Tribuna

León XIV, en la estela de Francisco

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Rostro sereno, mirada profunda y escucha atenta son solo algunas de las señas de identidad y virtudes que adornan al papa León  XIV, que tomó hace un año “la vara y el cayado” de Francisco. Esta bendita tierra americana ha dado a luz a nuestros pastores más queridos por tiempo en nuestra amada Iglesia. Ambos tienen en común la Biblia como su libro de cabecera y el oído en el clamor del pueblo confiado en los hombros del Buen Pastor.



“Quiero que mis sacerdotes tengan olor a oveja” decía Francisco. Y León XIV sigue el mismo camino: “Ser un buen pastor significa poder caminar junto al Pueblo de Dios y vivir cerca de él, no estar aislado”. No se han salido del sendero de la vida a pesar de las numerosas tentaciones que se les han presentado, pues son fieles discípulos de Jesús, y eso les ha infundido la gracia y les inspira a seguir anunciando la Buena Noticia de Cristo Resucitado.

¡Qué bonito encuentro!

La encíclica ‘Dilexit nos’, de Francisco, “sobre el amor humano y divino del corazón de Jesucristo”, dice: “Jesús te propone que lo encuentres también allí, en cada hermano y en cada hermana, especialmente en los más pobres, despreciados y abandonados de la sociedad. ¡Qué bonito encuentro! (213)”.

León XIV sigue su huella, amplifica el sueño de Francisco, que quería una “Iglesia pobre y para los pobres”, encarnada en el corazón del pueblo sufriente, y toma su pluma en la exhortación apostólica ‘Dilexit te’: “En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo” (9).

No es gratuito que León XIV tenga en su mente y corazón a los pobres, pues compartió muchos años con ellos en las comunidades campesinas de Perú, recorriendo a pie y a caballo los angostos caminos de la montaña para celebrar la eucaristía y apoyarles en sus luchas.

Un mundo que levanta muros y alambradas eléctricas

Ante la realidad de nuestro mundo, que levanta muros y alambradas eléctricas para impedir el paso de los migrantes o que les desenraiza de su lugar de nacimiento para conducirles a la fuerza a un país que no conocen, contamos con la reflexión de nuestro pastor en ‘Dilexit te’.

Ahí, este señala que “la experiencia de la migración acompaña la historia del pueblo de Dios. Abraham parte sin saber adónde va; Moisés conduce a un pueblo peregrino por el desierto; María y José huyen con el Niño a Egipto. El mismo Cristo, que ‘vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron’ (Jn 1,11), vivió entre nosotros como extranjero. Por eso, la Iglesia siempre ha reconocido en los migrantes una presencia viva del Señor, que en el día del juicio dirá a los que estén a su derecha: ‘Estaba de paso, y me alojaron’ (Mt 25,35)”.

El Papa León XIV preside la Vigilia del Santo Rosario por la Paz en la Basílica de San Pedro.

Lo más bonito es que se inspira en la mística de Francisco: “Cada ser humano es hijo de Dios. En él está impresa la imagen de Cristo. Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y así podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado no solo un problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados; una ocasión que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana más abierta, de acuerdo con el Evangelio”.

Donde el mundo ve una amenaza, la Iglesia ve hijos

Para Léon XIV “la Iglesia, como madre, camina con los que caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes. Sabe que el anuncio del Evangelio solo es creíble cuando se traduce en gestos de cercanía y de acogida; y que cada migrante rechazado es Cristo mismo, quien llama a las puertas de la comunidad” (75).

La gran preocupación de León XIV es la ausencia de paz en los países que están enfrentados por guerras de muchos años y las que han comenzado recientemente de forma muy violenta con la muerte de miles de niños y niñas. Su voz, suave pero enérgica, se ha levantado como un huracán que ha resonado en las conciencias de quienes toman las grandes decisiones mundiales.

No le ha temblado el pulso para proclamar el cese de las guerras en todos los espacios y momentos que tiene oportunidad. Lo más esperanzador es que no ha caído en las provocaciones de algún mandatario que cuestiona su autoridad, nacida del mismo mensaje evangélico.

Muchas muestras de apoyo

Muchas Conferencias Episcopales escribieron cartas de apoyo a su Magisterio indicando que no está solo, que cuenta con el Espíritu Santo y la oración del Pueblo fiel.

Nuestra Conferencia del Episcopado Dominicano expresó su respaldo al llamado a la paz de León XIV, reafirmando su comunión, solidaridad y oración en favor de su misión pastoral: “Santo Padre, Vicario de Cristo, en nuestra Iglesia y en nuestro pueblo, compuesto por hombres y mujeres de fe, cuenta con nuestra solidaridad, oración y comunión con sus pronunciamientos, así como el total y categórico rechazo a todos los poderes terrenales que pretenden silenciar su voz profética o tergiversar su mensaje. ¡Ánimo! En el mundo tendrán luchas, pero tengan confianza mí, yo he vencido al mundo’ (Jn 16,33)”.

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Jesús Castro Marte es el obispo de Nuestra Señora de La Altagracia (República Dominicana).