El Papa ha advertido ante las agencias de ayuda a las Iglesias orientales de que los conflictos no resuelven los problemas, sino que generan tragedias, inestabilidad y el éxodo de comunidades cristianas
Audiencia de León XIV con la ROACO. Foto: Vatican Media
León XIV ha denunciado que, mientras numerosas organizaciones dedican sus recursos a sostener la vida y acompañar a quienes sufren, “mucho dinero” continúa siendo “desperdiciado en matar” por quienes alimentan las guerras. Así lo ha expresado durante la audiencia concedida en el Palacio Apostólico Vaticano a los participantes en la 99ª Asamblea Plenaria de la Reunión de las Obras para la Ayuda a las Iglesias Orientales (ROACO).
“Mientras vosotros generáis vida, ellos siembran muerte; mientras tendéis la mano al hermano, ellos buscan enemigos que aplastar; mientras creáis diálogo, ellos buscan monólogos”, ha lamentado el Pontífice.
León XIV ha contrapuesto también la labor silenciosa de estas organizaciones con las consecuencias de quienes promueven los conflictos: “Mientras abrís caminos de esperanza, ellos encierran a las personas en el miedo; mientras construís el futuro, ellos destruyen el presente”. Así, el Papa ha agradecido el servicio desarrollado por las agencias de ROACO y por los numerosos benefactores que canalizan recursos hacia las comunidades necesitadas.
“Apoyar a una Iglesia no significa solamente proporcionarle los medios materiales para subsistir, sino también ayudarla a crecer en su identidad y en su capacidad de evangelizar”, ha continuado el Papa.
Además, ha subrayado que “las Iglesias católicas orientales tienen un gran don que ofrecer a toda la comunidad católica, que a menudo desconoce las diferentes tradiciones eclesiales que existen en su interior”.
“Nuestra madre, la Iglesia, está unida, pero no es uniforme”, ha afirmado. Su “seno fecundo” ha dado lugar a diferentes tradiciones espirituales y teológicas, ritos y disciplinas que “se enriquecen mutuamente”.
“Todas las antiguas Iglesias orientales nos conducen a los orígenes de la fe”, ha destacado. Sus liturgias, “ricas en sacralidad”, hacen resplandecer la gracia; su oración de alabanza muestra “el misterio de Dios, que debe ser adorado”; y su espiritualidad testimonia “la fuerza de la oración de intercesión”.
El Pontífice ha añadido que estas tradiciones ofrecen “riquezas espirituales que llenan el corazón de asombro y gratitud por la belleza que revelan”. “El Oriente cristiano solo puede preservarse si se comprende; perder esa comprensión significa empobrecer a la Iglesia”, ha subrayado.
El Papa ha valorado que las agencias de ROACO hayan escuchado durante su asamblea a expertos dedicados a la formación de ministros. A su juicio, esta elección constituye “un hermoso signo” de preocupación concreta por las Iglesias orientales. Sin embargo, ha advertido de que el vínculo entre conocimiento y caridad, “entre las mentes abiertas y las manos que trabajan”, necesita también una dimensión espiritual.
Hace falta, ha señalado, “un corazón no solo generoso, sino también lleno de gracia y encendido por el Espíritu Santo”, ya que “las buenas obras no producen frutos duraderos si no se alimentan en la fuente de la bondad, que es Dios”, ha advertido. Y, si bien “la fe sin obras está muerta”, ha añadido que también “las obras sin una fe viva son estériles”.
León XIV ha hablado también durante su discurso sobre las consecuencias de las guerras sobre las comunidades cristianas de Oriente. “¿Cómo no pensar en el doloroso éxodo de los cristianos orientales de sus propias tierras, provocado sobre todo por la guerra?”, se ha preguntado.
El Papa ha vuelto a insistir en que la guerra “no resuelve los problemas, sino que crea tragedias”, muchas de las cuales terminan después “relegadas al olvido”. Dentro de ese daño, ha identificado una “plaga” que está vaciando especialmente a las Iglesias orientales: “La defino con una sola palabra: inestabilidad”.
Y, a la inestabilidad de las instituciones se suma “la presencia de grupos armados que se reparten el territorio” y unos sistemas políticos influidos o manipulados por “agentes e intereses externos”. Estos sistemas, ha denunciado, no actúan libremente, sino que se mueven “en un laberinto de subterfugios, acuerdos secretos e intereses partidistas”.
El resultado es “un ciclo perpetuo de inestabilidad” que asfixia las posibilidades de desarrollo y golpea siempre con mayor dureza a quienes menos tienen. “En muchos países prevalecen por todas partes el miedo y la inseguridad”, ha explicado. Los empleos se vuelven precarios, los salarios se pagan de forma irregular, la atención sanitaria funciona de manera intermitente y la educación permanece en una situación de fragilidad.
Todo ello perjudica especialmente a “la gente corriente, las familias, los niños y los jóvenes, los ancianos y los enfermos”. “Se convierte en una tragedia que pesa sobre el corazón de todos, devora la esperanza e impide construir el futuro”, ha afirmado. Esa falta de horizonte termina empujando a muchas personas a abandonar sus países, como ha sucedido con numerosos cristianos de Oriente Medio.
Las guerras, ha dicho el Papa, “no son el resultado de una fatalidad inevitable, sino de decisiones libres y, por tanto, de acciones moralmente responsables”, ha advertido. Por ello, ha pedido reflexionar nuevamente sobre sus consecuencias y prevenirlas mediante decisiones “sabias y responsables”.
“La historia demuestra que los planes de violencia y opresión, de poder y dominación, y las ganancias obtenidas sin justicia ni escrúpulos terminan volviéndose no solo contra quienes los sufren, sino también contra quienes los persiguen”, ha señalado.