Tribuna

¡Somos alegría… somos santos!

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1.     En la vida cotidiana

¡Qué hermoso y humano es ver rostros sonrientes! ¡Qué contagiosas son las risas!
¡Qué llamativo es contemplar cómo la vida se multiplica y potencia con un clima de festividad, alegría, cordialidad, de acogida al que llega, pasa o simplemente se acercó, etc.!
¡Qué impresionante es ver la respuesta humana de una sonrisa de un bebe o niño hacía quien le hace una “monería!
¡Qué fabuloso es descubrir que, con solo una sonrisa, todo adquiere un nuevo significado… tan profundo, que reinicia la existencia!



2.     En la fe cristiana

¡La alegría es un don teologal! (Curia, Christian, 2008), un regalo que proviene y es consecuencia de la misma acción de la Trinidad. Por tal motivo, es considerada un “fruto del Espíritu” (Gal. 5, 22).

Los cristianos profesamos, celebramos y anunciamos a un Dios que es comunión, que es relacional, que participa en su creación sus propios dones o características. Hay varios testimonios en la escritura en donde la creación se regocija y exulta de alegría por la bendición de Dios (Dn. 3: Cantico de la Creación). El Evangelio en sus 4 redacciones canónicas, se puede percibir que desde el inicio hasta el fin hay un hilo conductor: la alegría desde la pascua hacia el nacimiento. El Resucitado es causa de alegría en las personas que lo seguían (Lc. 24, 41).

Por la fe en la Trinidad, el vínculo intra – trinitario manifiesta que cada uno es Dios y que adquieren identidad en la relación de amor: Padre – Hijo – Espíritu Santo. Creer en ella es manifestar, no solo la vinculación entre las personas divinas sino también que ellas provocan relación extra-Trinidad. La creación es obra y está impregnada de signos de la acción de Dios, la humanidad se trasforma en hija y los seres humanos entre sí hermanos, en gozosos participantes de su misterio (Concilio Vaticano II – DV, 1965) (#2).

La alegría cristiana tiene esta misma dimensión: provoca una nueva relación, una nueva identidad. Y, por otro lado, podemos contemplar que cuando el apóstol de los gentiles menciona los frutos del Espíritu en la Carta a los Gálatas está en el marco de la libertad cristiana (cap. 5). Para los cristianos alegría y libertad son dos características de la filiación y la herencia: “Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo ¡Abba!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo y, por lo tanto, heredero por la gracia de Dios” (4, 6-7).

En consecuencia podríamos contemplar que la fe en la Trinidad provoca identidad, herencia, gozo y alegría… porque “Todo ser que comunica la perfección a otro, posee ya en sí esta misma perfección (…) Y como Dios es el primer motor que comunica a todas las cosa las perfecciones que les son propias, deber poseer y tener en sí sobreabundantemente las perfecciones de todas las creaturas” (de Aquino, Tomás, 1980, pág. 59). Si la alegría es causa de la acción de Dios, y es provocada por él, entonces podemos balbucear que él es alegría y cantar con el salmista “El Dios que es la alegría de mi vida” (Sal. 43/42, 4).

Como afirma nuestro venerado padre de la catequesis renovada en Argentina, y que hemos replicado en una obra de reciente publicación:

“Somos personas que han recibido la Buena Nueva de la Salvación para comunicarla a todos. No podemos menos que dar un testimonio de alegría. Ella está íntimamente relacionada con la libertad: donde hay libertad hay alegría y nosotros hemos sido llamados “a la gloriosa libertad de los Hijos de Dios” (Rom. 8,21). Los cristianos rescatamos a la libertad como algo propio, algo que nace del patrimonio de la fe. Sin caer en libertinaje, que es la negación de la libertad, anunciamos con alegría la libertad sin límites que hemos heredado de Cristo. Los consejos evangélicos son los elementos constitutivos de una libertad interior fecundada por la alegría de la Buena Noticia.

Personas libres y liberadoras, una educación que libere, liberación de los oprimidos, convivencia y diálogo sin autoritarismo, etc., son signos de santidad que reclama el tiempo de hoy” (Curia, Christian, 2022).

Somos Alegria

3.     En la acción pastoral

Creer es gozar y disfrutar la vida, porque la Trinidad actúa e impulsa a vivir nuestra humanidad de manera comunitaria y festiva. Este júbilo, es algo que ya estamos disfrutando y realizando porque multiplicamos sonrisas pregonando y conviviendo con la Buena Noticia de la Liberación: “La fe es cierto goce anticipado de aquel conocimiento que nos hace bienaventurados en la felicidad futura” (de Aquino, Tomás, 1980, pág. 43) y como pregustado, ya provoca la alegría del disfrute y anticipa el gozo futuro.

Una pastoral centrada en la alegría provoca, suscita, comparte, evidencia, aviva a ser comunidades creyentes:

  • porque vivimos la provocación de la alegría como don que proviene de Dios,
  • porque “hacemos eco” del Evangelio que se visibiliza en la fiesta cotidiana del Reino y que se saborea en la actualización de la acción pascual de Jesús: liberando.
  • Porque entonamos fervorosamente y se nos nota en la cara, que: “Creer es mirar con tus ojos Señor y darle a la vida todo su valor”(Canten todos, 2021).
  • porque vivimos en clave de fiesta, porque él ha surgido victorioso de la muerte y nos ha recapitulado en él para vivir en la filiación con el Padre/Madre del Reino.
  • porque “no nos ponemos en presencia de Dios” sino que todo lo que acontece tiene en sí mismo signos de su presencia.
  • porque vivimos con iniciativa pastoral (primeriamos) para aggiornar desde el Evangelio la revelación de Dios a cada persona y comunidad: “nos desafían a repensar no sólo quiénes somos en nuestra relación con los demás, el mundo en el que vivimos y Dios, sino también cómo actuamos en la historia”(Díaz Tejo, Javier, pág. 120).
  • porque en nuestros grupos, parroquias, diócesis se vive un clima de libertad y creatividad, de escucha atenta y disponibilidad a captar el mensaje de Dios que viene de parte de todas las personas (si de todas).

En el fondo, en otras diócesis, si no somos iglesias alegres, esperanzadas, amantes, etc., será porque quizás aún nos falte dar el salto de júbilo que nos lleve a la fe.

La santidad ayer, hoy y siempre… Frans proponía 3 dimensiones que hemos intentado contemplar en las tres columnas (somos presencia, amor y alegría) y que el actual obispo de Roma ha recordado que esta vida desde la Trinidad se sustenta “en la Sagrada Escritura y en la Tradición y, en diálogo con las ciencias, nos ayuda a leer con lucidez los desafíos del presente, identificando caminos adecuados para vivir un testimonio cristiano límpido, con alegría y al servicio del mundo” (León XIV – MH, 2026)(#3).

Feliz Pascua desde la Vida Nueva. ¡Felices desde este misterio gozoso de un Dios Viviente y vivificador, que “sigue haciéndose historia en medio de nosotros” (De Vos, Frans – ICD, 1983).

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Trabajos citados

Canten todos (2021). Obtenido de http://www.obispadogchu.org.ar/
Concilio Vaticano II – Dei Verbum (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Curia, Christian. (2008). Un poco de aire fresco. Bases para la espiritualidad del Catequista. CABA: Claretiana.
Curia, Christian. (2022). Una aventura maravillosa. CABA: PPC – Bonum.
de Aquino, Tomás. (1980). Compendio de Teología. Madrid: RIALP SA.
De Vos, Frans – ICD. (1983). La alegría de la fe para un mundo en cambio. Lomas de Zamora: Junta Catequística Diocesana.
Díaz Tejo, Javier. (2020). Después de la pandemia ¿Qué catequesis? Santiago de Chile: Universidad Fines Terris.
León XIV – Magnifica Humanitas (2026). Obtenido de https://www.vatican.va/