La Asamblea Plenaria de la AMECEA sitúa a las nuevas generaciones en el centro de la misión de la Iglesia durante los próximos cuatro años, con la mirada puesta en desafíos como el desempleo, la salud mental, la migración, la violencia o la evangelización digital
Philip Anyolo, arzobispo de Nairobi, en la AMECEA Plenary. Foto: AMECEA
La Iglesia africana quiere dejar de hablar de los jóvenes para empezar a caminar con ellos. Ese es el objetivo que atraviesa la XXI Asamblea Plenaria de la Asociación de Conferencias Episcopales Miembros de África Oriental (AMECEA) –que comprende las diócesis de Eritrea, Etiopía, Kenia, Malawi, Sudán, Sudán del Sur, Tanzania, Uganda y Zambia–, que reúne esta semana en Nairobi (Kenia) a más de un centenar de obispos y delegados de once países. Desde Roma, León XIV ha querido marcar el tono del encuentro con un mensaje claro: confiar en las nuevas generaciones como “agentes de transformación” capaces de construir esperanza en medio de una región golpeada por la pobreza, los conflictos y la incertidumbre.
Tal como recoge AciAfrica, aunque León XIV no ha podido participar presencialmente, ha querido acompañar el encuentro con un mensaje que resume buena parte de las prioridades de su pontificado: confiar en los jóvenes no solo como destinatarios de la acción pastoral, sino como auténticos “agentes de transformación” capaces de abrir caminos de esperanza en sociedades marcadas por la pobreza, los conflictos armados, el desempleo y la incertidumbre.
En su misiva, el Papa ha felicitado a los obispos por haber situado a los jóvenes en el centro de esta asamblea regional, y ha agradecido que los reconozcan “no solo como el futuro de la Iglesia, sino como una parte esencial de su presente” y recordó que están llamados a participar activamente en la vida eclesial.
“Están llamados a caminar juntos en el camino sinodal y a contribuir activamente a la misión de la Iglesia”, afirmó. Por ello, no se trata únicamente de organizar actividades para ellos, sino de contar con ellos en los procesos de discernimiento, de escucha y de toma de decisiones, una de las grandes insistencias del actual pontificado desde la apertura del Sínodo.
Sudán y Sudán del Sur continúan inmersos en graves crisis humanitarias; el desempleo juvenil y las migraciones siguen creciendo en buena parte de África Oriental; y la pobreza, la violencia y la fragilidad institucional condicionan la vida cotidiana de millones de personas. En este contexto, el Papa ha pedido a los obispos que no cedan al “pesimismo”.
“En un mundo marcado por la división, la pobreza, el conflicto y la incertidumbre, la Iglesia está llamada a renovar su confianza en Cristo, nuestra esperanza, y en la capacidad de los jóvenes para ser agentes de transformación”, aseguró. “Continúen construyendo puentes de comunión fomentando el diálogo, la formación y la integridad en el liderazgo”, añade el Papa en su mensaje.
Por su parte, el presidente de la AMECEA y obispo de Solwezi (Zambia), Charles Sampa Kasonde, ha anunciado que los jóvenes serán la gran prioridad pastoral de la región durante los próximos cuatro años. Una decisión que responde tanto a la realidad demográfica del continente —seis de cada diez africanos tienen menos de 25 años— como a la convicción de que la Iglesia debe caminar con ellos y no limitarse a hablar de ellos.
“La sinodalidad sin acompañamiento es una teoría. El acompañamiento sin escucha es control”, resumió el prelado. Por eso, insistió en que la misión de la Iglesia consiste en caminar junto a los jóvenes, “ayudándoles a descubrir que merece la pena sentirse parte de la comunidad cristiana”.
En la misma línea se expresó el presidente de la Conferencia Episcopal de Kenia, el arzobispo Maurice Muhatia Makumba, quien advirtió de que ignorar las inquietudes de las nuevas generaciones sería un grave error pastoral. “No prestar atención a la juventud no solo sería una imprudencia, sino algo trágicamente irresponsable”, afirmó.
A su juicio, la Iglesia necesita escuchar con mayor atención lo que el Espíritu dice a través de la vitalidad de los jóvenes y acompañarlos en un momento en el que afrontan desafíos como el desempleo, la migración, la salud mental, la exclusión social o la evangelización en el mundo digital.
La apertura del encuentro estuvo presidida por el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, quien retomó uno de los mensajes más repetidos por Francisco para dirigirse a los jóvenes presentes: “Por favor, no dejéis que os roben la esperanza”, les pidió.
En su discurso, el purpurado animó a los participantes a convertirse en “tejedores de esperanza” y en constructores de “auténticos puentes de comunión”, recordando que la transformación de la sociedad no nace del protagonismo o del poder, sino de la lógica evangélica de la levadura, que cambia la masa desde dentro.
Asimismo, el obispo de Embu, Peter Kimani Ndung’u, recurrió al reciente Mundial de Fútbol de 2026 para proponer una lectura espiritual del deporte. Y es que, a su juicio, el torneo dejó una enseñanza que va mucho más allá del espectáculo: la importancia de la resiliencia, la perseverancia y la fortaleza mental.
“Como jóvenes atravesamos muchas dificultades, pero el Mundial nos ha recordado que la resiliencia es esencial para mantenernos fieles a nuestra misión”, explicó, subrayando que “en la vida siempre hay tiempo añadido”. “Puede que hayas terminado tus estudios y aún no encuentres trabajo. No abandones. Dios sigue abriendo oportunidades”, dijo.
Precisamente esa llamada a la perseverancia enlazó con otra de las preocupaciones compartidas durante la Asamblea: la creciente tendencia de muchos jóvenes a buscar soluciones inmediatas frente a las dificultades económicas y sociales. De hecho, para los obispos de África Oriental, ofrecer una formación sólida en la fe resulta inseparable de la promoción de una “ciudadanía responsable” y de un “liderazgo ético” capaz de transformar las sociedades desde dentro.