España

Un cura todoterreno para pedalear la España vaciada

| 27/04/2026 - 07:39





Sebastián Gil Martín lleva siete de sus casi 40 años como cura en Arévalo. Y eso se nota paseando con él por sus calles, porque va repartiendo saludos a todo aquel que encuentra a su paso. “Es que atiendo a la gente, intento estar cercano y voy a los bares”, puntualiza. Conoce a su gente y trata de ser ese “sacerdote según el Evangelio” con el que soñaba Antonio Chevrier a mediados del siglo XIX desde Lyon. Ni Arévalo es la Guillotière ni las circunstancias son las mismas hoy que a las que se enfrentó el fundador del Prado, pero este cura todoterreno –encargado de 12 pueblos de la comarca… vive con la convicción de ser un “apóstol pobre para evangelizar a los pobres”, como reza la máxima de la espiritualidad del beato que tanto a Sebas como a muchos otros pradosianos cautivó al comienzo de su ministerio presbiteral.



“Yo intento ser ese apóstol pobre viviendo con sencillez y estando cerca de las personas, sobre todo de los enfermos, ancianos, migrantes… Porque en los pueblos la pobreza tiene muchos rostros, desde la soledad de los mayores, hasta las pobrezas crónicas de aquellos que están enganchados al alcohol”, afirma. De hecho, “en la Cáritas parroquial es donde más ‘yo’ me siento”, comenta Sebas, que no es el párroco-acompañante de Cáritas, sino que es uno más, participando en la atención pastoral, junto con su equipo, de todos aquellos que tocan a su puerta.

Arévalo, situado en la zona norte de la provincia de Ávila, apenas cuenta con 8.000 habitantes, mientras que entre los otros 11 pueblos –Sanchidrián, Adanero, Gutierre-Muñoz, Orbita, Espinosa de los Caballeros, Palacios de Goda, Tornadizos de Arévalo, Aldeaseca, Donvidas, Sinlabajos y Villanueva del Aceral– no suman ni la mitad. Es la España vaciada, pero no la España abandonada. Al menos, por su párroco. Sebas es un sacerdote atípico. Una ‘rara avis’ dentro del clero. Y no por beber de la espiritualidad de Chevrier, sino por su otra pasión: el deporte. Acumula en su habitación 19 medallas de todos los maratones que ha corrido dentro y fuera de España. Pero también se maneja a la perfección a dos ruedas y cada verano se va, con otros dos sacerdotes, de viaje en bicicleta.

Sebastián Gil Martín, párroco de Arévalo. Foto: Jesús G. Feria/ Vida Nueva

Más allá de su afición por el deporte, que le mantiene activo y le ayuda a desconectar del día a día, Sebas es un convencido de la sinodalidad mucho antes de que el papa Francisco se lanzara a programar un Sínodo para recordar a la Iglesia que debemos caminar juntos, aunque es verdad que “es un momento eclesial que me ha llenado de esperanza”. Para hacerse presente en todos los pueblos, cuenta con la ayuda de un sacerdote de 82 años y un joven colombiano que estudia en la Universidad Pontificia de Salamanca entre semana y los fines de semana le ayuda con las misas.

Sin embargo, “la originalidad que tenemos en estos momentos es la manera de funcionar, con un equipo pastoral, formado por uno o dos laicos de cada pueblo, que nos reunimos todos los meses”. “En este grupo rezamos, compartimos la vida de cada pueblo, tanto eclesial como social, y tenemos un tiempo de formación. Antes de terminar distribuimos las misas para el mes siguiente, incluidas las celebraciones de la Palabra, porque hay un grupo de seis celebradores para los fines de semana en las que no hay sacerdote en alguno de los pueblos”, explica.

La realidad es que, según sus palabras, Arévalo es una comunidad viva gracias al equipo pastoral. No pasa lo mismo en el resto de los pueblos, cuya población está muy envejecida y, donde, “con tanto frío, ir a misa el domingo es un acto heroico”, reconoce el sacerdote, acordándose de tantas, sobre todo mujeres, que pese a las bajas temperaturas del invierno no prescinden de la eucaristía. De esta manera, “nos mantenemos pese a las dificultades”, subraya Sebas, que se autodefine como “un cura normal”, cuyo recorrido está marcado por la Acción Católica, sobre todo la Juventud Obrera Cristiana (JOC), de la que fue consiliario.

Escuela pastoral

“La JOC fue una escuela pastoral para mí, y de ahí viene mi manera de acoger a la gente, de organizarme pastoralmente, de programar… La JOC fue también una escuela de sinodalidad permanente, donde no existe el clericalismo, porque aunque yo animaba el movimiento, son los propios jóvenes los responsables. Diría que es una dinámica pastoral muy participativa”. Él, como el resto de pradosianos, al estar insertos en sus diócesis como uno más, no llevan un cartel en la frente que diga que son parte de la asociación sacerdotal.

No obstante, muestra su ADN pradosiano “en el día a día, en mi manera de alimentarme espiritualmente, de rezar, de hacer estudio del evangelio, de buscar la centralidad de Jesucristo en mi vida, y eso intento vivirlo, cotidianamente, en la cercanía y en la tarea pastoral”. Por eso, en el equipo de pastoral “hago propuestas como cualquier otro, yo no impongo. Es muy importante dar la palabra a la gente y escuchar para hacer camino en común”, sostiene este sacerdote que ha visto en la opción decidida de Francisco por la sinodalidad –respaldada ahora por León XIV– un acicate para su modo de organizar la vida parroquial.

Sebastián Gil Martín, párroco de Arévalo. Foto: Jesús G. Feria/ Vida Nueva

Para él, ser un cura de pueblo es todo un regalo. Pero para “conocer a Jesucristo, amar a Jesucristo y seguir a Jesucristo” –como pedía Chevrier– no deja de lado el estudio del Evangelio. “Él nos dice que debemos buscar el Espíritu de Dios en el Evangelio, y no en lo material o en el prestigio social, porque si no corremos el riesgo de convertirnos en profesionales de la evangelización y de la acción pastoral. Y uno tiene que ser pastor porque tiene una experiencia de fe, porque está inundado del Espíritu de Dios, para que luego en la vida cotidiana y en la tarea sea capaz de transmitirlo”, señala. En ese estudio del Evangelio también es importante la cercanía con el resto de los sacerdotes pradosianos. “Nos reunimos mensualmente para hacer revisión de vida, rezar, avivarnos en nuestra vocación y sostenernos”, explica, sabedor de que del virus de la soledad, ninguno está vacunado.

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