Quiero retomar algunas frases que nos han inspirado a lo largo de la historia de la Iglesia, su riqueza y su sentido por vivir el tiempo pascual con gozo, como una fiesta del corazón; porque el corazón de la Iglesia es el Espíritu Santo, es la fuerza del resucitado que enciende el fuego de su amor en cada corazón, como en los discípulos de Emaús: “No ardía nuestro corazón en el camino” (Lc 24, 32), o en la palabras de Tomás al reconocer a Señor resucitado: “Señor mío, Dios mío”(Jn 20, 28).
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Jesús se aparece a sus discípulos
“Al atardecer de aquel primer día de la semana, estando reunidos los discípulos a puerta cerrada por temor a los judíos, entró Jesús y poniéndose en medio de ellos, dijo: ¡La paz sea con ustedes! … Acto seguido, sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen sus pecados, les serán perdonados; a quienes no se los perdonen, no les serán perdonados” (Jn 20,19.21-22).
¿Qué significa la vida de Tomás?
También era llamado Dídimo (que en griego significa “gemelo”) y se cree que era originario de Galilea. La historia de Tomás quiere enseñarnos que no era más fácil creer en Jesús por haber sido contemporáneo suyo y que, los que crean sin haber visto serán dichosos. Tomás es cada uno de nosotros qué dudamos e incluso queremos probar o tener la experiencia de la fe.
¿Quién no ha tenido dudas en su interior o en su corazón?
Dudamos de la fe, dudamos del hermano(a) porque los prejuzgamos desde nuestras comprensiones siempre limitadas. Muchas veces no tenemos tolerancia con los demás porque nos hace falta apostar y creer más en lo nuestro.
Las puertas cerradas de la vida
Mientras estaban cerradas las puertas, es una anotación para indicar que el cuerpo de Cristo Resucitado, aun sigue siendo irreconocible -no lo reconocen-, pero se alegra su corazón al “ver” a Jesús y no están sujetos a las leyes ordinarias de la vida humana, porque Jesús trasciende todas las leyes humanas y la lógica de la razón; por eso, muestra sus manos y sus pies, los vestigios de los clavos y el costado abierto de ¡Cristo vivo!, el “viviente”, el ausente-presente, el presente ausente en las primeras comunidades.
¿Cuál es la paz del resucitado?
La paz mesiánica en la tradición judía, está en sintonía con el shalom hebreo, Shalom es una palabra hebrea que significa mucho más que “paz”; abarca plenitud, integridad, bienestar, salud y seguridad. Derivada de la raíz ש־ל־ם (sh-l-m), indica reparación o completitud. Se usa como saludo y despedida (“hola”/”adiós”) y para desear prosperidad integral, interna y externa. Así que el cumplimiento de las promesas de Dios, es la resurrección de Jesús, porque vence todo miedo y es la la liberación de toda opresión, es la victoria sobre el pecado y sobre la muerte, la reconciliación definitiva con Dios, fruto de su pasión y don gratuito de Dios.
La paz del Espíritu Santo
La paz no es ausencia de violencia y de conflictos, eso es pensar en las mismas coordenadas de lo humano y no en la verdadera experiencia del Resucitado. La paz es un don de Dios. Es reconocer que somos itinerantes en este mundo y vamos hacia la paz verdadera que desde acá saboreamos en algo la eterna.
¿Por qué nos cuesta “ver”para creer?
En nuestra vida tenemos tradiciones, la sociedad nos programa para no ser felices e incluso para no disfrutar la plenitud de vida en Jesús. Por eso, tenemos las puertas cerradas de nuestro corazón con miedos y temores. Nos cuesta ver con los ojos de la fe, con la convicción que Jesús está vivo en medio de la comunidad. ¿Quien no ha sentido la experiencia del resucitado alguna vez en su vida? ¿Quién no ha tenido algún accidente dónde se ha salvado? Con las personas que hablo a diario, me dicen que han tenido experiencias del resucitado ante situaciones dolorosas, de sufrimiento y he observado como las personas salen con otro resplandor y un mensaje de esperanza.
Les mostró las manos y el costado
Jesús refuerza las pruebas evidentes y tangibles de que es Él el que ha sido crucificado. Este es el reconocimiento de Jesús inserto en nuestra historia. Él está vivo y resucitado. El es realmente y les muestra que no es un fantasma. Esto se convierte en un punto de partida de la nueva certeza y sanación de toda desesperanza. Jesús les está mostrando sus manos y costado para que no solo crean, sino que sanen sus heridas más profundas de su vida: la tristeza de quedarse atado a la cruz dolorosa.
Después del dolor viene la alegría del resucitado en medio de ellos como mensaje de paz. Sopló sobre ellos: el gesto recuerda el soplo de Dios que da la vida al hombre (Gn 2,7); no se encuentra otro en el Nuevo Testamento. Señala el principio de una creación nueva. Recibid el Espíritu Santo: después que Jesús ha sido glorificado viene dado el Espíritu Santo (Jn 7, 39). Aquí se trata de la transmisión del Espiritu para una misión particular. Mientras en Pentecostés (Hch 2) es la bajada del Espíritu Santo sobre todo el pueblo de Dios.
El perdón de los pecados
A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos: el poder de perdonar o no perdonar (remitir) los pecados. Como lo expresa nuestro santo fundador: “El abismo de mis miserias, atrajo otro abismo, el abismo de tu misericordia” (San Juan Eudes). Esto es, lo que se indica en el poder de perdonar los pecados por su infinita misericordia, es en la Iglesia donde abunda la misericordia Divina, como comunidad de salvación, de la que están especialmente dotados aquéllos que participan por sucesión y misión del carisma apostólico: para poder perdonar los pecados.
Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré: Tomás, es un hombre estructurado racionalmente y no consigue creer a través de los testigos oculares. Quiere hacer su experiencia propia: Jesús no ve en Tomás a un escéptico indiferente sino a un hombre en busca de la verdad y lo satisface plenamente. Es por tanto la ocasión para lanzar una apreciación hacia los futuros creyentes: “dichosos…”.
El encuentro de Tomás con Jesús
Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente: Jesús repite laş palabras de Tomás, entra en dialogo con él, entiende sus dudas y quiere ayudarlo. Jesús sabe que Tomás lo ama y le tiene compasión, porque todavía no goza de la paz que viene de la fe. Lo ayuda a progresar en la fe.
El Padre resucita a un crucificado, a una persona que fue descalificada y expulsada de este mundo. Dios saca la cara por él, frente a los que lo descalificaron. La Resurrección es un acto de justicia. Una rehabilitación del ajusticiado crucificado, un ponerse Dios de parte del ajusticiado, de parte de los valores por los que dio la vida.
¿Qué relación existe pues entre la Resurrección de Jesús por obra del Padre y la opción por los pobres? ¿De verdad siento yo en mi vida la alegría de creer? ¿Vivo mi fe como fuente de gozo, o la veo a veces como una carga más o menos pesada?
Por Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios