Medio centenar de curas se queja por carta a Juan Carlos Elizalde de un pastoreo “muy negativo” y el prelado les tacha de ser una “minoría con mucho tiempo para incordiar”
Juan Carlos Elizalde. Foto: Diócesis de Vitoria
El 12 de marzo de 2016, Juan Carlos Elizalde aterrizaba en la catedral de María Inmaculada de Vitoria como obispo, en su primer destino con mitra y báculo. Una década después, su pastoreo ha generado algo más que malestar, al menos, en medio centenar de sacerdotes, de los cerca de 220 que tiene la diócesis. Es decir, el 25 por ciento del clero, que el obispo tacha de una “minoría con mucho tiempo para incordiar”.
Así se ha puesto de manifiesto en el rifirrafe que se ha generado estos días, en el que han participado tanto este grupo de presbíteros molestos como el propio obispo, una gresca a la que se ha sumado también la alcaldesa socialista Maider Etxebarria, que acusado al obispo de “utilizar el púlpito para hacer política”. “Estuve desde un inicio hasta el final y guardé la compostura”, asegura la primera edil de Gasteiz, que apunta cómo “la Iglesia propia le acusa de falta de transparencia, de falta de capacidad y de abuso de poder”.
Juan Carlos Elizalde, en la presentación del Plan de Evangelización de Vitoria. Foto: Diócesis de Vitoria
Y es que, los responsables públicos de la región se vieron cuestionados en la homilía que pronunció en la festividad de San Prudencio, patrón de Álava, el pasado 28 de abril. En su alocución hacía suyo y desarrollaba el discurso del presidente de los obispos, Luis Argüello, en la Asamblea Plenaria de primavera en la que arremetía contra el Gobierno de Pedro Sánchez.
Más allá de este hecho, la polémica intraeclesial arrancó el pasado lunes, cuando 52 sacerdotes entregaban al obispo una carta en la que mostraban sus “divergencias pastorales” y su “descontento” con Elizalde. En la misiva hablan de “ desánimo, incomprensión e incluso enfado en la relación con usted”, exponiendo que “el conflicto, las diferencias de criterio, las críticas, las lleva muy mal”.
Sobre la dimensión pastoral, realizan un balance “muy negativo” y acusan al obispo de frenar en seco un proceso de “renovación pastoral” que buscaba desarrollar los ministerios laicales, así como de no aplicar un “estilo sinodal” a la hora de conformar el Consejo Episcopal, el Consejo de Gobierno, así como el Consejo Presbiteral y el Consejo Pastoral Diocesano.
También arremeten contra su gestión en la facultad de teología y contra la coexistencia del seminario diocesano y el seminario Redemptoris Mater del Camino Neocatecumenal, formados, según el escrito, “por separado”. “Es significativo que ante el reagrupamiento de seminarios por falta de seminaristas, exigido por Roma, al seminario de Vitoria no ha querido venir ninguna de las diócesis hermanas vascas, Bilbao y San Sebastián”, añaden en la misiva.
De hecho, acusan al obispo de que les considera “un clero más bien perezoso, poco sacerdotal y sin futuro”, además de “innecesarios y fracasados”. “Se sienten desilusionados, humillados”, relatan, frente a otro grupo de sacerdotes que habrían llegado de otros lugares de la mano del obispo a lo largo de esta década. De la misma manera, ponen en tela de juicio cómo ha impulsado el crecimiento y liderazgo de grupos como Pro Ecclesia Sancta, Peregrinos de la Eucaristía, el Opus Dei y el Camino Neocatecumenal.
“Nuestro deseo no es la confrontación, sino hacer ver nuestra forma y estilo de caminar para ir construyendo con espíritu discipular la Iglesia diocesana y, en lo posible, ir creciendo en comunión”, apuntan.
Con este contexto, lo cierto es que el obispo no ha permanecido callado. Se ha manifestado por una doble vía. En primer lugar, a través de un comunicado oficial en el que manifiesta seguir “trabajando, escuchando y acompañando a todos” desde el diálogo. La diócesis ha desvelado que la carta está solo firmada por los dos sacerdotes jubilados que la entregaron en mano en el Obispado, aunque se presente en nombre de medio centenar del curas.
Según la versión de la Diócesis, solicitaron un encuentro con el obispo, que accedió, y estuvo con ellos más de una hora. Al terminar la reunión, los curas aseguraron al obispo que tenían intención de hacer público el escrito. Sin embargo, al día siguiente el texto fue distribuido a varios medios de comunicación.
Tras esta respuesta formal, el obispo cargó contra sus críticos en una entrevista en Radio Euskadi. “Esto lo ha habido siempre, lo que sucede es que nunca ha habido un cara a cara y conmigo lo está habiendo”, relata ante los micrófonos.
Elizalde considera que son una “minoría con mucho tiempo para incordiar” los que “azuzan el avispero”. “Es un ariete constante que no se integra”, explica. Y va más allá: “A uno de los firmantes, le dije: ‘¿Qué vas a hacer? Vigilar las obras del Ayuntamiento, como todos los jubilados’”.
“Si uno no lleva grupos, la parroquia la ha tenido cerrada casi siempre, no está cerca de los pobres, no confiesa nunca, no va a la formación, no va a los retiros, no va a las reuniones de trabajo, ¿en qué pasa todo el día?”, cuestiona el obispo.
A pesar de este suceso, el pastor asegura que “yo estoy contento y quiero seguir trabajando con todos”. De hecho, sigue adelante con su proyecto pastoral de presente y futuro. Este sábado 9 de mayo presidía la presentación del nuevo Plan Diocesano de Evangelización, que lleva por nombre ‘Surrexit’ y que busca ser la nueva hoja de ruta para la Iglesia alavesa.
Se trata de un documento fruto de dos años de trabajo y aprobado por el Consejo Pastoral Diocesano, confirmado por medio centenar de personas. Desde el Obispado explican que busca anunciar la Buena Noticia en un panorama de multiculturalidad y secularismo: “La respuesta de la Iglesia quiere ser efectiva, cercana y pragmática sin renunciar a su ADN, a la comunión, ni al magisterio”.