León XIV, en Nápoles
El próximo lunes, 8 de junio, tendrá lugar uno de los momentos más esperados del viaje apostólico del papa León XIV a España: el discurso del pontífice ante las Cortes Generales, el cual tendrá lugar inmediatamente después de su encuentro con el presidente del Gobierno en la Nunciatura Apostólica. Un discurso que, previsiblemente, estará marcado por algunos de los grandes temas que han atravesado su magisterio durante este primer año de pontificado: la paz, el diálogo, la polarización y el deterioro del debate público.
Aunque la Santa Sede todavía no ha detallado el contenido de esa intervención, sí existe ya un hilo conductor muy definido en los discursos que Robert Francis Prevost ha dirigido en los últimos meses a líderes políticos, instituciones internacionales y representantes europeos. Y es que el mensaje del Papa siempre combina la defensa de la dignidad humana, la crítica a las dinámicas de confrontación y una insistente apelación a reconstruir vínculos sociales y políticos en un mundo cada vez más fragmentado.
Desde aquella primera “paz desarmada y desarmante” que reivindicaba en su primera intervención pública como Papa, en sus encuentros con dirigentes europeos y autoridades civiles, León XIV ha repetido una idea que se ha convertido en una de las frases centrales de su pontificado: “La unidad es superior al conflicto”. Así lo afirmó ante el Partido Popular Europeo, en un discurso en el que alertó contra una política “que grita”, “reducida a eslóganes” y “cada vez más incapaz de responder a las necesidades reales de las personas”.
En aquella intervención, el Papa defendió que “la política es la forma más alta de caridad” cuando está verdaderamente orientada al bien común, al tiempo que advirtió del riesgo de convertir las ideologías en instrumentos de división. “Toda ideología manipula las ideas y somete a las personas a su propio programa”, señaló entonces. De esta manera, el Papa denunciaba “una política que a menudo grita, compuesta únicamente de eslóganes e incapaz de responder a las necesidades reales de las personas”.
Ese mismo mensaje ha aparecido también en sus viajes internacionales. Durante su reciente visita apostólica a África, León XIV insistió repetidamente en la necesidad de una “paz desarmada y desarmante”. En Camerún, por ejemplo, afirmó que “la paz no se decreta: se acoge y se vive”, mientras que en Angola denunció “el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar”, alertando sobre quienes “siembran desesperanza y desconfianza constante”.
Especial relevancia ha tenido también su reflexión sobre el lenguaje político. Ante el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, León XIV lamentó que las palabras estén perdiendo “su conexión con la realidad” y denunció que el lenguaje pueda convertirse “en un arma con la cual engañar, golpear y ofender a los oponentes”.
Precisamente esa preocupación por la polarización ha acompañado buena parte de las reacciones políticas en España ante el nuevo Pontífice. Tanto Pedro Sánchez como Alberto Núñez Feijóo defendieron públicamente a León XIV tras las críticas lanzadas por Donald Trump contra el Papa, mientras que algunas declaraciones atribuidas al Pontífice sobre la instrumentalización política de la religión provocaron tensión con sectores próximos a Vox.
“Mientras algunos siembran el mundo de guerras, León XIV siembra la paz, con valentía y coraje”. Con estas palabras, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, salía al quite de los ataques de las últimas horas lanzados por parte de Donald Trump a León XIV.
Por su parte, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, defendía al papa Leon XIV frente a las críticas de Trump subrayando que el pontífice es “un referente para los católicos que debe ser escuchado y respetado” al igual que “el cristianismo es un faro ético y moral para millones de personas”.
En definitiva, todo apunta a que León XIV volverá a insistir ante el Consejo de los Diputados en la necesidad de reconstruir puentes, recuperar la escucha y rebajar una confrontación que, por sus palabras hasta ahora, considera incompatible con una auténtica cultura democrática.