Ha culminado la edición 121 de la Asamblea plenaria de los obispos de Colombia, realizada del 6 al 10 de julio en Bogotá. Fueron cinco días de oración, diálogo, escucha y discernimiento, bajo una premisa: formar a los futuros sacerdotes.
- Síguenos en Google y añádenos como fuente preferida
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Para ello, los 90 prelados participantes, en un inédito movimiento, abrieron las puertas a rectores de seminarios, seminaristas, religiosos, laicos y profesionales vinculados a los procesos formativos.
En adelante cada una de las propuestas recogidas serán el punto de partida para seguir ahondando en los retos de la formación sacerdotal para preparar pastores “según el corazón de Cristo”.
Francisco Javier Múnera, presidente del Episcopado y arzobispo de Cartagena, ha insistido que la Iglesia colombiana debe ser capaz de preparar sacerdotes cercanos a las personas y a las realidades de sus comunidades.
“Constatamos que vamos avanzando, vamos tomando conciencia del valor de la formación humana integral de nuestros candidatos al ministerio sacerdotal”, agregó.
Perfil del nuevo sacerdote
El perfil del nuevo sacerdote colombiano consta de una sana madurez humana y afectiva, “capaces de construir relaciones fraternas con las distintas vocaciones del Pueblo de Dios, comprometidos con la opción preferencial por los pobres y con una auténtica actitud misionera”, dijo Múnera.
La Asamblea coincidió que la formación sacerdotal debe entenderse como una responsabilidad compartida por toda la Iglesia.
Por lo que José Mario Bacci, obispo de Santa Marta, resaltó que el sacerdote se comprende a desde el pueblo de Dios, “no es una figura que está por encima, al lado o detrás, sino junto al pueblo de Dios”.
En esta formación deben participar activamente familias, mujeres, jóvenes, sacerdotes, psicólogos y otros profesionales, de modo que “el futuro presbítero aprenda desde el inicio a vivir relaciones eclesiales marcadas por la comunión, la escucha y la corresponsabilidad”.
Acotó que la nueva ola de sacerdotes debe tener una identidad profundamente misionera, capaces de escuchar, discernir y acompañar las realidades humanas, por supuesto, con una intensa vida espiritual que le permita leer los desafíos de su tiempo desde la fe.
Acompañar a los jóvenes
José Abel Sierra, el rector del Seminario Mayor de Manizales, coincide en esta línea: “Es muy importante la cooperación de todos. Son muchas las personas que tienen que ver en esa actividad de formar y acompañar al joven”.
Al mismo tiempo añadió que los seminarios deben ser ambientes sanos, donde la cultura del cuidado sea un eje para que los futuros pastores aprendan a cuidar de los demás.
Para lograr este cometido también será importante comprender a las nuevas generaciones y la forma como la Iglesia las acompaña.
Al respecto, José Camilo Arbeláez Montoya, obispo de Vélez, considera que se debe fortalecer la pastoral vocacional desde edades más tempranas, porque la Iglesia está llamada a acompañar a niños y adolescentes, generando procesos continuos como un verdadero camino de discipulado.
