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La Salle San Ildefonso: el milagro de recibir a León XIV a pie de patio

| 20/06/2026 - 14:36





Hay visitas que alteran la rutina de una ciudad, y luego hay momentos excepcionales que se graban a fuego en el alma de una comunidad. En el colegio La Salle San Ildefonso, ubicado en el corazón de Santa Cruz de Tenerife, la expectación llevaba meses flotando en el ambiente.



El centro educativo había sido el punto estratégico elegido para una maniobra logística de las que no dejan indiferente: servir de punto de intercambio seguro para que el papa León XIV hiciera el cambio de un vehículo cerrado al emblemático papamóvil. Lo que sobre el papel se había diseñado como un estricto, rápido y frío trámite de seguridad, para la comunidad ha significado algo monumental: ser el primer colegio canario en el que pone sus pies un Papa.

Los preparativos no dejaron absolutamente ningún margen a la improvisación. Durante meses, las instalaciones se sometieron al microscopio de la policía nacional y local, pero muy especialmente “al escrutinio de la policía vaticana, la más exigente de todas”, según explica a ‘Vida Nueva’ el director del centro, el hermano Atilio Proenza. La orden oficial de seguridad era tajante y rebajaba cualquier expectativa: la parada sería “extremadamente breve”, destaca. Un mero transbordo en el que como mucho saludarían al Papa a varios metros de distancia una decena de personas.

El papamóvil por las calles de Santa Cruz de Tenerife. Foto: EFE

Pero en un colegio religioso, la esperanza es lo último que se pierde. El patio no era un simple garaje improvisado; había sido engalanado con sumo mimo, revestido con dibujos de los niños y con fotografías históricas que contaban la larga vida del más que centenario centro. A pesar de las estrictas advertencias oficiales, el equipo directivo, con Proenza a la cabeza, se resistía a ser un testigo mudo de la historia. Idearon una estrategia, un pequeño y respetuoso acto de fe: cuando el Pontífice llegara, romperían el silencio institucional gritando al unísono: “¡Papa León, bendíganos!”.

Bendición inolvidable

Y entonces, el milagro ocurrió. Al escuchar el clamor, el Papa, se giró hacia aquel reducido grupo en el patio y les concedió la bendición. En ese instante de sorpresa general, la intervención del obispo Eloy Santiago fue providencial. Llamó la atención del Papa refiriéndose “al superior”, lo que facilitó un acercamiento directo e íntimo, algo totalmente impensable apenas unos minutos antes.

Lo que siguió fue un cruce de gestos donde el reloj pareció detenerse. El religioso pudo aproximarse y entregarle la insignia del colegio, además de una sentida poesía escrita por una de las catequistas. Sin embargo, el instante que verdaderamente dotó de un sentido profundo y trascendental a la visita fue el más personal de todos. Proenza llevaba consigo la fotografía de la hija de una trabajadora del centro que, en esos momentos, libraba una dura batalla contra un cáncer cerebral. Con la foto entre las manos, “el Papa no solo bendijo la imagen sino que entregó un rosario destinado específicamente para ella”, relata.

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