Cardenal indio Anthony Poola
Reunida estos días en la llamada Reunión General, en Bengaluru, la Conferencia de Obispos Católicos de la India (CBCI) ha elegido como su nuevo presidente al cardenal Anthony Poola, arzobispo de Hyderabad. Nacido en 1961, la nueva cabeza del catolicismo indio, a quien Francisco hizo purpurado en 2022, ha hecho historia en su país. Y es que estamos ante el primer obispo perteneciente a la casta ‘dalit’ (los llamados ‘intocables’, por pertenecer, según la tradición hindú, al último estrato social) en presidir el Episcopado.
De ahí que, en una nota, la propia CBCI haya destacado que Poola asume este reto “en un momento crucial, trayendo consigo décadas de experiencia pastoral, liderazgo administrativo y un fuerte compromiso con la misión de la Iglesia al servicio de la fe, la justicia y la dignidad humana”.
Como destaca Fides, el liderazgo del cardenal ya se ha hecho patente y la propia asamblea episcopal se ha cerrado con la publicación de un importante comunicado. En él, los obispos reivindican que los cristianos son “ciudadanos orgullosos” que “contribuyen al crecimiento, la armonía y la unidad del país”. Una visión que no comparten ciertos sectores nacionalistas que aprecian como elementos extranjeros a quienes viven una fe distinta del mayoritario hinduismo.
Por ello, los pastores deploran que “somos testigos de crecientes desigualdades” sociales, cundiendo “la desinformación y la polarización” a raíz de cuál es “la identidad” nacional india. De ahí que, para romper falsos prejuicios, se reclame que “una auténtica vida cristiana nos inspira a ser ciudadanos respetuosos de la ley”; del mismo modo que “nuestra fidelidad a la Constitución brota de la fe cristiana y del compromiso con el bien común, la libertad de conciencia, la dignidad de cada persona y la protección del carácter plural, laico y democrático del país”.
Y aquí es cuando se llega a la parte esencial del mensaje: “En un momento en que la libertad y los derechos humanos son cada vez más despreciados, reafirmamos nuestra confianza en la Constitución, que concibe a nuestro país como una república democrática, laica y socialista”. Siendo esta “soberana”, en consecuencia “garantiza a todos sus ciudadanos justicia, libertad, igualdad y fraternidad”.
En definitiva, que, citando explícitamente el Preámbulo de la Carta Magna, la Iglesia reivindica que no se quede en papel mojad, pues es un hecho que, en numerosas ocasiones, “los derechos constitucionales se ven injustamente limitados, especialmente en el caso de los pobres, los marginados, los ‘dalit’ y los pueblos tribales”. Todo un aldabonazo dirigido a la Administración, que debe velar siempre, sin excusas, por “proteger los derechos fundamentales de todos los individuos, independientemente de su casta, credo o lengua”.
Para disipar cualquier duda de la intención del documento eclesial, se insiste en denunciar que “la negación de derechos a los cristianos ‘dalit’ continúa desde hace décadas como una forma indirecta de discriminación, pese a los numerosos llamados a la igualdad y la justicia”.
Desde la insistencia en la necesidad de “eliminar cualquier tipo de discriminación existente en las comunidades eclesiales basada en casta o lengua”, los obispos indios “instamos al Gobierno a garantizar que ningún ciudadano vea vulnerados sus derechos fundamentales de igualdad y libertad”.
Este histórico mensaje eclesial concluye reivindicando otra petición clave a los gobernantes: “Dado que muchas personas inocentes son encarceladas por acusaciones infundadas de conversiones forzadas, pedimos firmemente la derogación de leyes incompatibles con la libertad religiosa y el derecho a la privacidad”. Un clamor contra las llamadas “leyes anticonversión” que rigen en varios estados y que son contrarias al artículo 25 de la Constitución, que “garantiza que ‘todos los individuos tienen igual derecho a la libertad de conciencia y a profesar, practicar y difundir libremente su religión’”.
Y es que no se puede echar abajo “el gran ejemplo de Mahatma Gandhi, cuya vida entera se dedicó a formar una India en la que todos sientan que es su país y tengan voz en su construcción; una India sin clases altas ni bajas”.