Una delegación conjunta de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE) y la Conferencia de Iglesias Europeas (CEC) se reunió este jueves en Dublín con el Primer Ministro irlandés (el ‘Taoiseach’), Micheál Martin. El encuentro se llevó a cabo en el contexto de la actual Presidencia de Irlanda en el Consejo de la Unión Europea.
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Durante la reunión, la delegación ecuménica presentó sus principales preocupaciones y recomendaciones respecto a las prioridades del programa de la Presidencia irlandesa, que se desarrolla bajo el lema “Fuerza con Unidad” (‘Strength with Unity’).
Temas clave
Los líderes cristianos aprovecharon la ocasión para debatir un amplio abanico de asuntos de vital importancia para el futuro del continente. Entre los temas tratados destacaron:
- Cohesión social y valores compartidos europeos.
- Políticas de migración y asilo.
- Sostenibilidad y competitividad.
- El Marco Financiero Plurianual.
- Cooperación humanitaria y al desarrollo.
- Un proceso de ampliación de la UE creíble y centrado en los ciudadanos.
La delegación instó a la Presidencia irlandesa a fortalecer la capacidad de la Unión Europea para alcanzar consensos, fomentando la unidad y renovando el compromiso con la visión fundacional de la UE. Asimismo, hicieron especial hincapié en la necesidad urgente de abordar la pobreza, proteger los espacios cívicos y combatir la exclusión y la creciente polarización en las sociedades europeas.
Un punto central de la reunión fue la promoción de una paz justa y duradera, tanto en los países vecinos de la UE como a nivel global. Si bien las Iglesias reconocieron la importancia de reforzar la defensa europea ante la actual inestabilidad internacional y el debilitamiento del multilateralismo, animaron encarecidamente a la Presidencia de la UE a respaldar una “estrategia de paz europea”. Esta estrategia, señalaron, debe ofrecer un marco más amplio y profundo centrado en la consolidación de la paz, la prevención de conflictos y la reconciliación.
Finalmente, los representantes eclesiásticos reconocieron los esfuerzos de la Presidencia irlandesa por promover la prosperidad y la competitividad en la región. No obstante, subrayaron una premisa fundamental: el crecimiento económico debe estar siempre al servicio de las personas, respetar la creación y perseguir incansablemente el bien común.
