Tribuna

Lilith, la “madre de los demonios”

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En la imaginación popular judía, Lilith es la “madre de los demonios”. Tiene una reputación terrible: es rebelde, peligrosa y está rodeada de un aura de misterio. “Ella se sitúa fuera de la familia humana y busca venganza atacando a los recién nacidos y la fidelidad conyugal”, cuenta Ruth Dureghello, representante del programa The Jewish Ambassadors de la Conferencia Rabínica Europea.



“Se la describe como una criatura con alas y larga cabellera roja, lo que nos adentra en un área oscura de nuestra tradición. Entre los aspectos perturbadores del folclore se encuentra la creencia de que Lilith seduce a los hombres mientras duermen para robarles su “semilla perdida” y concebir hijos demoníacos, los Lilim. Antiguamente, en algunas comunidades, era costumbre que los hijos nacidos del matrimonio no acompañaran el ataúd de su padre al cementerio, para evitar que los “medio hermanos demoníacos” engendrados por Lilith reclamaran la herencia o perturbaran el alma del difunto. Para protegerla de esta influencia nociva, es costumbre dar vueltas alrededor del ataúd antes del entierro”, explica.

El destino de Lilith es singular. Nacida en los mitos babilónicos como un demonio que trae desgracia y muerte, evolucionó en la Cábala medieval como la primera esposa de Adán e incluso se convirtió en un símbolo de la emancipación femenina en la época moderna. Se la suele considerar un personaje bíblico, pero aparece solo una vez en el Antiguo Testamento.

“Es un solo versículo: Isaías 34,14”, aclara Dureghello, “en el que el profeta describe el castigo divino contra Edom, pintando un paisaje de desolación y diciendo: “Aquí morará Lilith y encontrará un hogar de paz””. En la exégesis rabínica clásica y moderna, este pasaje no se interpreta como la crónica de una “primera mujer”, sino como una descripción de la “decreación”.

Elemento dañino

Lilith aparece entre animales salvajes y sátiros, representando el retorno al caos de donde la presencia divina se ha retirado. Es relevante la etimología de su nombre, que en hebreo se remonta a layla, la noche. Lilith es un “elemento dañino”, que encarna una forma de agresión que afecta a quienes se aíslan. No es casualidad que el Talmud prohíba dormir solo en casa, porque “quien duerme solo está poseído por Lilith”, como afirma el rabino Chaninà. Es una sexualidad hedonista, contrapuesta a la sexualidad reproductiva.

Los cabalistas medievales la retratan como la primera esposa de Adán, creada por Dios del polvo como él, y quien pretende los mismos derechos. “Esta narrativa que fascina al mundo contemporáneo –afirma Dureghello– se remonta a un texto medieval llamado ‘El Alfabeto de Ben Sira’, en el que leemos que Lilith se niega a estar “bajo” Adán durante la intimidad, argumentando: “Somos iguales, puesto que ambos venimos de la tierra”. Al no ser escuchada, pronuncia el inefable Nombre de Dios y huye hacia el Mar Rojo”. Aquí la cosa se complica, porque esta interpretación hoy tiene una doble vertiente.

Lilith

John Collier, “Lilith”, 1887

En el mundo ortodoxo, sigue siendo un ‘midrash’ (exégesis bíblica) que explica la discrepancia entre los dos relatos de la creación en el Génesis, pero no es un dogma. Se dice que Adán y Lilith permanecieron casados durante 130 años, y solo después de expulsar a esta criatura, el Señor creó a Eva de la costilla de Adán y engendró a Set, de quien desciende la humanidad. En los movimientos feministas judíos, Lilith ha sido “reivindicada” como símbolo de independencia e igualdad sexual. Sin embargo, sigue siendo un icono ambiguo: es difícil celebrar como heroína a una figura que la literatura mística describe como destructora de la vida”.

Proteger a los niños

¿Es una leyenda que antes de la ‘Milá’ (circuncisión), a los niños se les daban collares con los nombres de tres ángeles para protegerlos de Lilith? “Es una práctica ritual documentada desde hace siglos. El núcleo de la protección reside en los ángeles Senoy, Sansenoy y Semangelof.Según el mito, Lilith prometió no tocar a ningún niño dondequiera que viera sus nombres. Incluso hoy en día, en muchos hogares, se cuelga un amuleto sobre la cuna con la inscripción Adán y Eva, fuera de Lilith. O se coloca un objeto de hierro debajo de la almohada porque las letras BaRZeL (hierro en hebreo) son el acrónimo de las cuatro esposas de Jacob (Bilha, Raquel, Zilpa, Lea), cuya fuerza colectiva repele al demonio estéril”.

Dureghello concluye: “El judaísmo, en su pragmatismo espiritual, se ha reconciliado con Lilith, integrándola como el arquetipo de la Sombra. Forma parte de la Sitra Achra, “el otro lado” de la santidad. Si la Shejiná es la presencia divina que protege el hogar, Lilith es la fuerza que lo amenaza. Es un enigma que sigue hablándonos: existen leyendas encantadoras, como aquella según la cual si un recién nacido ríe mientras duerme, significa que Lilith está jugando con él. Las madres le dan palmaditas en la nariz al pequeño para detener el peligroso juego.  Otra anécdota se refiere a la Reina de Saba. En el folclore, se sospechaba que ella misma era Lilith y Salomón supuestamente lo descubrió al ver sus piernas y pies peludos que se asemejaban a las garras de un ave de rapiña”.


*Artículo original publicado en el número de julio de 2026 de Donne Chiesa Mondo. Traducción de Vida Nueva

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