Es 1 de septiembre en el Colegio San Agustín de Ceuta. No hay alumnos. Aún. Como en cualquier centro educativo español, toca claustro de profesores. Saben que la vuelta del verano es la más extraña que han vivido. Más incluso que la pospandemia.



“No ha sido tan dramático como podría parecer. No te voy a mentir diciéndote que ha sido catastrófico, porque el reencuentro siempre es bueno. Todos somos caballas y todos estamos padeciendo una situación que es muy desagradable, bestial. Han cruzado la frontera decenas de miles de personas y muchos siguen aquí”, comparte sin filtros el sacerdote agustino Alberto Gadea Vázquez, subdirector del centro, director de Infantil y Primaria y párroco de Nuestra Señora de los Remedios.

Y ceutí de cuna, que admite tener algo más que “sentimientos encontrados”, que entremezclan el drama humanitario de los migrantes, la imposibilidad de la Ciudad Autónoma de responder a esta emergencia, el miedo generado por el caos reinante y el enfado generalizado por “un problema con un trasfondo enorme que no es de ahora”.

Alberto Gadea Vázquez, subdirector del colegio san Agustín y párroco de Nuestra Señora de los Remedios. Foto: Agustinos

Estas mismas aulas recibieron a aquel Alberto que hoy tiene 47 años, pero que en 1985 apenas levantaba unos palmos del suelo. “Me acuerdo perfectamente de cómo mi madre me llevó de la mano el primer día, con 6 años… hasta hoy”. Su vocación como agustino no esconde una conversión vertiginosa, sino un ‘hágase’ paulatino que le llevaría durante doce años a la comunidad del Colegio Buen Consejo, en Madrid, para después estudiar inglés durante un año en Malta.

Nunca imaginó que, entre todos los destinos posibles, volvería a su Ceuta, donde ya lleva nueve años. “La vida religiosa –explica– es como una lavadora que a veces centrifuga, mientras que otras tiene fases más tranquilas, además del proceso de secado, que te va limando y quitando algunas asperezas”.

Tensión geopolítica

“He nacido y crecido con la tensión que ha provocado la reivindicación territorial de Marruecos sobre Ceuta y Melilla. No creo que esto suceda solo porque un grupo de personas pobres en Marruecos se organice espontáneamente para cruzar la frontera. Hay una movilización detrás y no sabemos quién puede estar implicado”, reconoce a ‘Vida Nueva’.

A partir de ahí, el consagrado explica cómo “He vivido –sigue compartiendo– que el rey de España no puede venir a esta tierra porque eso genera malestar en Marruecos. He crecido sabiendo que allí se enseña que Ceuta y Melilla son territorios marroquíes ocupados por España y que el proyecto del Gran Marruecos no solo incluye las ciudades autónomas, sino parte de Mauritania y el Sáhara”.

“No sé si en dos o tres décadas, o antes, podríamos acabar en una guerra con Marruecos. Hoy vemos guerras en Ucrania, Israel y Palestina… y estas cosas hacen pensar”, advierte el agustino.

Celebración en el colegio San Agustín de Ceuta. Foto: Agustinos

Alberto asume la indignación de sus vecinos por la “invasión”, ya que “no tenemos los medios ni se nos están ofreciendo por parte del Estado para atender adecuadamente ni siquiera a los menores. Claro que sientes tristeza por ellos”.

“Al final, acaban dando bandazos por la ciudad, lo que provoca inseguridad, problemas sanitarios y de convivencia. La población de Ceuta, en medio de la incertidumbre inicial, tuvo una actitud ejemplar, pero la paciencia se agota cuando ves que pasa el tiempo y no se han facilitado recursos y la gente ve cómo no puede hacer vida normal, se han quedado sin las fiestas patronales, sin las playas, sin sus parques”, lamenta.

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