”, “quizá sea este un buen momento para considerar que la cuestión de la vivienda necesita un esfuerzo colectivo capaz de mirar más allá de los tiempos electorales y de la legítima confrontación de partidos”.
Para el prelado, la vivienda “no puede ser considerada únicamente ni principalmente como un bien económico”. “Por eso, cuando el acceso a ella se convierte para muchos en una dificultad casi insuperable, estamos ante un problema que afecta seriamente al bien común”, asegura el obispo donostiarra. El misionero claretiano recuerda que ya calificó esta crisis como “uno de nuestros más graves problemas sociales” en la carta pastoral que publicó en 2024.
Con estas premisas, Prado aclara que la Iglesia “no entra ordinariamente en el juicio técnico sobre cada medida concreta que se debate, ni quiere sustituir el legítimo discernimiento de los poderes públicos acerca de las medidas concretas que deban adoptarse en esta materia”. Eso sí, aporta su “valoración moral”, en tanto que “están en juego la dignidad de las personas, sus derechos fundamentales y el bien común”.
En este sentido, el obispo se remite a la Doctrina Social para reivindicar “la dignidad de toda persona, el destino universal de los bienes, el derecho a la propiedad y su función social, la solidaridad y la responsabilidad de todos en la búsqueda del bien común”.
A partir de ahí, sugiere “debatir las distintas alternativas y acordar aquellas medidas más eficaces y sostenibles a medio y largo plazo”. Para ello, insta a ir más allá de las voces de los políticos para incorporar a todos los agentes involucrados, desde los propietarios hasta las entidades sociales, pasando por “las personas más vulnerables y otros representantes de la sociedad civil”.
“Probablemente ningún acuerdo conseguirá resolver por completo una cuestión tan compleja en la que confluyen tantos factores”, reconoce Prado, que anima a “alcanzar consensos básicos”.
En este contexto, el obispo de San Sebastián llama a la Iglesia a implicarse en este diálogo abierto en la sociedad, además de administrar sus bienes con “responsabilidad”. “Debemos preguntarnos con sinceridad si los gestionamos de la mejor manera posible y si, allí donde las circunstancias lo permitan, podemos poner algunos de ellos al servicio de nuevas necesidades sociales”, deja caer, sabedor de las propiedades inmobiliarias con las que cuenta la Iglesia. Por ello, plantea “un discernimiento permanente y una creciente coherencia evangélica”.