PREGUNTA.– Paola Cortellesi, ¿dónde está la esperanza de que el futuro podrá ser mejor para las jóvenes?
RESPUESTA.– Tengo una fe absoluta en las nuevas generaciones. Aun a riesgo de enfrentarme a los viejos cascarrabias que no creen en los jóvenes, yo, que visito muchas escuelas, los veo más conscientes y decididos que nosotros. En muchas parejas treintañeras veo cómo sus relaciones sanas harán de ellos unos mejores padres. Los jóvenes saben usar muy bien la tecnología que, si se emplea correctamente, puede proporcionar mayor conocimiento y concienciación.
P.– En los últimos años, ha aumentado la conciencia sobre los derechos de las mujeres y la violencia de género, pero los feminicidios no han cesado. ¿Qué estamos haciendo mal?
R.– Todavía no hemos comprendido que debemos centrarnos en la educación, desde la escuela, desde los primeros años. Lamentablemente, el proyecto de ley aprobado exige que la educación emocional y sexual comience en secundaria y con el permiso de los padres. Huelga decir que las familias inmersas en una dinámica abusiva nunca permitirán que sus hijos e hijas puedan aprender otra cosa y se liberen del modelo falso y destructivo que viven en casa. La educación emocional no significa enseñar sexo en primaria ni limitarnos a hablar de anatomía y procreación. También a los más pequeños se les debe enseñar el respeto a los demás, los límites del propio cuerpo y el derecho a rechazar un abrazo o una atención no deseada.
P.– Hablamos a menudo de la cultura del respeto, pero ¿cómo podemos traducir este concepto en práctica y enseñárselo a niños y niñas?
R.– Debemos empezar por enseñar a nuestros hijos el respeto por sí mismos. Esto es importantísimo hoy en día cuando los jóvenes se educan con contenido extremo accesible online, como la pornografía, a una edad en la que no están preparados para recibir esa información de esa forma. El sexo que encuentran en internet no es la realidad, sino una farsa en detrimento de las mujeres, que aparecen como víctimas de abuso o violencia como algo normal. No podemos dejar a los jóvenes solos en sus habitaciones a merced de la inmensidad de la red. Si la familia no los protege, la escuela debe intervenir.
P.– ¿De qué forma?
R.– Acostumbrando a niños y jóvenes en el colegio a hablar sobre las relaciones con el otro sexo. Así, aprenderían desde pequeños que las mujeres tienen que ser respetadas. Debemos reconocer que el feminicidio es un problema cultural y debe abordarse a nivel nacional. No hay “monstruos” que surjan de la nada; todo depende de la educación recibida.
P.– Las mujeres, como muestra su película ‘Siempre nos quedará mañana’, poseen una fuerza que se manifiesta a diario, pero que no aparece en los titulares. ¿Qué significa para usted la valentía femenina hoy?
R.– Es ese heroísmo cotidiano y silencioso que siempre ha pertenecido a las mujeres y que, desde su nacimiento, se expresa a través de millones de pequeños gestos que no pocas veces se dan por sentados. Y es una valentía no reconocida que nace de la determinación de quienes, con pocas herramientas, han contribuido a construir su país. Mi película está dedicada a estas mujeres heroicas, silenciosas y desconocidas.
P.– Hoy se habla de empoderamiento femenino como si fuera una moda. ¿Qué necesitarían las mujeres para ser las dueñas de su destino?
R.– Una cultura distinta, la formación que recibimos, porque todos estamos condicionados por la sociedad. Hay un libro de1973, que es mi “Biblia”: ‘Del lado de las chicas’, de la escritora y educadora Elena Gianini Belotti, la primera que habló sobre el machismo en la educación y el condicionamiento social que conforma la existencia de las mujeres. Lo descubrí tarde, a los 40, pero si lo hubiera leído antes, mi vida podría haber sido diferente... Podría ser un excelente libro de texto escolar.
P.– ¿Para enseñarles el qué?
R.– Que es la propia sociedad la que empuja a las mujeres a contentarse con modelos establecidos para complacer las expectativas del mundo. Estos condicionamientos están tan arraigados que se infiltran incluso en las familias más progresistas, y yo también debo arrepentirme de haber caído en ellos de vez en cuando. Debemos rebelarnos contra las imposiciones sociales y reclamar los derechos que se derivan del mérito.
P.– La pobreza, el aislamiento y la dependencia económica siguen siendo palancas del control masculino. ¿Qué medidas urgentes podrían tomarse para romper estas cadenas invisibles?
R.– Colaboro con la Fundación italiana Una Nessuna Centomila contra la violencia hacia las mujeres que vigila desde cerca las condiciones de las mujeres para poner de manifiesto que la dependencia económica a los hombres es la principal razón por la que las víctimas de violencia no denuncian a sus agresores. Sin recursos, ¿dónde puede refugiarse una mujer abusada por una pareja que la denigra y la aísla del resto del mundo? El primer paso para romper estas cadenas invisibles es la conciencia de que la independencia económica es esencial para la autodeterminación femenina: es un concepto que hay que enseñar a las jóvenes. Deberíamos ayudar a las madres en dificultad porque una de cada dos deja su trabajo después de tener un segundo hijo.
P.– Hablando de igualdad económica. La brecha salarial de género sigue siendo un obstáculo. ¿Cuál es la primera batalla que hay que ganar para garantizar la igualdad para las mujeres?
R.– En Italia, según la Constitución, todos deberíamos ser iguales, incluso en materia salarial y existe una ley de transparencia que debería castigar la discriminación en materia de remuneración. Sin embargo, el desequilibrio económico persiste, al igual que la práctica de obligar a las mujeres a firmar renuncias en blanco en caso de baja por maternidad. Es un tema que he abordado en dos películas: ‘Lo siento si existo’, donde interpreto a una arquitecta de gran talento obligada a hacerse pasar por hombre para encontrar trabajo, y ‘Los últimos serán los últimos’ donde pierdo mi trabajo tras el embarazo.
P.– En el set, por el mismo papel, ¿alguna vez le han pagado menos que a un colega masculino?
R.– Por supuesto, y durante muchos años. Una vez, incluso me pasó siendo yo la protagonista. Ahora, gracias al éxito, ya no me vuelve a pasar, pero muchas actrices siguen cobrando menos que los hombres.
P.– De cara al próximo año y al futuro, ¿cuál es un objetivo crucial que debería alcanzarse pronto?
R.– Hay que empezar sin duda por un vicio cultural. En Italia, desde 1948, año de la entrada en vigor de la Constitución, todos hemos de ser iguales, también en el ámbito laboral, pero en situaciones donde existe discreción, las mujeres siempre están en desventaja. Se necesita una supervisión más estricta del cumplimiento de la ley. Pero el cambio de rumbo, que es esencialmente cultural, aún llevará tiempo, incluso generaciones. La mentalidad colectiva está muy difusa y se necesitará mucho tiempo para cambiarla. No me cansaré de decir que todo debe empezar por la educación.
P.– ‘Siempre nos quedará mañana’ se ambienta en Italia en 1946, pero ha tenido tanto éxito en todo el mundo también porque habla del presente, ¿su mensaje sigue siendo válido?
R.– La fuerza de la comunidad puede cambiar las cosas. La opinión de una mujer, de una ciudadana es importante, pero si se queda en algo individual, carece de poder. Mi personaje se salva de un triste destino y, junto con todas las demás mujeres, obtiene el derecho al voto, lo que crea la fuerza colectiva. 1946 fue un momento crucial en la historia italiana porque antes de esa fecha las mujeres no podían votar.
P.– Hablar de derechos de las mujeres todavía puede generar hostilidad o burla, ¿qué le responde a quienes afirman que “ya lo tienen todo”?
R.– Respondo muchas veces con humor que, en mis películas, es un componente esencial porque tiene el poder de llegar a todos. Uno puede reírse incluso de la fealdad, pero provocar una reflexión al mismo tiempo. Sin intentar edulcorarlo, pero sin dejar de denunciar la injusticia, la ironía sigue siendo un vehículo, un excelente canal de comunicación que puede guiar a las personas de una manera más “suave” a la hora de abordar temas profundos e incluso dolorosos.
P.– ¿Puede el cine ser una herramienta para el cambio social? Y como artista, ¿siente la responsabilidad de contribuir a una transformación cultural en los derechos humanos?
R.– Con mi película no tenía intención de cambiar el destino del mundo. Quería tan solo tratar el tema de la violencia contra las mujeres con la intención de que se hablase de ello. Nuestro deber como artistas es crear otra mirada sobre las cosas, sembrar dudas para contribuir a crear un pensamiento crítico y mostrar distintos puntos de vista para estimular del debate.
P.– ¿Y ha pasado en el caso de su película?
R.– ‘Siempre nos quedará mañana’ ha hecho que muchas personas hablen de los temas que toca y ha propiciado el debate en muchos lugares del mundo. Es señal de que el problema de la violencia es universal. Muchos colegios en Italia han comenzado distintos proyectos vinculados con la película. Si se implica a los jóvenes, se puede escuchar su voz. Más allá de la taquilla o los premios, ese ha sido mi mayor éxito.
Actriz, guionista, cantante y directora, Paola Cortellesi es una de las voces más interesantes del nuevo cine italiano. Su primera película como directora, ‘Siempre nos quedará mañana’, batió récords de taquilla en su país y conquistó al público de todo el mundo, ganando numerosos premios, entre ellos el Óscar chino. Ambientada en la Roma de la posguerra, la película aborda temas universales como la violencia doméstica y la emancipación de la mujer, pero con un lenguaje original que mezcla el drama, la comedia y el musical. La propia Cortellesi interpreta a una humilde ama de casa esclavizada y maltratada por su violento marido. Después de sufrir vejaciones, palizas y abusos, realiza un gesto liberatorio al ir a votar en el histórico referéndum de 1946 que transformaría el reino de Italia en una república y permitiría por primera vez a las mujeres participar en las votaciones, abriendo así el camino a la igualdad, la emancipación y la redención.
*Entrevista original publicada en el número de enero de 2026 de Donne Chiesa Mondo.