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Y la Biblia aterrizó en la Luna

  • El 5 de febrero de 1971, el Apolo 14 se posó sobre el satélite con un centenar de ejemplares
  • De un tamaño minúsculo, todos los libros sagrados tenían sus páginas microfilmadas
  • Su impulsor, el pastor evangélico John Stout, homenajeó así a un astronauta fallecido cuatro años antes

El 5 de febrero de 1971 aterrizó en la Luna el Apolo 14. Era la tercera vez que el hombre pisaba nuestro satélite planetario… Aunque esta vez había una gran novedad: la expedición compuesta por los astronautas Alan Shepard, Stuart Roosa y Edgar Mitchell llevaba consigo 100 ejemplares de la Biblia. De un tamaño minúsculo (como la yema de un dedo), todos los libros sagrados tenían sus páginas microfilmadas.

El gran artífice fue el pastor evangélico John Stout, que compaginaba su condición religiosa con la de científico en la NASA. La idea se le ocurrió tras la desgracia del Apolo 1, que, en 1967, mientras trabajaban en la que podría haber sido la primera experiencia en la Luna, fallecieron en un trágico accidente. Uno de los tres componentes de la expedición, Edward White, había declarado a la prensa que soñaba con llevar algún día una biblia al satélite de la Tierra. Desde entonces, Stout se marcó como un objetivo homenajearle consiguiendo que se cumpliera su ilusión.

Acción extraoficial

Eso sí, tuvo que ser una acción extraoficial y no conocida en un principio por la opinión pública, pues la Liga de Ateos Americanos había denunciado tres años antes que en la NASA se daban frecuentes muestras de práctica cristiana a nivel público, lo que, a su juicio, dañaba el principio de separación entre Iglesia y Estado.

Eso no quitó para que, a la vuelta del Apolo 14, el padre Sout regalara muchos de los ejemplares a personalidades muy conocidas, como los futuros presidentes George Bush y Richard Nixon. También entregó otro a la viuda de Edward White.

Derivó en un negocio

Tristemente, el paso de los años se volvió contra esta bella acción. Y es que, pese a lo deseado por su artífice, a quien nunca le movió el afán por el negocio y sí una fe apasionada, decenas de las llamadas biblias lunares acabaron siendo vendidas por elevadas cifras de dinero en casas especializadas.

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