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Tribuna

Dialogando… con la incomodidad

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1. Testimonio: núcleo creyente

Nuestra vida está impregnada de esta experiencia medular. Muy a menudo tenemos la alegría de vivenciar que alguien nos dice “Vos sos aquel que dijeron que…”. A veces con las mejillas sonrojadas, otras con una leve sonrisa, etc., todas ellas saturadas con una experiencia que fue mediada por una persona en la vida de otros. Incluso si vamos a comprar un bien a un lugar que nos dijeron “decile que vas de parte mía”, al llegar con solo decir “vengo de parte de…” la respuesta otra vez nos deja como atónitos porque quien nos ve, cree que somos aquella persona esperada. Día a día hay muchos motivos para descubrir que el testimonio es el núcleo de lo cotidiano y, especialmente, en la fe cristiana.



En estos años se puso de moda una frase en donde se pone el acento en que se es cristiano con un encuentro personal con Jesús. Por momentos, esa vivencia corre el riesgo de caer en un intimismo alienado, sin embargo, esa experiencia es mediada por un testimonio que otros nos brindan sobre el Mesías nacido en Palestina. Esa certificación es una mediación que tiene muchos rostros, voces, gestos, entonaciones, vivencias, emociones, etc., que no se pueden encerrar en una uniformidad asfixiante.

Creemos porque otros nos lo han compartido… y adherimos a ese testimonio porque hay una concordancia entre lo comunicado y el amor revelado que se hizo patente en la vida.

El II Domingo del llamado tiempo ordinario (¿podrían algún día cambiar esta denominación?), pareciera que el centro de la liturgia de la palabra estuviese centrado en el testimonio.

2. Testimonio conflictivo

Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo (Jn, 1, 30)

Uno de los testimonios que nos llega del Bautista es que presenta al Mesías con estas palabras. Al leerlas se nos genera un conflicto de ubicación. Pareciera que, en la fe cristiana, lo posterior es consecuencia de lo precedente.

La aseveración choca con nuestra manera de pensar qué es el testimonio. En la inmensa masa de bautizados se piensa que el testimonio “tiene que” … Juan solo afirma que lo suyo, es posterior de otro. En sus labios solo se puede encontrar que él habla más de aquel que está llegando y menos de si mismo.

El testimonio que Lucas menciona sobre María en el Evangelio, es que ella prorrumpe en loas por la grandeza de quien hace maravillas y realiza cada gesto salvífico: dispersa a los soberbios, derriba del trono a los poderosos, enaltece a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide con las manos vacías a los ricos (Lc. 1, 46-55).

Los discípulos de Emaús, al llegar a la comunidad afirman: “contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan” (Lc. 24, 35).

Cuando el Espíritu irrumpe descendiendo sobre la comunidad, provoca que ellos testimonien “las maravillas de Dios” (Hchs. 2, 11).

A lo largo de la historia, la iglesia fue creíble porque su testimonio no era autorreferencial. ¡Y eso es contracultural, en un tiempo de yoísmo!, porque comunicamos que creemos en un Dios que no quiere sacrificios, ni privaciones, ni ningún “ismo”, sino que compartimos que se inclina y escucha nuestro clamor (Sal. 40/39).

En otras diócesis, cuando se habla de testimonio se pone el acento en el “deber”. Para Navidad “tenemos que ser pesebre”, cuando en realidad el Evangelio solo habla que buscaban un lugar para alojarse, ni siquiera buscaban un pesebre. Navidad nos da testimonio que Dios pone su carpa entre nosotros, sin importar que le brindamos para que se instale.

Para cuaresma, se suele enseñar, que “tenemos que hacer un sacrificio para…”. Y en el evangelio, se nos presenta a un Dios que entrega su vida por amor, sin importar las condiciones externas (buen ladrón, el otro ladrón, las mujeres que lloran, los discípulos que se quedan y otros que están lejos, a uno que lo obligan hacer algo que no tenía pensado como el cireneo y otra que por amor seca su rostro, etc.)

Para hablar de santidad, el discursito habitual es que “tenemos que…” y para colmo se inventó ese requisito estúpido de los dos milagros, cuando Pablo nos recuerda que los cristianos somos “santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Cor. 1, 1 – 3).

3. Testimonio políticamente incorrecto

De las comunidades de fe, el mayor testimonio fue la incoherencia entre la propuesta del Reino y las estructuras sociales, políticas, religiosas de cada época.

Jesús fue una persona que incomodó a los judíos y romanos… por eso fueron cómplices de su asesinato (Boiochi, Marta, 2009, pág. 15). También lo fueron las primeras comunidades (Aguirre, Rafael, 2018); los padres y madres de la iglesia, el monacato, las órdenes mendicantes con Francisco de Asís, siendo laico; Domingo de Guzmán y Tomás de Aquino siendo clérigos; Catalina de Siena, siendo laica, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz ambos religiosos, León XIII, Pío X (Javierre, José María, 1984), Juan XXIII  cuando abrió esa ventana para que “entre un poco de aire fresco a la iglesia” (Aguirre, Carlos María, 2002) y convocó al Concilio Vaticano II que se transformó en ese milagro del Espíritu. Pablo VI, fue políticamente incorrecto, cuando continuó con el Concilio, renunció a la Tiara y la donó, cuando fue el primer obispo de Roma en salir de Europa e ir Tierra Santa, la ONU, etc. (aunque tuvo sus dudas y algunos dicen que quiso imponer su doctrina con algunas cuestiones y eso le trajo varios problemas), cuando dio inicio a los sínodos, etc.

Juan Pablo I, fue muy políticamente incorrecto porque quiso continuar con el legado de los obispos predecesores en su cargo a quien homenajeo en su nombre (Juan y Pablo), rechazó la coronación con la tiara siendo el único papa del siglo XX que no la tiene, ni la tuvo (otros la tuvieron pero no la usaron) (Curia, Christian, 2018), cuando en sus predicaciones comenzaba desde la vida cotidiana siendo obispo de Venecia (Luciani, Albino – Juan Pablo I, 1978) y de Roma.

Francisco, ex obispo de Roma, fue políticamente incorrecto con varios gestos, discursos, homilías, documentos, etc. (Curia, Christian – El viviente II, 2025).

Somos iglesias incómodas porque somos capaces de ser políticamente incorrectos, es porque seguimos el testimonio de tantos santos y santas de Dios con quienes compartimos el gusto de vivir desde el Resucitado, porque buscamos que un dictador sea juzgado como corresponde y no buscamos que se exilie en un país con otro totalitario que invade territorios y provoca masacres humanas.

Una fe incómoda es aquella que no cae en el “mayor peligro que es su miedo a la libertad”, para ello necesitamos volver a ser iglesias que buscan, promueven y garantizan la “libertad dentro de ella, libertad de pensar, de hablar, de escribir, de actuar” (Pérez Aguirre, Luis, 1993, pág. 42; 34). Es decir, una iglesia conciliar/sinodal y no tan monárquica.

Dialogando Incomodidad II

4. Pastoral del Testimonio

Principalmente

  • porque somos comunidades cristianas, es decir humanas, porque “nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#1),
  • porque no separamos lo que Dios ha unido (Concilio de Calcedonia),
  • porque somos comunidades pacientes…porque hemos visto, oído y contemplado como la misericordiosa ternura de la Trinidad acompaña a la humanidad y la redime donando su gracia de manera solo por ella conocida (GS. 22),
  • porque asumimos un estilo arriesgado ubicando en el centro a los seres humanos y luchando en contra de los modelos hegemónicos sean o no religiosos,
  • porque vivimos la liberadora experiencia que Jesús no fundó una iglesia (Pérez Aguirre, Luis, 1993, pág. 55), sino que es el fundamento de todo cuanto existe (CEA, 1981, pág. 559),
  • porque la fe no se basa en un milagro, sino en testimonio que el Verbo da del Abba/Imma,
  • porque la gracia no es premio, sino auxilio, regalo, don (Javierre, José María, 1984),
  • porque las jerarquías no son medulares, sino constructoras y animadoras del servicio para ser iglesias conciliares y sinodales, como algún cardenal piensa que la sinodalidad no es esencial sino una manipulación (Zen Ze-kiun, Joseph , 2026),
  • porque en un contexto de sentimentalismo, pietismo, favorecemos una formación sin extremos (ismos) sino integral que de sentido a la vida (CEA – JEP, 1988) (#50 – 51), incluso si alguna jerarquía dice que no es necesario formarse para anunciar a Jesús,
  • porque vivimos la fe como hijos, no súbditos ni con una vocación derivada, porque la Trinidad “crea creadores” (Torres Queiruga, Andrés, 2013, pág. 33),
  • porque Dios valora, crea y pregona la autonomía, para que caminemos con nuestros propios pies (De Vos, Frans, 1981).

5. Plegaria

Bendita seas, Trinidad de la ternura, tu manera de ser nos incomoda, porque eres totalmente distinta a todo y a la vez, tan cercana que estás al alcance de los sentidos.

Te pedimos, que el testimonio de Jesús sobre el Padre/Madre, nos impulse a ser comunidades que incomodan a quienes piensan que son o tienen más poder e imponen modelos injustos. Que la fe en el Espíritu nos ubique siempre del lado sagradamente humano de la vida, porque ahí te contemplamos. Te lo pedimos a ti, que vives, reinas y nos amas por los siglos de los siglos. Amén.

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 Trabajos citados

Aguirre, Carlos María. (2002). ‘Un poco de aire fresco’. ‘Revista Criterio’, Nº 2271, mayo, 75.
Aguirre, Rafael. (2018). Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana’. Navarra: EDV.
Boiochi, Marta. (2009). ‘El seguimiento de Jesús en las primeras comunidades’. CABA: Claretiana.
CEA – JEP. (1988). ‘Juntos para una evangelización permanente’. CABA: Oficina del Libro.
CEA. (1981). ‘Liturgia de la horas’ – T. I. Barcelona: Regina.
Concilio Vaticano II – ‘Gaudium et spes’ (1965).
Curia, Christian – El viviente II (2025).
Curia, Christian. (2018). ‘La #vida nos da #señales’. CABA: PPC.
De Vos, Frans. (1981). Venticinco años de sacerdote.’ La Semilla – Boletín Catequístico Diocesano(80), 1-3′.
Javierre, José María. (1984). ‘Pío X’. Madrid: Sociedad de Educación.
Luciani, Albino – Juan Pablo I. (1978). ‘Ilustrísimos Señores’. Madrid: BAC.
Pérez Aguirre, Luis. (1993). ‘La Iglesia increíble. Materiales pendientes para su tercer milenio’. CABA: LUMEN.
Torres Queiruga, Andrés. (2013). ‘Alguien asi es el Dios en quien yo creo’. Madrid: Trotta.