El Papa en la Vigilia de los jóvenes. Foto: EFE
La madrileña Plaza de Lima” se ha convertido en la tarde-noche de este 6 de junio de 2026, en el epicentro de la juventud católica. Con el estadio Santiago Bernabéu de fondo, se ha desarrollado el evento más multitudinario del primer día del viaje apostólico del papa León XIV a España.
En un encuentro ha sido concebido por los organizadores como un vibrante “festival de la fe”, decenas de miles de jóvenes –de ellos inscritos 240.000– se han congregado para una Vigilia de Oración presidida por el Papa León XIV, un acto que ha combinado música, testimonios y profundas reflexiones del pontífice a las puertas de la solemnidad del ‘Corpus Christi’.
El evento, que abrió sus puertas a las 16:30 horas, calentó motores durante toda la tarde con un elenco musical de primer nivel –en lo que a música católica o similar se refiere– que incluyó a Lola Tuduri, Depol, Antonio José, Beret junto a Mr. Rain, y Siloé, entre otros. La fuerte dimensión mariana del encuentro quedó patente cuando, antes de la llegada del papamóvil, se destacó la imagen de la Virgen de la Almudena en el escenario, que guio el rezo del rosario a través de los misterios luminosos, arropado por la música del grupo Hakuna.
Tras la llegada del Papa –que cenó en la Nunciatura rápidamente en privado– a las 20:30 horas comenzó el encuentro con los jóvenes con la bienvenida institucional del cardenal José Cobo. El arzobispo le mostró al Papa que “llega a una iglesia que vive grandes retos, pero también una profunda esperanza. Entre nosotros están presentes muchos rostros concretos: jóvenes que llegan entusiastas y con vitalidad, jóvenes que han preparado este encuentro con cariño y muchas horas de esfuerzo”. “Necesitamos su palabra. Necesitamos que nos anime a caminar como cristianos para construir comunidades vivas que sostengan a los jóvenes, a despertar preguntas vocacionales y a abrir horizontes de misión. Mirar al cielo hoy es alzar la mirada para volver a descubrir que Dios sigue llamando, que el otro es un hermano y que la vida de cada persona merece la pena”, imploró.
Tras una intervención del actor Antonio Banderas –quien previamente participó en el preacto con la canción del Samaritano del musical ‘Godspell’–, el Papa contestó a algunas preguntas de los jóvenes.
Respondiendo a las inquietudes de los asistentes sobre sus referentes cristianos, el Papa desgranó las figuras de tres santos que le han acompañado en su ministerio sacerdotal:
Ante estos ejemplos, el pontífice lanzó una pregunta directa a los jóvenes: “Si ellos fueron capaces, ¿por qué yo no?”.
Recordando sus propios años como misionero y obispo en Perú, el Papa aseguró que lo que más atesora es el “testimonio de fe de un pueblo marcado por muchas dificultades”, pero lleno de esperanza. Subrayó que el encuentro con las heridas y alegrías de esa gente le hizo crecer en su propio seguimiento de Jesús.
En un mundo saturado de estímulos, León XIV ofreció una brújula clara para reconocer la voz divina: buscar el recogimiento. Para el pontífice el silencio nos ayuda a decidir de “qué ruidos no debemos dejarnos distraer”. “En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece”, zanjó.
Además, destacó que la oración es una voz libre que no busca rendir cuentas ni hacernos sentir importantes. En este sentido, el pontífice recordó que la adoración eucarística de la vigilia es el lugar adecuado para guardar silencio y dialogar con el Señor, permitiendo que se haga elocuente en su amor. “La presencia cercana de Jesús se percibe incluso en nuestras caídas, también cuando nos convertimos en mano tendida y abrazo fraterno para sostenernos mutuamente en el camino”, recordó.
León XIV también fue preguntado por el compromiso de los cristianos en la sociedad actual. Citando la antigua ‘Carta a Diogneto’, el Papa recordó que “los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo”. Exhortó a los jóvenes a ser libres de las modas por ser discípulos de la verdad y a estar abiertos al futuro, sabiendo que la muerte no es el final.
El Papa trasladó a la juventud un mandato claro y transformador para sus entornos cotidianos (familia, universidad, trabajo) y también para la realidad digital: “La misión que os confío es precisamente ésta: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables”.
Les pidió ser personas que busquen la justicia como el pan de cada día y que deseen una vida honesta. Finalizó su intervención recordando que la fe es un estilo de vida que encuentra su cumplimiento en la caridad. “Ésta, queridos jóvenes, es la virtud que cambia la historia más que ninguna otra”, sentenció antes de agradecer su presencia.
La histórica jornada prosiguió, tras un cambio de ropa del Papa, con un profundo momento de adoración y bendición eucarística, prolongando en el corazón de Madrid el silencio y la oración que el propio Papa había invitado a cultivar. La celebración concluyó en torno a las diez y media y León XIV, tras saludar a los cantantes y organizadores volvió a la nunciatura en coche cerrado.