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El Papa llama a los jóvenes a ser “constructores del futuro” de Madagascar

El Papa, entre la multitud que le esperaba en Antananarivo para la vigilia de oración/EFE

Más de 100.000 jóvenes formaron esta tarde una marea humana en Antananarivo que abrumó con su acogida al Papa, que les acompañó en una vigilia de oración en el marco de su cuarto viaje a África. Francisco quedó impactado de una juventud que no paraba de cantar y bailar su fe, coreando en castellano el clásico “Esta es la juventud del Papa”.

Francisco les hizo depositarios del “futuro en Madagascar y en la Iglesia”. “Os invita a animaros, unidos a Él para escribir la página más hermosa de vuestras vidas, a superar la apatía y a ofrecer”, les dijo el Papa, reiterándoles que ellos ha de ser “constructores del futuro”.

Aumentar la confianza

En medio de un fuerte viento, el Papa correspondió con unas palabras de aliento para no tener miedo tener un proyecto de vida. “El Señor es el primero en confiar en vosotros y os invita a que también confiéis en vosotros mismos, en vuestras habilidades y compromisos”.

Un joven peregrino, durante la vigilia de oración con el Papa en Antananarivo

Un joven peregrino, durante la vigilia de oración con el Papa en Antananarivo

Tas escuchar el testimonio vital de dos jóvenes, el Santo Padre planteó a los peregrinos la necesidad de “hacer de nuestra vida una misión”, siguiendo la estela de la exhortación postsinodal ‘Christus vivit’.  “El Señor nos llama por nuestros nombres y nos dice: ¡Sígueme! Para transformarnos a cada uno en discípulos-misioneros aquí y ahora”, les explicó el Papa, que presentó al Hijo de Dios como Aquel que es “el primero en desmentir todas las voces que buscan adormeceros, domesticaros, anestesiaros o silenciaros para que no busquéis nuevos horizontes”.

Vida en comunidad

“¡Nunca aislarse o querer estar solos! El señor no quiere aventureros solitarios”, les aconsejó el Papa sobre la necesidad de vivir en la Iglesia, “celebrando la fe en familia, creando lazos de fraternidad, participando en la vida de un grupo o movimiento y animándonos a trazar un camino común vivido en solidaridad”.

De la misma manera, les llamó a no tener miedo a “ensuciarse las manos” por Jesús.  En este camino les alertó de la presencia del demonio que “nos hace sentir que hagamos lo que hagamos nada puede cambiar, que todo seguirá igual”. De la misma manera, el Papa mostró su preocupación por dejarse llevar “detrás de espejismos que nos prometen y encantan con una felicidad aparente, rápida, fácil e inmediata, pero que al final dejan el corazón, la mirada y el alma a mitad de camino”.

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