Los lefebvrianos, contra la “utopía apóstata” de Francisco, “de origen liberal, naturalista y masónico”

Davide Pagliarani, líder lefebvrista

Con motivo del 50º aniversario de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), el portal de la comunidad, que no está en comunión con Roma desde la excomunión en 1970 de su fundador, Marcel Lefebvre, por Pablo VI, ha entrevistado a su actual superior general, Davide Pagliarani. Una charla en la que, entre tras cosas, marca distancias con Roma y confirma que está bloqueado el diálogo con la Santa Sede, cuyas “exigencias doctrinales son sencillamente inaceptables”.



“Estas exigencias –añade Pagliarani– habrían permitido seguramente que [la FSSPX] fuera reconocida canónicamente, pero habrían al propio tiempo destruido su valor moral. Así, para tomar el ejemplo más reciente, cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe, en 2017, quiso exigir a la FSSPX que aceptara las enseñanzas del Concilio Vaticano II y reconociera la legitimidad de la nueva Misa, si la FSSPX hubiera aceptado tales condiciones impuestas en ese momento, simplemente habría negado lo que ella misma es”, así como “aquello a lo que se aferra con todas las fibras de su ser”.

Paradas las discusiones

Por lo tanto, hace ya tres años que la situación permanece estancada, y no se vislumbra cambio alguno: “El propio Vaticano prefiere por el momento no reanudar las discusiones doctrinales que la FSSPX proponía con el fin de exponer mejor su postura y mostrar su adhesión a la fe católica y de la Sede de Pedro. Lo que es sorprendente es que el Vaticano nos pide al mismo tiempo que se regularice primero nuestra situación canónica: cosa que crea una situación imposible e intrínsecamente contradictoria, ya que la posibilidad de un reconocimiento canónico de la Fraternidad a su vez se condiciona constantemente a requisitos de naturaleza doctrinal; las cuales, repito, para nosotros siguen siendo absolutamente inaceptables”.

Analizando la actualidad, el líder lefebvrista lamenta que, “con la crisis del Covid, la jerarquía eclesiástica ha perdido una oportunidad de oro para impulsar las almas a la verdadera conversión y la penitencia, lo que siempre es mucho más fácil cuando los hombres redescubren, en cierto modo, su naturaleza mortal”.

Contra la conversión ecológica

En vez de ello, a su juicio, “la jerarquía prefiere interpretar la epidemia de una manera ecológica, totalmente coherente con los principios a los que se apega el papa Francisco. En la práctica, el Covid no sería nada más que un signo de la rebelión de la Tierra contra una humanidad que habría abusado de ella por la sobreexplotación de los recursos, la contaminación del agua, la destrucción de bosques, etc. Esto es lamentable e incompatible con un análisis donde hubiera un mínimo de fe y conciencia de lo que es el pecado, que se mide por la majestad ofendida de Dios, y no por la contaminación de la Tierra”.

“La crisis del Covid –remacha– nos está empujando de nuevo a la ‘conversión ecológica’, piedra angular de la encíclica ‘Laudato si’’. Como si la santidad pudiera resumirse en el respeto al planeta”.

Un pontificado fallido

Desde aquí, Pagliarani arremete con fuerza contra otras iniciativas papales, como el Sínodo de la Amazonía, la Declaración de Abu Dhabi o la encíclica ‘Fratelli tutti’: “Lamentablemente, las últimas enseñanzas del papa Francisco parecen confirmar definitivamente la dirección equivocada que había adoptado al principio de su pontificado. Pretende reconocer como expresión de la voluntad de Dios la diversidad de religiones, todas ellas llamadas a construir la paz. Tenemos aquí el resultado catastrófico del ecumenismo, el diálogo interreligioso, la libertad religiosa y, sobre todo, la negación de la realeza universal de Cristo y de sus derechos intangibles”.

En el fondo, lo que más le preocupa es que el Papa apuesta por “la ilusión de que podría haber una verdadera fraternidad universal sin referirse siquiera, directa o indirecta, a Cristo y su Iglesia. Es decir, en torno a una ‘caridad’ puramente natural, una especie de filantropía vagamente cristiana, a la luz de la cual se relee el Evangelio. (…) Parece que la filantropía es la que nos da la clave para interpretar el Evangelio, y no el Evangelio el que nos da luz para iluminar a los hombres. Esta fraternidad universal es, lamentablemente, una idea de origen liberal, naturalista y masónico, y la sociedad contemporánea se ha construido sobre esta utopía apóstata”.

El Concilio, “un error como tal”

Congratulado por las posiciones del ex nuncio Viganò, abanderado número uno de las críticas contra el Papa, el superior de la FSSPX llama a atajar el Concilio Vaticano II y “corregir todo lo que tiene de incompatible con la fe y la Tradición de la Iglesia”. “La propia Iglesia –asegura– resolverá la delicada cuestión de la autoridad de este concilio atípico y extraño, y establecerá la mejor manera que hay para corregirlo. Pero lo cierto es que a un error como tal no puede en modo alguno considerarse ni atribuírsele la voz de la Iglesia”.

El último dardo lo dirige, ni más ni menos, que al comentar el cese del cardenal Becciu. Así, tras “lamentar este escándalo que, por desgracia, afecta y humilla” a la Iglesia, enfatiza que “los escándalos de este tipo siempre existirán en la Iglesia”, puesto que “Dios los permite misteriosamente en su sabiduría para la santificación de los justos. Por tanto, estaría fuera de lugar escandalizarse de forma farisaica, al modo protestante”.

Los medios, culpables

Un argumento que utiliza para centrar las críticas contra los medios: “Si logramos leer entre líneas los numerosos artículos periodísticos dedicados a este tema, reconocemos una cierta complacencia y una satisfacción malsana. Se diría que el mundo secular no puede desperdiciar una ocasión tan al caso para escupir en el rostro de la Esposa de Cristo”.

Para concluir del modo más tajante: “Es algo que debe hacernos pensar y, sobre todo, debe hacer reflexionar a todos los que viven en la ilusión de que hoy la Iglesia puede vivir en paz frente a un mundo que se ha hecho efectivamente secular y teóricamente respetuoso con todos. Es falso. Detrás de la retórica liberal siempre existe el deseo de ver a la Iglesia, no purificada, sino desacreditada y destruida. No hay entendimiento posible con este mundo”.

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