1. En la vida cotidiana
Toda nuestra existencia está impregnada de acontecimientos que dejaron huella y que marcaron “un antes y un después”. Y esos hechos están rebosantes de rostros que “hicieron historia”. Algunas caras como protagonistas, otras como constructoras que van haciendo más llevadera la tarea, numerosas como continuadoras y ecos de esa “memoria agradecida”.
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Así como también, la vida misma posee síntomas o brotes febriles que hacen pensar que: “así no se puede seguir y tenemos que cambiar”… En esos momentos aparecen esas personas que nos invitan a recordar lo vivido y re-pensar nuevas maneras de comunicarnos.
2. En la fe cristiana
La fe en el Mesías nacido en Palestina tiene en su origen una vivencia como hemos mencionado. Hubo alguien que “hizo nuevas todas las cosas” (Apoc. 5, 1) y todo adquiere en él un nuevo sentido o manera de ser porque nos hace vivir a Dios como Abba/Imma, nos hace protagonistas libres y liberadores del Reino y nos configura con él como sacerdotes, profetas y pastores (Concilio Vaticano II – LG, 1965) (#10). A lo largo de esta bella historia de amor, encontramos acontecimientos y personas que fueron testigos apasionados del Resucitado, llamaron a la conversión cuando fue necesario y en otras oportunidades, alentaron a continuar con la evangelización desde y con los pueblos.
Pretender resumir en esta columna XXI siglos de historia, sería una irreverencia. Sin embargo, hay un “hecho” que es reiterado y que constituye la manera de ser iglesia a lo largo de esos años: los concilios. Cada vez que hubo algún inconveniente, la asamblea (iglesia) se reunió en “concilios” para resolver aquellos problemas. Algunos fueron locales, regionales, provinciales, etc., pero los que se destacan por su influencia fueron los XXI Concilios Ecuménicos (Universales) que se realizaron desde Nicea (325) hasta 1963-1965. Varios de ellos definieron los grandes contenidos o experiencias de fe (Homousios, Filioque, Teotokos, principio calcedoniano, etc.) otros se avocaron a cuestiones disciplinares o de renovación de algunas tradiciones (Letrán IV, Trento, etc.,), estuvo aquel en donde se puso el acento más en “uno que en todos” que se interrumpió por el proceso de unificación italiana (Concilio Vaticano I), y también se realizó uno cuando tres papas a la vez pensaban que ellos eran más importantes que la misma iglesia (Constanza).
En el siglo pasado vino un hombre llamado Juan que rompió el largo letargo eclesial y que quiso aplicar la medicina adecuada a los signos febriles de una iglesia que ya no podía seguir así. Ese hombre fue Juan XXIIII. Su iniciativa fue continuada, con su impronta, por Pablo y llevada a su apogeo con Albino Luciani, es decir, con Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa.
Desde aquel “pentecostés del s. XX” que fue el Concilio Vaticano II la iglesia comenzó a vivir un florecimiento en su nueva manera de ser y de comunicar la novedosa y sempiterna Buena Noticia del Evangelio. Fue una acontecimiento eclesial porque toda la iglesia estuvo representada por diferentes miembros (laicos, religiosos, presbíteros y obispos) y hasta participaron otras confesiones religiosas… que derivó en el gesto fraterno del abrazo y levantamiento de excomunión entre occidente y oriente, volviendo a la unidad desde 1054 (Pablo VI & Atenágoras I – Declaración conjunta, 1965).
Fue una iglesia que:
- quiso salir de la mentalidad de ghetto, de estar encerrada en sí misma.
- miraba al mundo y lo hacía con esperanza, porque “Dios quiere revelarse” (Concilio Vaticano II – DV, 1965).
- buscó y realizó el aggiornamento volviendo a las fuentes para dejar caer las estructuras y mentalidades caducas (CELAM – DA, 2007).
- comenzó a llamar a los demás como hermanos y personas de buena voluntad(Juan XXIII – PT, 1963) y ya no era la que le pedía a Dios que “por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos señor”, porque la dignidad humana es el pilar fundamental dado que el Verbo se hizo humano, no una religión.
- se vivía como servidora de la humanidad (Pablo VI – Discurso de clausura CVII, 1965).
- se consideraba “católica”, es decir, universal y que estaba presente en “todos los pueblos de la tierra” (LG).
- se vivía como “comunidad”, es decir, de manera colegial como lo afirma la misma Lumen Gentium en el capítulo III y que, por tal motivo, Yves Congar consideró que la palabra clave del CVII es: colegiabilidad (Schikendantz, Carlos, 2001, pág. 68).
- volvía su fuente para dejar de lado la “apología” y retomar el camino de la misericordia(Juan XXIII – GME, 1962).
- insistía en recuperar la “mistagogía” de la celebración cristiana poniendo en el centro el misterio pascual y la participación de todos los cristianos (Concilio Vaticano II – SC, 1963).
- recuperaba la dignidad humana como ese núcleo fundamental y la conciencia como el sagrario del ser humano (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#16).
- buscó mirar todo desde la perspectiva de Dios… por ejemplo comenzó a predicar que “fuimos creados desde el amor” (GS #19) y que él actúa derramando su gracia “de manera solo por él conocida” (#22)
- se entendía como “conciliar”, comunidad, asamblea: “En cuanto debidamente reunido en el Espíritu Santo, formando un concilio general y representando a la Iglesia católica, el sínodo recibe directamente su poder de Cristo. Y a él, por tanto, deben obediencia, en todo lo referente a la fe, a la superación del mencionado cisma y a la reforma de esta Iglesia en su cabeza y en sus miembros, todos, en cualquier estado y dignidad, incluido el papa (Küng, Hans, 2004, pág. 275)”. Experiencia que el mismo Pablo VI recreará con los “Sínodos” y que luego Francisco retomará con la “sinodalidad”,
- contemplaba la realidad, buscaba proponer desde la fe e invitaba a una respuesta… era una iglesia de “laboratorio” donde el magisterio venía a confirmar la vida o las intuiciones del Espíritu y de ser necesario, ayudaba a volver al sendero de la reforma auténtica,
- asumía los gozos, esperanzas, anhelos, tristezas y sufrimientos de las personas como propios (GS #1),
- dejaba de lado la llamada “etapa piana” (de los papas Píos) en donde uno de ellos (el XII) “al estilo de los papas del renacimiento y del barroco, hace príncipes a sus tres sobrinos burgueses, Giulio, Carlo y Marcantonio y los convierte en personas poderosas dentro del mundo de las finanzas de Roma, el Papa Roncalli se aleja de toda clase de política familiar y nepotismo y, en su lugar, se preocupa como obispo de su diócesis de Roma y de su clero, y visita parroquias, especialmente de los suburbios: un gran comunicador que en el contacto directo con las personas de los más diferentes colores, despierta confianza” (Küng, Hans, 2004, págs. 229 – 231).
- se animaba a ser “osada” porque Juan XXIII cuando “En la vida y en la teología de la Iglesia no interesaban ya los concilios. En este contexto fue una osadía sin igual convocar un concilio ecuménico. Fue una iniciativa y una decisión absolutamente personal, planeada desde el inicio de su pontificado, fundamentada en la conciencia que tenía de su misión pastoral y papal” (Küng, Hans, 2004, págs. 229 – 231)… y que luego Francisco retoma con la “parresia” (Francisco – EG, 2013).
Sin embargo, llegó un largo invierno eclesial (como decía Karl Rahner) en donde todas aquellas y otras iniciativas quedaron relegadas o se buscó hacer un camino paralelo al de toda la iglesia. Es ahí donde surge o se sobrevalora la figura del fundador de la Fraternidad Sacerdotal Pío X y que llevara a un dilatado proceso de separación que volvió a ser noticia en estos días con una nueva y recurrente postura cismática. Lamentablemente, durante largo tiempo tuvieron el apoyo de jerarcas provenientes de Wadowice o de Bavaria que con sus posturas “pro Tridentinas” llevaron a un proceso de restauración de aquella iglesia que estaba antes del Concilio Vaticano II.
En esta nueva oportunidad realizada ayer, con la decisión de ordenar obispos sin “autorización de Roma” han visibilizado un nuevo cisma afirman algunos medios de información.
Y en este punto me atrevo a disentir (nuevamente). No están provocando un cisma por desobedecer, sino por negar lo que la iglesia ha proclamado como su identidad. ¡Han cometido un cisma al negar al Concilio Vaticano II! Porque el núcleo de todo este atolladero está en la eclesiología que sostienen. El gran desafío pastoral es qué iglesia queremos ser…si la iglesia combativa, anatematizantes, expulsiva, que vive de privilegios, que trata a unos como inferiores a otros, que añora un pasado dorado que ya nada tiene que decir al mundo de hoy, que sostiene que Dios hace lo que ellos quieren y a quien hay que decirle siempre que si… O ser una iglesia abierta al mundo, acogedora en donde todos, todos, todos, tienen su lugar al estilo del Nazareno y de las primeras comunidades. El ex obispo de Roma entre 2013 – 2025, “heredó una Iglesia cansada, envejecida, desacreditada, triste y sin ilusión” (Codina, Víctor, 2018) y nos recordó al Concilio Vaticano II (Curia, Christian – Con el Viviente II, 2025) como ese “aire fresco” que nos renueva (Curia, Christian, 2008) y lo hizo patente en los Jubileos que convocó en el 2015 (Francisco – MV, 2015) y en el 2025 en memoria de esa manera de ser (Francisco – SNC, 2024)… pero con la novedad, que ahora “ser iglesia del concilio” ya no es voluntad de uno en la comunidad, sino de todos y de cada asamblea que quiera “sacar el polvo imperial de la Iglesia (Casiello, Beatriz, 1986, pág. 15), para aggiornarla a los tiempos actuales, abrir, ventanas, mentes y corazones (Curia, Christian, 2013).
3. Plegaria
Trinidad de la comunión y la diversidad, es bello y deleitable alabarte siempre y en todo lugar,
porque eres quien transforma nuestros corazones de piedra en corazones de carne y nos invitas a mirar lo nuevo como signo de tu presentica.
Te pedimos nos inspires gestos y palabras para ser iglesias abiertas, conciliares y servidoras que caminamos juntas.
Te lo pedimos a vos, que vivís y amas por los siglos de los siglos.
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Bibliografía
Casiello, Beatriz. (1986). Metodología Catequística. CABA: Guadalupe.
CELAM – DA. (2007). Documento de Aparecida. CABA: Oficina del Libro.
Codina, Víctor – ¿Cuándo comienza y acaba el invierno eclesial? (2018). Obtenido de https://blog.cristianismeijusticia.net/
Concilio Vaticano II – Dei Verbum (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Concilio Vaticano II – Gaudium et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Concilio Vaticano II – Lumen Gentium (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Concilio Vaticano II – Sacrosanctum Concilium (1963). Obtenido de https://www.vatican.va
Curia, Christian – Con el Viviente II. (2025). Obtenido de https://www.vatican.va
Curia, Christian. (2008). Un poco de aire fresco. Bases para la espiritualidad del Catequista. CABA: Claretiana.
Curia, Christian. (2013). Te creo. Una propuesta pastoral desde Jesús. CABA: Claretiana.
Francisco – Evangelii Gaudium (2013). Obtenido de https://www.vatican.va
Francisco – Misericordiae Vultus (2015). Obtenido de https://www.vatican.va
Francisco – Spes Non Confundit (2024). Obtenido de https://www.vatican.va
Juan XXIII – Solemne Apertura del CVII (1962). Obtenido de https://www.vatican.va
Juan XXIII – Pacem in Terris (1963). Obtenido de https://www.vatican.va
Küng, Hans. (2004). Libertad conquistada, Memorias. Madrid: Trotta.
Pablo VI – Discurso de clausura CVII (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Pablo VI & Atenágoras I – Declaración conjunta (07 de Diciembre de 1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Schikendantz, Carlos. (2001). ¿A dónde va el papado? Reinterpretación teológica y reestructuración práctica. CABA: Ágape.
