Tribuna

Recepción de ‘Magnifica humanitas’ desde la pastoral de ecología integral: un diálogo urgente en la era digital

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La publicación de la carta encíclica ‘Magnifica humanitas’ (MH), del papa León XIV, marca un hito fundamental en la pastoral social y ecológica de la Iglesia.



Lejos de ser un documento aislado sobre tecnología, la encíclica establece un diálogo profundo y orgánico con la visión desarrollada por Francisco en Laudato si’ (LS), convirtiéndose en un texto clave para quienes trabajamos en la pastoral de la ecología integral.

Poderosos puntos en común

Al leer MH desde esta perspectiva, encontramos poderosos puntos en común, sinergias y llamados a la colaboración para defender tanto la dignidad humana como nuestra casa común frente a la revolución de la inteligencia artificial (IA). A continuación, se articulan los principales ejes de este diálogo pastoral:

I. La ecología integral como veredicto del desarrollo

Un punto de encuentro fundamental es la consolidación de la ecología integral como baremo para evaluar el progreso tecnológico. La encíclica asume que el verdadero desarrollo humano integral encuentra hoy “un criterio decisivo de verificación en la ecología integral” (MH, 84).

La pastoral ecológica siempre ha sostenido que no hay dos crisis separadas (una ambiental y otra social), sino una sola crisis socioambiental. MH refuerza esta convicción al sentenciar que no puede considerarse verdadero progreso aquel que aumenta el bienestar de unos pocos a costa de degradar los ecosistemas, trasladar los costes a las comunidades más vulnerables o perjudicar a las futuras generaciones (cf. ib.).

Toda innovación, incluida la IA, debe ser interrogada sobre si realmente contribuye a que los pueblos crezcan en humanidad respetando la casa común (cf. MH, 85).

II. El grito de la tierra y de los pobres en la materialidad de la IA

Uno de los refuerzos más potentes que la encíclica ofrece a la pastoral ecológica es la desmitificación de la “inmaterialidad” de la tecnología (cf. MH, 65).

La encíclica advierte que los sistemas actuales de IA requieren inmensas cantidades de energía y agua, lo que incrementa las emisiones de carbono y afecta al medio ambiente (cf. MH, 101).

De forma dramática, el documento denuncia cómo la extracción de “tierras raras” necesarias para los microprocesadores mutila y consume los cuerpos de adolescentes y niños (cf. MH, 173).

Además, la IA se sostiene sobre el “trabajo invisible” de millones de personas en condiciones precarias (etiquetado de datos, moderación de contenidos), lo que configura nuevas formas de esclavitud y de colonialismo digital (cf. ib.).

Esta denuncia es una sinergia perfecta con LS: en el mundo digital, “el grito de la tierra” (recursos explotados, huella de carbono) y “el grito de los pobres” (trabajadores invisibles) siguen siendo un mismo clamor inseparable (cf. LS. 49; MH, 43).

III. La expansión de la casa común: el ecosistema digital

En los últimos años, la pastoral de ecología integral ha centrado sus esfuerzos en el espacio natural y en los signos del lugar. MH colabora expandiendo nuestra comprensión del entorno: afirma que, “al igual que el medio ambiente natural, también el ‘ecosistema digital’ puede ser custodiado o explotado, compartido o monopolizado” (MH, 76).

Por tanto, la pastoral debe velar por que el principio del destino universal de los bienes se aplique también a los datos, los algoritmos y las plataformas digitales (cf. MH, 67). Los datos generados por la humanidad no pueden ser monopolizados como palancas de dominio (cf. MH, 178); son bienes comunes, colectivos, que deben gestionarse con una lógica de compartir (cf. MH, 108).

IV. Resistencia al paradigma tecnocrático y al transhumanismo

La encíclica profundiza en la crítica al “paradigma tecnocrático”, presentado en LS, que reduce la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema de eficiencia y lucro (cf. MH, 92-93).

MH alerta especialmente sobre las corrientes del transhumanismo y poshumanismo, que ven los límites humanos (como la fragilidad, el sufrimiento y la vulnerabilidad) como defectos humanos a corregir o “material que hay que perfeccionar” (MH, 115; cf. 117).

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Desde la pastoral, abrazamos la tesis de la encíclica: el ser humano no florece a pesar de sus límites, sino a través de ellos (cf. MH, 118). Frente al sueño de la hibridación tecnológica o el hombre potenciado, la Iglesia llama a cultivar un “antropocentrismo situado”, reconociendo nuestro lugar interdependiente dentro de la red de la vida y con Dios (cf. MH, 237).

V. “Desarmar la IA”, una tarea ecológica

Finalmente, León XIV hace un llamado profético que debe convertirse en una línea de acción pastoral: “Desarmar la IA”, no para renunciar a la tecnología, sino para evitar que domine a lo humano y opere bajo lógicas de la competencia armada, económica o cognitiva (cf. MH, 110). Esta misión “es ecológica en el sentido más radical, porque pone en juego una nueva dimensión de nuestra casa común” (cf. ib.).

En nuestro trabajo pastoral, la encíclica nos invita a no ser meros espectadores. Ante la inteligencia artificial, se nos pide elegir entre edificar una Babel digital, basada en el orgullo, la uniformidad y el beneficio que deshumaniza, o caminar por el camino de Nehemías para reconstruir una nueva Jerusalén, basada en la responsabilidad compartida, el diálogo y el servicio al bien común (cf. MH, 7).

El cuidado de nuestra magnífica humanidad y de la casa común, creadas por Dios, requiere hoy una profunda conversión ecológica que también abarque nuestras decisiones tecnológicas.


*Eduardo Agosta Scarel, O. Carm, es el director del Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española.