Arturo González Amador, obispo de Santa Clara, señala que “la labor de la Iglesia es mantener vivo el espíritu y llevar esperanza donde no la hay, escuchar y acompañar”
Imagen de pobreza en Cuba. Foto: EFE
El presidente de los obispos de Cuba, Arturo González Amador, obispo de Santa Clara, lamentó que “cada día que pasa, sentimos que es más difícil vivir”; no obstante, aseguró: “la labor de la Iglesia es mantener vivo el espíritu y llevar esperanza donde no la hay, escuchar y acompañar”.
En una entrevista publicada por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, el obispo González manifestó: “es el momento más triste y difícil que recuerdo en la historia de mi pueblo. Todo es una lucha por sobrevivir. El presente es inseguro y el futuro es una completa incógnita”.
El pueblo de Cuba vive una crisis sin precedentes, sobre todo debido al bloqueo petrolero, así como la escasez de alimentos y medicinas, ocasionados en gran parte por las medidas impuestas contra la isla por el gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, que considera a Cuba una ‘nación fallida’.
En ese sentido, el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba aseveró que “cada día que pasa, sentimos que es más difícil vivir, sobre todo para los pobres, las personas mayores que viven solas, los jubilados y las madres solteras”.
Detalló que algunas personas acuden a la Iglesia y les “dicen que llevan días sin comer y que no saben a quién acudir en busca de ayuda. Los alimentos no se pueden conservar debido a la falta de electricidad, y hemos visto a personas desmayarse durante las celebraciones porque no han comido”.
Señaló que en los hospitales por ejemplo, algunos han dejado de operar por falta de agua o material quirúrgico; algunas personas -dijo- han “tenido que recurrir a familiares o amigos en el extranjero para obtener lo necesario para poder someterse a una intervención, incluido el hilo de sutura”.
El obispo destacó que hay temor ante la difícil situación en la isla; “cualquiera que pueda marcharse, lo hace. Nos estamos quedando con un país de personas mayores sin recursos y con pensiones escasas… Se han producido robos en viviendas, lo que contribuye a una sensación de gran vulnerabilidad”.
Por otro lado, expresó que la Iglesia en Cuba prácticamente se encuentra en “‘modo de supervivencia’ pastoral. Los precios se han quintuplicado y, a menudo, ni siquiera podemos desplazarnos para celebrar misa en las zonas más rurales, como hacíamos antes”.
No obstante, enfatizó: “Aunque muchos se marchan de la isla, la Iglesia permanece. La gente lo reconoce y está agradecida… El día que una religiosa o un sacerdote mueran de hambre o por falta de medicinas, sabréis que ya no queda nadie vivo, porque todos comparten lo poco que tienen”.