Pese a la guerra civil en Sudán, uno de los conflictos más dramáticos de nuestro tiempo, van brotando signos de esperanza. Uno de ellos es el regreso de los salesianos a Jartum, la capital. Concretamente, “a una de las zonas más afectadas: Kalakala”.
Aunque con “cautela”, como explica a Vida Nueva Pablo Hernández, coordinador de Acción Humanitaria de Misiones Salesianas. Y es que, por ahora, “aunque siguen viviendo en Sudán del Sur, donde se tuvieron que refugiar en el peor momento de la guerra, visitan frecuentemente Jartum para, poco a poco, ir reabriendo sus escuelas”.
Un paso que se considera “fundamental”, pues la vida de muchas familias se paralizó por completo el 15 de abril de 2023, cuando las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), una milicia paramilitar comandada por Mohammad Hamdan Dagalo, atacó las principales instituciones públicas en la capital, incluido el Palacio Presidencial.
Desde entonces, las RSF libran una batalla sin cuartel contra el ejército y otros grupos independientes. Un desastre humanitario que entidades como ACNUR o Amnistía Internacional documentan con estas cifras: decenas de miles de personas han muerto y cerca de 14 millones (sobre una población total de 51 millones de habitantes) han huido de sus hogares y son desplazadas.
Además, más de cuatro millones se han exiliado en países de la zona, como Chad, Etiopía, Uganda o la vecina Sudán del Sur.
Por eso, Misiones Salesianas aplaude este regreso paulatino de sus religiosos (que llevan en el país desde 1982) a la capital. Y es que, pese a que, “tres años después del inicio del conflicto, la crisis humanitaria continúa agravándose y millones de menores siguen sin acceso a la educación”, ellos dan los primeros pasos para que esto cambie.
Como destaca Hernández, en cada visita de los salesianos, “estos se apoyan en la comunidad local y las aulas ya cuentan con 14 profesores y con el personal de seguridad y cocina, pues, además de las clases, ofrecemos a los chicos comida, kits de higiene y el material escolar necesario. Todo ello de un modo gratuito”.
Porque para Misiones Salesianas es clave “una respuesta integral, que pasa por que la reapertura de las escuelas también incluya el fomento de la protección, la alimentación y la esperanza”. Es decir, que “la infancia en situación de mayor vulnerabilidad” sienta que las aulas son “espacios seguros”.
Y es que solo así se conseguirá que las familias se atrevan a que sus hijos regresen a clase después de tres años de parón. Algo que Hernández ve urgente, pues, “fuera del ámbito educativo, los menores están expuestos al trabajo infantil, al reclutamiento forzoso y a todo tipo de abusos; y, en el caso de las niñas, al matrimonio precoz”.
En ese sentido, el coordinador de Acción Humanitaria de la entidad eclesial celebra “que ya hayan vuelto 1.500 niños a nuestras clases, siendo 900 chicas”.
Así, al mismo tiempo que apela a la calma, “pues la inseguridad es aún muy grande y la situación varía mucho”, Hernández reconoce su “alegría”, pues “es una gran señal de esperanza que los niños puedan volver a ser partícipes de su futuro. Algo que solo es posible si vuelven a la escuela”.
Todo un oasis en medio de una crisis humanitaria como pocas a nivel mundial, ya que, según datos de la ONU, además de los muertos y los desplazados, es un hecho que “cerca de 25 millones de sudaneses, más de la mitad de la población, necesita ayuda humanitaria urgente”. Una emergencia acuciante, “marcada por el hambre, la pobreza y el olvido internacional”.
Sin olvidar que uno de los sectores que más lo han sufrido ha sido el educativo, ya que “miles de escuelas han sido destruidas o cerradas y millones de niños y niñas han visto interrumpido su aprendizaje. Sin acceso a un entorno seguro, muchos menores pasan sus días en la calle”, expuestos a un alud de riesgos.
Desde Misiones Salesianas se está apoyando por fuerza un proyecto que pasa por “la rehabilitación y reapertura de escuelas primarias, buscando devolver a los menores un espacio seguro donde aprender y crecer”.
Así, además de “la recuperación de las infraestructuras dañadas, se incluirá la dotación de material escolar y la puesta en marcha de programas de alimentación para garantizar la asistencia regular del alumnado a las escuelas”.
De este modo, la entidad explica que “las escuelas salesianas en Jartum cumplirán una función educativa, social y preventiva. A través de programas de alimentación escolar, actividades educativas y acompañamiento, se busca mejorar el bienestar de los menores y favorecer su desarrollo integral. La escuela se convierte así en un espacio clave para recuperar cierta normalidad en medio de la incertidumbre”.
Sin olvidar que esta labor “se apoya, además, en una fuerte red comunitaria. La implicación de educadores, voluntarios y grupos locales permite reconstruir poco a poco el tejido social y reforzar la respuesta ante la emergencia. Este trabajo conjunto resulta esencial para garantizar la sostenibilidad de las acciones y su impacto a largo plazo”.
En definitiva, “la reapertura de escuelas en Kalakala no es solo una respuesta inmediata a la emergencia, sino una apuesta estratégica por el futuro. Porque cada menor que vuelve a clase es un paso más hacia la reconstrucción de un país que necesita, más que nunca, oportunidades, estabilidad y esperanza”.