La Pastoral Social pidió que los ciudadanos se comprometan con la sana política para la transformación de la sociedad en la búsqueda del bien común y de la amistad social
El equipo de Pastoral Social de la arquidiócesis de Rosario reflexionó ‘Ante la posible reforma laboral’, que está hoy en el debate público y en pleno debate parlamentario.
Afirmaron que todos los ciudadanos deben involucrarse, más allá de que los representantes de la gente legislarán al respecto. Por tal motivo, hicieron aportes desde la Doctrina Social de la Iglesia.
Evocaron al papa Francisco para hablar de la sana política que es capaz de transformar las instituciones, coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas que permitan superar presiones e inercias viciosas. “Su grandeza se muestra cuando obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo” (FT 178).
Afirmaron, como Francisco, que el trabajo es la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, iniciativas, sus fuerzas. Además, es fuente de riqueza o de condición para una vida decorosa, una ayuda y el mejor camino a una existencia (FT 162).
Es un derecho fundamental y un bien porque permite formar una familia, adquirir bienes en propiedad, tener una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, contribuyendo al bien común.
Contrariamente, la desocupación es una verdadera calamidad social. El Estado debe promover políticas que activen el empleo, incentivando el mundo productivo. Según el Compendio de DSI (291), el Estado no consiste en asegurar directamente el puesto laboral a todos, sino en secundar la actividad de la empresa creando condiciones apropiadas.
Teniendo en cuenta los derechos laborales reconocidos en el CDSI 301: (remuneración justa, el descanso, ambientes y procesos productivos no perjudiciales a la salud e integridad moral; pensión, seguridad social, entre otros), remarcaron que:
Sostuvieron que la Doctrina Social de la Iglesia insiste en que los grandes acuerdos nacionales y las reformas deben nacer del diálogo sincero entre el Estado, los trabajadores y los empresarios. “La negociación colectiva, cuando es auténtica, fortalece la justicia y la paz social”, aseveraron.
Con estas líneas quieren colaborar al esclarecimiento de las conciencias, aunque dejan claro que no compete a la Iglesia inmiscuirse en cuestiones técnicas ni partidarias. El equipo de pastoral social aseguró que solo los guía el propósito de alentar la amistad social para hacer posible la convivencia fraterna que requiere de la justicia y la caridad.
Para concluir, piden la intercesión de la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora del Trabajo, y de San José Obrero para que intercedan por quienes trabajan, por quienes buscan trabajo y por quienes tienen la responsabilidad de legislar en favor del bien común.