La recién aprobada “Ley Integral de las Personas Mayores y de Promoción del Envejecimiento Digno, Activo y Saludable” ha sido aplaudida por la Iglesia en Chile, reconociendo que viene a reforzar el tránsito desde enfoques asistencialistas al ejercicio pleno de derechos. Implica un cambio de paradigma, donde el adulto mayor pasa de ser un sujeto de asistencia a un sujeto pleno de derechos y quedan prohibidas las distinciones arbitrarias por edad en ámbitos como la salud, la educación y los trámites financieros.
Diversas diócesis del país realizan conversatorios ciudadanos junto a la Red Nacional de Personas Mayores para explicar los alcances de la ley. Allí también forman a las comunidades parroquiales sobre cómo erradicar el maltrato físico, psicológico o el abandono social.
Sin embargo, persisten desafíos pendientes: accesibilidad universal en espacios públicos, mejoras estructurales en el transporte público y participación vinculante en la elaboración de los reglamentos de implementación de la ley, son los principales indicados desde organismos especializados en la Iglesia.
En Chile, un 20% de su población tiene 60 años o más; estimaciones del Censo proyectan que para 2050 el 32,1% de la población serán personas mayores; y la esperanza de vida ha subido de 77 años a 80,7.
Del total de personas mayores, el 55,4% son mujeres y el 31,8% participa activamente en el mercado laboral, principalmente para complementar sus ingresos económicos.
La nueva ley establece un marco legal para la protección del ejercicio y goce de los derechos y libertades de las personas mayores; promueve el envejecimiento digno, activo y saludable de todas las personas; e incentiva la integración activa, el bienestar y la participación en la comunidad de las personas mayores.
Con esta ley Chile dispone del marco legal vinculante para dar cumplimiento obligatorio a la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores de la Organización de Estados Americanos (OEA), ratificada en 2017.
La aprobación de esta ley ha ocurrido en el contexto del Mes del Buen Trato a las Personas Mayores que se celebra durante junio. El 15 de este mes se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia del abuso y maltrato en la vejez, establecido por las Naciones Unidas.
El Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), organismo del Estado, y la Pastoral del Adulto Mayor, coordinada y animada desde Cáritas Chile, organizan talleres, ferias de derechos, conversatorios y fiestas en todo el país.
Los proyectos de la campaña Cuaresma de Fraternidad que realiza la Iglesia a nivel nacional durante los años 2025, 2026 y 2027 están orientados a las personas mayores. Esta campaña motiva, con la espiritualidad de Cuaresma, hacer aportes en dinero para financiar proyectos de intervención social y pastoral que devuelvan la dignidad a estos grupos.
En la diócesis de Valparaíso, por ejemplo, la recaudación diocesana financia 18 proyectos de varias parroquias y desde el Fondo Nacional de esa Campaña se ha financiado la realización del proyecto “Transitando hacia un envejecimiento positivo: una mirada integral de la salud mental” que se está ejecutando en las Parroquias San Pablo de Placilla y Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa de Playa Ancha. A través de la práctica de una Iglesia en salida, Cáritas Valparaíso demuestra que el verdadero cambio se genera cuando existe un respaldo legal, pero además se promueven los derechos y se valora la sabiduría de los mayores en cada rincón de la región.
En la Catedral de Concepción se conmemoró el Día Mundial por el Buen Trato a las Personas Mayores en una Eucaristía presidida por el obispo auxiliar de Concepción y Vicario de Pastoral Social, Oscar García.
El obispo señaló en su homilía que “en una cultura que muchas veces idolatra la juventud y la productividad, el Evangelio nos enseña algo distinto: una sociedad que no escucha a sus mayores pierde su memoria; una familia que olvida a sus ancianos pierde parte de su identidad; una Iglesia que no valora a sus mayores se empobrece espiritualmente”.
También reconoció la importancia de la promulgación de la ley que promueve el envejecimiento digno, activo y saludable. Agregó que ninguna ley será suficiente si no hay una verdadera conversión del corazón. “El buen trato comienza en la casa, en el modo como escuchamos a nuestros mayores, en el tiempo que les dedicamos, en la paciencia con que acogemos sus ritmos, en el reconocimiento de su experiencia y sabiduría”, afirmó el obispo.