La Francia católica que espera al Papa: minoritaria pero comprometida

Pancarta dando la bienvenida a León XIV, en una iglesia de París
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Las 80.000 plazas del Stade de France, para la vigilia de oración con León XIV del 25 de septiembre, se han agotado enseguida; y, en pocas horas, ya había 200.000 personas inscritas para la misa del día 26 en los Campos Elíseos (los organizadores prevén unas 500.000). En Lourdes, 150.000 personas ya han reservado su plaza, el aforo máximo del santuario mariano. En la prensa, la visita del Pontífice se compara con la de una “superestrella”. Tal entusiasmo, superior a las expectativas, alegra al Episcopado, pero ¿a qué Francia llegará Robert Prevost en este primer viaje oficial de un papa al país en casi veinte años?



En efecto, en 2008, Benedicto XVI visitó París y Lourdes. Desde entonces, el papa Francisco pisó suelo francés en varias ocasiones, pero cuidándose siempre de subrayar que viajaba a Estrasburgo por Europa, a Córcega para redescubrir el valor de la piedad popular, y a Marsella para participar en los Encuentros Mediterráneos.

En las calles de París se multiplican las pancartas con la imagen de León XIV. Los domingos, desde el púlpito, los párrocos animan a sus feligreses a inscribirse y a incorporarse a los grupos locales para participar en los distintos actos. Jean-Baptiste Dary, de 46 años, casado y padre de dos hijas, ya ha solicitado dos días libres en el trabajo antes de la llegada del Papa para reforzar el equipo de voluntarios encargado de la seguridad y del montaje de las infraestructuras necesarias para la acogida. “Me recordará a la JMJ de París de 1997. Fue un momento importante para mi vida de fe”, rememora.

León XIV en una audiencia general

León XIV, en una audiencia general. Foto: Vatican Media

Pero detrás de la excepcional movilización prevista, Francia es también uno de los primeros países occidentales en haber iniciado su proceso de secularización, cuyas raíces se remontan a la Revolución de 1789 y cuya institucionalización se produjo con la ley de 1905, que estableció una estricta separación entre Iglesia y Estado. Desde entonces, la pertenencia de los franceses al catolicismo no ha dejado de erosionarse. En 2008, todavía un 64% se declaraba católico. Hoy, apenas alcanza el 50%.

Bautismos adultos

A pesar de esta pérdida de influencia, incluso de este desplome, un fenómeno ha llamado la atención de León XIV, hasta el punto de contribuir a su viaje: el aumento en los bautismos de adolescentes y jóvenes adultos desde el COVID-19 hasta hoy. La última Pascua, 21.386 personas ingresaron en la Iglesia católica, entre ellas 13.000 adultos, lo que supone un aumento del 28% en un año, según la Conferencia Episcopal.

En las diócesis de París y de su región, los obispos han decidido incluso organizar una asamblea eclesial provincial para abordar de lleno la cuestión. La primavera pasada, invitaron a los fieles a reunirse para responder a un cuestionario. Participaron 50.000 personas, lo que permitió obtener 5.000 respuestas que sirvieron para redactar un ‘instrumentum laboris’ que entregarán simbólicamente al Papa durante su visita al Instituto Católico de París, en el segundo día de su estancia en la capital. Se espera que allí el Pontífice pronuncie un discurso sobre el tema.

Los pobres, en el centro

La renovación no se limita a las cifras. En los últimos 20 años, han surgido numerosas asociaciones que sitúan a los pobres en el centro de su misión, como Lazare, que propone pisos compartidos solidarios con personas que han vivido en la calle, y que se ha implantado también en España. Desde hace aproximadamente diez años, han surgido asimismo eventos centrados en la evangelización, como el Congrès Mission, que reúne cada año a miles de fieles, en su mayoría jóvenes.

León XIV con Macron

León XIV posa en el Vvaticano con Emmanuel Macron. Foto: Vatican Media

Con un tejido caritativo, educativo y cultural de larga tradición, Francia conoció también, a raíz del Concilio Vaticano II, un extraordinario dinamismo, con la aparición de numerosas comunidades en las que se comprometieron muchos católicos. El Arca, fundada por Jean Vanier; la Comunidad de San Juan, de Marie-Dominique Philippe; o las Fraternidades Monásticas de Jerusalén, del padre Pierre-Marie Delfieux: todas ellas tienen en común la caída en desgracia de sus fundadores, acusados de abusos y/o violencia sexual.

Pérdida de confianza

En su libro ‘La traición de los padres. Dominio y abusos de fundadores de las nuevas comunidades’ (2021), Céline Hoyeau, periodista del semanario católico ‘La Croix’, describe cómo estas conocidas figuras pudieron perpetrar sus crímenes en el contexto de una Iglesia en declive, ávida de “hombres providenciales” que apenas eran cuestionados. Las consecuencias de sus actos, así como la tardía reacción del Episcopado, no han dejado de afectar al catolicismo francés.

Para Céline Béraud, socióloga especializada en el tema, estos abusos han provocado –entre otras cosas– una pérdida de confianza y una “desafiliación silenciosa” por parte de muchos católicos, a pesar de los esfuerzos de los obispos por intentar esclarecer la verdad y hacer limpieza. (…)

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