Francisco y los obispos de Madagascar: entre amigos

El Papa, durante el encuentro con los obispos de Madagascar

Son 25 los obispos que rigen las 22 diócesis de la isla de Madagascar. Entre ellos se encuentra un vallisoletano monseñor Gustavo Bombín -no somos parientes aunque tengamos un apellido en común y el mismo origen geográfico-. Es obispo de Maintirano -34.000 kilómetros cuadrados , treinta y un mil católicos- y pertenece a la orden de los Trinitarios que llegaron en 1962 a la entonces llamada “nosy sambrata” ( la isla feliz). Ejercen su ministerio en tres campos: educación, sanidad y siguiendo su carisma fundacional, las cárceles ( están presentes en doce de las prisiones que existen en este país).

Al señalar al episcopado malgache sus prioridades Francisco les ha indicado “la defensa de la persona humana  (que) es otra dimensión de nuestro compromiso pastoral… Tenemos un deber especial de cercanía y protección hacia los pobres, los marginados y los pequeños, hacia los niños y las personas más vulnerables, víctimas de explotación y abuso”.

Gracias a Dios y a su Providencia las vocaciones abundan en este país de misión. Son, por ejemplo, malgaches 37 de los sacerdotes trinitarios que cuentan además con numerosos aspirantes a entrar en la orden fundada por el francés San Juan de la Mata en el siglo XII con el nombre de Orden de la Santísima Trinidad y de los cautivos. Tampoco las Trinitarias pueden quejarse ya que en sus casas de formación hay un número consistente de novicias.

Autenticidad de las vocaciones

Consciente de un fenómeno que se ha producido en algunos territorios de misión Bergoglio ha pedido a los obispos discernimiento “especialmente con respecto a las vocaciones  a la vida consagrada y al sacerdocio y que es fundamental para asegurar la autenticidad  de estas vocaciones. La mies es abundante y el Señor – que no quiere más que auténticos obreros- no se deja encasillar en los modos de llamar , de incitar a la respuesta generosa de la propia vida”.

Recogiendo el lema de su visita a Madagascar “Sembrador de paz y de esperanza” el Santo Padre les ha recordado a su hermanos obispos  que “el sembrador cansado y preocupado no baja los brazos, no abandona y menos aún quema su campo cuando algo se malogra”.

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