Después de dos meses y medio de enfermar de neumonías y una complicación intestinal, Felipe Arizmendi agradece las oraciones por su salud y escribe un artículo sobre la encíclica del papa León XIV: ‘Magnifica humanitas’
Cardenal Felipe Arizmendi Esquivel. Foto: Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
El cardenal mexicano, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel -de 86 años de edad- se recuperó después de enfermar de dos graves neumonías y una complicación intestinal.
El cardenal acostumbra escribir un artículo semanal, en el que comparte algún tema con la opinión pública y posteriormente, lo difunde con los comunicadores; sin embargo, durante dos meses y medio no le fue posible debido a las enfermedades que debilitaron su salud.
El 16 de junio hizo llegar a los medios de comunicación su artículo, en el que compartió el motivo de su ausencia y agradeció las oraciones por su recuperación: “mientras Dios me lo permita… Lo hago no por trabajo, sino por la gracia de difundir el Evangelio con la ayuda del Magisterio de la Iglesia”.
Felipe Arizmendi se refirió a ‘Magnifica humanitas’, primera carta encíclica del papa León XIV; en particular, a las partes que más llamaron su atención del segundo capítulo.
Señaló que muchos “nos quejamos y con razón, de los males de la humanidad: guerras, migraciones forzadas, crimen organizado, economía descontrolada, conflictos raciales, divisiones políticas, falta de libertades, desaparecidos, asesinatos, secuestros, robos, asaltos, discriminaciones y fraudes”.
Asimismo, controles políticos injustos y “podemos agregar problemas más comunes… pleitos y separaciones conyugales, abandono de los hijos, divisiones familiares, falta de trabajo, enfermedades, falta de dinero para alimentos y medicinas, madres que buscan a sus hijos, pobrezas en general, etc.”.
A pesar de esos males -aseveró el cardenal- “también es necesario resaltar lo más positivo de la humanidad, pues abundan más las personas buenas y las acciones positivas, como tantos padres y madres responsables, hijos obedientes, estudiosos y colaboradores en el hogar y en la comunidad”.
De igual modo, añadió, hay vecinos amables, médicos y enfermeras muy atentos, profesores muy dedicados, organizaciones comunitarias, pueblos, barrios y colonias pacíficos y comunitarios… “campesinos muy trabajadores, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas y catequistas entregados”.
También hay “parroquias muy eucarísticas y apostólicas, y tantas otras personas que son ejemplares en su vida, en su familia y en su trabajo, que sería imposible enumerarlos. ¿En qué consiste la dignidad humana y quiénes valen en la vida? ¿Por qué los seres humanos somos grandiosos?”.
El cardenal refirió varias de las declaraciones del Papa en la encíclica, entre ellas: “cada persona… es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación. Su dignidad no depende de las capacidades que posee, de las riquezas o del rol que desempeña”.
El cardenal concluyó su artículo al destacar: “¡Todos valemos mucho como hijas e hijos de Dios!. Aunque algunos no sean creyentes, u otros sean perversos y de mal corazón y de peores acciones, también son hijos de Dios, aunque esperamos que se conviertan y vivan con esa dignidad”.
“Respetémonos, amémonos, ayudémonos, pues todos somos hermanos”, exhortó Arizmendi.