Marta González de Vega: “El humor es el mayor superpoder contra todo tipo de temor”

La humorista y guionista Marta González de Vega

Guionista, actriz, autora teatral y escritora. Acaba de publicar ‘Orgullo, prejuicio… y otras formas de joderte la vida’ (Planeta). Todo lo que toca esta tinerfeña se convierte en éxito: su obra teatral escrita y protagonizada por ella misma ‘De caperucita a loba en solo seis tíos’, sus guiones para José Mota, entre otros, o la fructífera colaboración con Santiago Segura en ‘Padre no hay más que uno’ y ‘A todo Tren, destino Asturias’, dos de las películas más taquilleras de los últimos años.



PREGUNTA.- ‘Orgullo, prejuicio… y otras formas de joderte la vida’… ¿Nos lo explica?

RESPUESTA.- A lo largo de las peripecias de los personajes de esta novela en tono de humor, reflexionamos sobre las actitudes que adoptamos cada día y que nos fastidian la vida sin que ni siquiera seamos conscientes. Tomar consciencia de ello te devuelve un poder sobre tu vida y tus emociones que no sospechabas tener, y la mayoría de esas actitudes que nos roban el poder son prejuicios de todo tipo, tan arraigados, que ni siquiera reconocemos como tales.

P.- Un libro llamado a liberarnos del orgullo, los prejuicios y de las distintas trampas mentales…

R.- Todo eso hace el humor y más cosas. Por eso desde mi anterior libro vengo proponiendo convertirse al humor como religión. Todos nuestros problemas, si se analizan, consisten en alguna clase de miedo, y el humor es el mayor superpoder contra todo tipo de temor.

Mujer pluriempleada

P.- Guionista de cine y televisión, actriz, escritora, y autora teatral… ¿Cómo lo hace?

R.- En mi caso, las horas de trabajo y ocio están bastante mezcladas porque mi trabajo es mi mayor placer. También ayuda vivir sola y no tener hijos, aunque no sé si más que una ayuda es una consecuencia. (…)

P.- ¿Es creyente?

R.- Yo creo que toda religión, fe, o camino espiritual que se viva como un medio para convertirte en un mejor ser humano es un regalo para uno mismo y para los demás. La creencia no es el fin, sino el medio para llegar a la experiencia. Una vez que experimentas, ya no necesitas la creencia que te condujo hacia ella. El que siente ya no necesita creer, porque sabe. No creo en el creer por creer. Creo en el creer como puerta para experimentar. Si no estás dispuesto al menos a creer, te niegas a abrir la puerta de la experiencia. Y negar algo no demuestra su irrealidad, igual que no la demuestra afirmarlo.

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