El secretario de Estado vaticano ha defendido en Rabat que fe y conciencia cívica no son realidades opuestas, sino dos caminos llamados a construir fraternidad humana
El cardenal Parolin en su discurso de investidura como nuevo miembro honorario de la Academia del Reino de Marruecos. Foto: Vatican Media
El cardenal Pietro Parolin ha defendido en Marruecos que “la educación de los jóvenes” es “el único baluarte” capaz de proteger a las nuevas generaciones “de los espejismos del nihilismo y las derivas del fanatismo”. Así lo ha afirmado el secretario de Estado vaticano durante su intervención en la Academia del Reino de Marruecos, en Rabat, con motivo de su sesión solemne de bienvenida e investidura como nuevo miembro honorario de la institución.
Bajo el título ‘Creyentes y ciudadanos: construyendo juntos la fraternidad humana tras 50 años de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y Marruecos’, Parolin ha reivindicado que fe y conciencia cívica no son realidades opuestas, sino “dos caras de la misma moneda”.
De esta manera, el purpurado ha defendido que la convivencia no puede quedarse en una mera “tolerancia” hacia el otro, entendido como “prójimo jurídico” con quien se comparte únicamente “un espacio de derechos”. El verdadero desafío, ha señalado, es reconocer en el otro a “un hermano o hermana en la humanidad”.
Para ello, ha advertido, hace falta una humanidad arraigada en lo espiritual. De lo contrario, la fraternidad corre el riesgo de “marchitarse en favor de una visión puramente utilitaria”.
Parolin ha transmitido en Rabat el saludo y la bendición del papa León XIV y ha recordado que este año se celebra el ‘Jubileo de Oro’ de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el Reino de Marruecos, establecidas en 1976.
Durante estas cinco décadas, ha señalado, ambos Estados han mantenido una relación marcada por el “respeto mutuo” y por una “profunda convergencia de puntos de vista”.
Sin embargo, ha querido situar este aniversario en una perspectiva más amplia. Para el secretario de Estado, medio siglo de relaciones diplomáticas representa “solo un momento” dentro de la historia de “instituciones milenarias” como la Santa Sede y el Reino de Marruecos.
Uno de los puntos de encuentro más claros ha sido, a su juicio, la visión de la religión como “baluarte contra el extremismo” y no como “un pretexto para la división”.
Este camino ha estado marcado por hitos como la visita de Hassan II al Vaticano en 1980, el viaje de san Juan Pablo II a Marruecos en 1985 —primer encuentro de un Papa con jóvenes musulmanes por iniciativa de un jefe de Estado— y la visita apostólica de Francisco al país en 2019.
El cardenal ha recordado, además, el Documento sobre la Fraternidad Humana para la Paz Mundial y la Convivencia, firmado en Abu Dabi el 4 de febrero de 2019 y el cual afirma que todos los seres humanos han sido dotados por el Creador de igual dignidad y están llamados a convivir como hermanos.
Esa “verdad eterna”, ha señalado Parolin, exige de los Estados “compasión activa, respeto mutuo y una solidaridad renovada ante las crisis que azotan a nuestro mundo”.
El secretario de Estado ha insistido en que la fe se vuelve fundamento de fraternidad cuando se traduce en “servicio a la comunidad” y en reconocimiento de la dignidad intrínseca de cada ser humano.
Por otro lado, el secretario de Estado ha defendido que, para construir una fraternidad real, fe y ciudadanía deben caminar juntas.
Evocando el mensaje de Francisco en Rabat, ha explicado que es necesario pasar de la simple “tolerancia”, que se limita a soportar al otro, a la “fraternidad”, que lo acoge.
En ese horizonte, ha recordado una convicción reiterada por la Santa Sede: “El nombre de Dios jamás puede servir para justificar el odio”.
Asimismo, el secretario de Estado ha situado el diálogo interreligioso como una condición imprescindible para construir ese horizonte de fraternidad.
En este sentido, Parolin ha citado al rey Mohammed VI para recordar “la hermandad de los hijos de Abraham” como uno de los pilares de la diversidad marroquí. Una diversidad visible, ha explicado, en “las mezquitas, iglesias y sinagogas que siempre han convivido en las ciudades del Reino”.
Para la Santa Sede, esta “diplomacia de la cultura y el encuentro” constituye una herramienta fundamental para fortalecer las relaciones internacionales. “Nuestra fe nos enseña que la dignidad humana no es una concesión de los Estados, sino un don sagrado de Dios, que creó al hombre a su imagen y semejanza”, ha afirmado.
Parolin ha advertido de que esa necesidad de dignidad se enfrenta hoy a varios desafíos, entre ellos la migración. En este sentido, ha reconocido el papel de Marruecos a través del Pacto de Marrakech, que continúa siendo “una hoja de ruta compartida” para garantizar que los migrantes sean “acogidos, protegidos, promovidos e integrados como hermanos y hermanas”.
Además, ha subrayado el compromiso con el cuidado de la casa común. Las orientaciones de Laudato si’, ha explicado, están en sintonía con los esfuerzos de Marruecos como líder regional en energías renovables y con una visión de ecología integral que une el respeto por la naturaleza y la justicia social.
El tercer desafío señalado ha sido el de los “vertiginosos cambios tecnológicos”, ante los que ha presentado la encíclica Magnifica Humanitas como una brújula para recordar que la dignidad humana tiene un carácter “estrictamente ontológico”.
“No depende ni de las capacidades, ni de la riqueza, ni del desempeño del individuo. Es un don primordial que precede y trasciende toda creación humana”, ha subrayado.
Ante todo ello, Parolin ha señalado que la educación es “el único baluarte capaz de proteger a nuestros hijos de los espejismos del nihilismo y las derivas del fanatismo, para convertirlos en los verdaderos constructores del mundo del mañana”.
No basta, ha advertido, con desear un mundo más justo. Hace falta un compromiso “paciente, concreto y concertado”. “La verdadera paz no puede sucumbir al pragmatismo de los acuerdos efímeros; se construye, con perseverante paciencia, a través de una auténtica cultura del diálogo”, ha afirmado.