El Papa presidió las ordenaciones presbiterales en el domingo del Buen Pastor en el Vaticano
Lienzo Vida NuevaLeón XIV en las ordenaciones sacerdotales. Foto: Vatican Media
El papa León XIV ha ordenado sacerdotes a un grupo de jóvenes de la diócesis de Roma este 4º domingo de Pascua, el llamado del Buen Pastor en él se celebra también la Jornada Mundial de las vocaciones. En la Basílica de San Pedro, el pontífice les ha instado a vivir un ministerio marcado por la apertura, la valentía frente al miedo contemporáneo y la cercanía con la humanidad sufriente.
León XIV destacó la vitalidad de la vocación en tiempos de dificultad. “¡Este es un domingo lleno de vida! Aunque la muerte nos rodea, la promesa de Jesús ya se cumple”, afirmó, señalando que el Espíritu Santo une a las personas para que “ninguno viva más para sí mismo”. En este sentido, definió el domingo como una llamada a “salir del “sepulcro” del aislamiento y de la cerrazón para encontrarnos en el jardín de la comunión”.
Dirigiéndose directamente a los ordenandos, el Papa reveló lo que denominó el “primer secreto” de la vida sacerdotal: la falta de contraposición entre lo divino y lo humano. “Cuanto más profunda es su unión con Cristo, más radical es su pertenencia a la común humanidad”, explicó. El Papa subrayó que el celibato debe ser un amor que madura, capaz de convertir a los sacerdotes en “ciudadanos honestos, disponibles, constructores de paz y de amistad social”.
Comentando el evangelio, León XIV no eludió la realidad de las agresiones actuales, tanto físicas como espirituales. Sin embargo, pidió a los nuevos presbíteros que la denuncia no se convierta en renuncia. “Este es un segundo secreto del sacerdote: la realidad no debe darnos miedo. El que nos llama es el Señor de la vida”, sentenció.
Hizo además un análisis de la situación social actual, marcada por la inseguridad: “Hoy la necesidad de seguridad vuelve los ánimos agresivos, encierra a las comunidades en sí mismas, instiga a buscar enemigos y chivos expiatorios”. Ante este panorama, exhortó a los jóvenes a que su seguridad no resida en su rol jerárquico, sino en la historia de salvación.
En este sentido el Papa profundizó en la imagen de Jesús como “la puerta”. Haciendo referencia al legado del Jubileo 2025, pidió a los nuevos sacerdotes que faciliten el acceso a la fe: “Nunca ocultéis esta puerta santa, no la cerréis, no seáis un obstáculo para el que quiere entrar”.
Y es que León XIV definió la esencia de su misión: “Vosotros sois un canal, no un filtro. […] ¡Mantened la puerta abierta! Dejad entrar y estad listos para salir”. Insistió en que el perfil fundamental del sacerdote debe ser “mantener libre el umbral y señalarlo, sin necesidad de muchas palabras”, actuando siempre como “reflejo de su paciencia y de su ternura”.
Finalmente, el pontífice recordó que la vida de fe no se agota en las estructuras parroquiales y animó a los nuevos ministros a encontrarse con la cultura y la gente allí donde estén. “Queridos hermanos, salid y encontraos con la cultura, con la gente, con la vida. Admirad aquello que Dios hace crecer sin que nosotros lo hayamos sembrado”, pidió.
La homilía concluyó con un mensaje de esperanza para aquellos que se sienten perdidos en la actualidad, reafirmando que el sacerdote es, ante todo, un testigo de que “Dios salva”. “Vosotros sois testigos de esto”, finalizó el papa antes de proceder al rito de la ordenación.