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El obispo de Puerto Maldonado, a favor de los ‘viri probati’: “¡Si hasta Pedro tenía suegra!”

“¡Pero si hasta Pedro tenía suegra!”. Con esta expresión coloquial, el obispo del vicariato peruano de Puerto Maldonado, David Martínez de Aguirre, quiso restar importancia a una de las cuestiones más candentes del Sínodo de la Amazonía clausurado el domingo y del que ha sido secretario especial.

Así se manifestó durante una conferencia que impartió ayer por la tarde en el salón de actos del colegio dominico Virgen de Atocha de Madrid, tras aterrizar de Roma. “El tema de la ministerialidad es importante, pero no ha sido el más importante y el Papa nos ha pedido que fuéramos más allá para no quedarnos en lo pequeño”, subrayó, consciente, sin embargo, de que se trata del “punto bomba” para los medios de comunicación.

El celibato como don

Con este punto de partida, sentenció que “nadie ha pedido al Papa la abolición del celibato para los sacerdotes en la Iglesia, sino que todas las intervenciones a lo largo de estas tres semanas lo han reconocido como un don. No se ha puesto en duda en ningún momento”.

A partir de ahí, reflexionó sobre la realidad concreta de la Amazonía, donde, aseguró, “tenemos vicariatos con una extensión similar a media España en la que solo hay siete sacerdotes, lo que ha llevado a desarrollar el diaconado permanente con el fin de atender a las comunidades. Sin embargo, estos laicos llegan hasta donde llegan y sus pueblos solo pueden celebrar la eucaristía una vez año, cuando hay un cura”.

La eucaristía primero

Fue desde esta premisa cuando tanto en la asamblea general como en los grupos menores, se preguntó al Papa cómo facilitar el acceso a la eucaristía a estas comunidades, teniendo en cuenta que es un alimento básico para el cristiano. “¿Qué es más importante en estos casos? ¿La eucaristía o la ley del celibato? Ante esta cuestión todos nos quedamos callados… Lo más importante es la eucaristía”, sentenció el prelado dominico.

Desde ahí, el obispo español reiteró que esto no significa que se acabe con el celibato en la Iglesia. Es más presentó la vía de la aprobación de un rito específicamente amazónico, en la línea de los ritos maronita y caldeo, que permiten el clero casado, sin que esto suponga una “ruptura en la comunión y la unidad de la Iglesia”.

Abrir caminos

Aclarada la cuestión de los ‘viri probati’, Martínez ahondó en la relevancia que este Sínodo tiene más allá de las fronteras de América Latina como un hito que abre “nuevos caminos para toda la Iglesia, no solo para la Iglesia amazónica. Por eso se ha hecho en Roma, en el corazón de la Iglesia, en ese deseo de poner las periferias en el centro”.

“Tenemos que repensar nuestra Iglesia y nuestras estructuras eclesiales”, aseveró, consciente de que “el Pontificado del Papa Francisco no es otra cosa que el desarrollo del Concilio Vaticano II, relanzando procesos que abrió ya Pablo VI, no ha inventado nada”.

Los gritos de los pueblos

Sobre el documento final del Sínodo, subrayó que se trata de un texto “con una gran fortaleza, que es su sinodalidad porque recoge los gritos de los pueblos de la Amazonía. Además ha sido fresco, con ese aire fresco latinoamericano”. Fruto de este trabajo son los cuatro ejes de un texto que urge a una conversión pastoral, cultural, ecológica y sinodal, subrayando la importancia de la inculturación frente a toda tentación de colonialismo.

A partir de ahí, apuntó que “no podemos dar lugar a dudas en el discurso de la Iglesia: estamos del lado de los pueblos expoliados y no de quienes son cómplices de su explotación”.

El papel de la mujer

“Las mujeres no han votado, pero las cosas van avanzando y hay procesos que no tienen marcha atrás. Aun así, el Papa está contento porque se ha avanzado en sinodalidad”, matizó sobre el hecho de que la voz femenina se haya escuchado y se haya puesto de relieve que “muchas mujeres están llevando las comunidades: hacen la celebración de la Palabra, bautizan, ejercen el diaconado… Pero no se les reconoce institucionalmente”. En este sentido, aplaudió la decisión de Francisco de reabrir la comisión del diaconado femenino.

Para este dominico, el Sínodo ha buscado además “reconocer la Amazonía como un todo, como una unidad eclesial y desarrollar la ecología integral que propone la encíclica Laudato si’”.

“Sentimos que no hemos sido capaces de llevar la Palabra para que este integrada. La fe en Jesús tiene que ser aquella que lleva al indígena a sentirse más indígena, a vivirlo desde sus raíces, que asuman la Iglesia como algo propio”, comentó.

Diagnóstico desgarrador

“El Sínodo ha sido una experiencia espectacular al escuchar la violencia y el desgarro contra la tierra y contra los pueblos indígenas en primera persona por quienes los sufren. Ha sido un diagnóstico desagarrador”, valoró este dominico, que nació en Vitoria hace 49 años y desde el año 2000 permanece como misionero en Perú. En 2014, el Papa le nombró obispo coadjutor y solo unos meses después le designó obispo titular del vicariato apostólico de Puerto Maldonado, una diócesis de 150.000 kilómetros cuadrados con 330.000 habitantes, el 80% católicos, organizados en 22 parroquias.

Martínez recordó cómo fue la visita del Papa a Puerto Maldonado en enero de 2018: “Allí empezó la preparación para el Sínodo, una etapa sin precedentes en lo que tiene que ver con su precalentamiento, teniendo en cuenta que 87.000 personas han participado en los diferentes procesos de participación y escucha”.

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