El grito del Vaticano ante la ONU: ¡basta ya de racismo, xenofobia, discriminación e intolerancia!

“El racismo puede y debe ser derrotado mediante una cultura de encuentro, fraternidad y solidaridad”, dice Paul R. Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede

“El racismo puede y debe ser derrotado mediante una cultura de encuentro, fraternidad y solidaridad”. Así lo expresó el arzobispo Paul R. Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede, en su intervención ayer en la Reunión de Alto Nivel de las Naciones Unidas para conmemorar el 20ª aniversario de la Declaración y Programa de Acción de Durban, en el marco de la 76ª Asamblea General de la ONU que se celebra del 20 al 25 de septiembre en Nueva York.



Durante la reunión –centrada en “las reparaciones, la justicia racial y la igualdad para los afrodescendientes”–, Gallagher recordó que el Vaticano, como parte de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, “de acuerdo con su naturaleza y misión particulares y con un espíritu de cooperación, se dedica a combatir todas las formas de racismo, discriminación racial, xenofobia y otras formas de intolerancia”.

Para el prelado estadounidense, “el racismo tiene sus raíces en la afirmación errónea y maligna de que un ser humano tiene menos dignidad que otro”. “Muchos afrodescendientes en todo el mundo son migrantes o refugiados que, después de dejar sus hogares, o ser obligados a hacerlo, enfrentan el racismo y la xenofobia, la discriminación y la intolerancia en los países de destino, en lugar del apoyo que necesitan”, denunció.

Apoyo a las víctimas del racismo

Según expresó Gallagher, la Santa Sede espera que el reciente establecimiento del Foro Permanente para los Afrodescendientes “contribuya a los esfuerzos locales, nacionales e internacionales encaminados a brindar justicia y apoyo a las víctimas del racismo”.

Por su parte, el arzobispo señaló que “las leyes y normas que buscan erradicar la discriminación y la intolerancia deben respetar el derecho a la libertad de opinión, pensamiento, religión y conciencia. El seguimiento, la investigación y el enjuiciamiento de incidentes de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia nunca deben constituir una justificación para que los Estados violen los derechos humanos de las minorías o censuren las opiniones de las minorías”.

En este sentido, apuntó que, “si bien la adopción de acuerdos y declaraciones internacionales como la Declaración de Durban es un paso importante y necesario, deben conducir a un cambio real a través de la implementación por parte de los gobiernos, así como a través de la educación y la presentación de informes éticos en los medios, proporcionando información objetiva y basada en hechos de manera que respete la dignidad de todos y no fomente una mentalidad divisoria de ‘nosotros contra ellos'”.

Recuerdo a los cristianos perseguidos

Por otro lado, Gallagher advirtió que “la intolerancia basada en la religión o las creencias conduce a restricciones al derecho a practicar la religión elegida libremente y en sus formas más extremas puede causar hostilidad, violencia y crímenes atroces”. “El desprecio del derecho a la libertad de religión y creencias conduce a la violación de otros derechos humanos”, agregó.

Del mismo modo, “en los últimos años hemos sido testigos de un aumento generalizado de la persecución religiosa por parte de agentes estatales y no estatales. Las personas y poblaciones enteras son discriminadas debido a su fe, mientras que los perpetradores a menudo gozan de impunidad. Algunas minorías religiosas en ciertas regiones incluso se enfrentan a la extinción, incluidos los cristianos, que representan el grupo más perseguido a nivel mundial”, destacó.

Por último, el prelado aludió a “otra forma de discriminación: la práctica insidiosa de la eugenesia”. “Una mentalidad eugenésica a menudo se esconde detrás de las técnicas de procreación artificial y los lados oscuros de los diagnósticos prenatales, donde la idea de que hay seres humanos de valor inferior debido a la discapacidad, el sexo u otros rasgos a menudo conduce a la negación de su derecho a la vida. Esa mentalidad afianza los principios de discriminación que se oponen a la Declaración de Durban”, concluyó.

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