A ‘El Brujo’ no le hace falta ni experimentar con gaseosa ni meterse en camisas de once varas. Su pericia sobre el escenario es tal que cualquier libreto que se le ponga por delante lo eleva a la categoría de cultura únicamente con poner un pie sobre las tablas y pronunciar la primera frase. Por eso, si (Lucena, Córdoba, 1950) se aventura a hablar de Dios no es porque pretenda provocar a alguna mitra o denunciar que eso es opio. Lo de los brochazos no va con él.
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Lo suyo es reconstruir el alma humana a pinceladas impresionistas, esas que permiten apreciar la realidad en su conjunto a través de palabras que resuenan en el interior. Que conmueven. Y que rescatan carcajadas inteligentes que estaban en desuso. Lo logra a través de ‘La segunda venida de Cristo o el yoga de Jesús’. Guion original que estrenó el 10 de julio en el Teatro Soho CaixaBank de Málaga. Lleno absoluto y ovación permanente durante tres días. Aval para girar el espectáculo por toda España.
“Nace, en cierto modo, como una continuación de ‘Autobiografía de un yogui’”, confiesa a ‘Vida Nueva’ el dramaturgo cordobés, que sigue obnubilado por Paramahansa Yogananda, el maestro de la meditación que abrió un puente entre la espiritualidad de la India y el mundo occidental, porque realiza un estudio comparado entre las enseñanzas originales de Jesucristo y las grandes tradiciones espirituales orientales.
“Jesús nació en Oriente Próximo y los estudios subrayan precisamente el carácter profundamente contemplativo de sus enseñanzas, propio de esa tierra”, comenta, en la línea de Pablo d’Ors, siempre empeñado en hacer ver a unos y a otros que se ha occidentalizado en exceso a Cristo. “Jesús invita constantemente a mirar hacia el interior. No propone una religión basada en las formas externas, sino un camino de transformación interior”, reflexiona ‘El Brujo’ que echa mano de un versículo del evangelio de Lucas para sostener su tesis: “El Reino de Dios está dentro de vosotros” (Lc 17, 21).
Lo cierto es que el creador andaluz no es ni mucho menos un advenedizo a la hora de bucear en el hecho religioso. Ya hace más de dos décadas se empapó de san Francisco de Asís con las gafas de Dario Fo. Más delante, se adentraría en ‘La noche oscura del alma’ de san Juan de la Cruz a través de uno de sus monólogos más laureados (‘La luz oscura’). Después, visitaría a Teresa de Jesús a través de la biografía de José María Javierre. Hace cinco años, en ‘Los dioses y Dios’, tejió las relaciones entre el paganismo y el cristianismo. Una búsqueda permanente de lo trascendente que ahora le lleva de nuevo a Cristo.
Más allá de la institución
“Es una figura absolutamente fascinante. Los cuatro evangelios ofrecen un retrato extraordinario, pero el de san Juan siempre me ha interesado especialmente porque posee una dimensión profundamente mística y, si se quiere, también artística”, comparte. Y va más allá: “Jesús trasciende por completo el ámbito de la religión cristiana entendida como institución”. Eso sí, matiza: “No me gusta caer en una crítica simplista de la Iglesia, no es mi objetivo”. De hecho, elogia la figura del papa León XIV.
“Si le tuviera enfrente, primero le daría las gracias por haber venido a España. Estoy convencido de que lo ha hecho con muy buena voluntad y con un sincero deseo de servir”. “También le diría que tenga ánimo y paciencia. La Iglesia siempre ha sido una realidad compleja, en la que conviven la luz y la sombra. A lo largo de la historia, ha habido corrupción, abusos y personas que han traicionado el Evangelio, pero también ha dado al mundo algunos de los mayores ejemplos de santidad”, recuerda.
