Tribuna

Dialogando… con el Bello Pastor

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1.     En la vida cotidiana

Hemos visto y oído a tantas personas que cuidaron, cuidan y cuidarán de nuestra vida. Como también nosotros realizamos lo mismo con la variedad de gente con quienes vivimos y convivimos.



¡Es hermoso recordar a aquellos que tuvieron gestos de amor y cariño que hicieron de nuestras vidas algo maravillosos!: abuelos, padres, tíos, hermanos, primos, sobrinos, amigos, conocidos, docentes, personas de buena voluntad, etc., que con su presencia transformaron todo cuanto podían.

2.     En la fe cristiana

En el IV Domingo de Pascua, la liturgia eclesial nos presenta la figura del “Buen Pastor”. La riqueza lingüística del texto nos introduce en un aporte que este tiene y que quizás por ciertas traducciones hemos dejado de lado:

“El título de pastor va acompañado del epíteto kalós, que significa bello, hermoso. En la versión LXX kalós traduce varios términos hebreos, pero que en la mayoría de los casos: yaphéh (bello, hermoso), que siempre se refiere a la apariencia, y se traduce por términos que indican la belleza o la hermosura del sujeto. También traduce el término hebreo tob (bueno), que indica la bondad, pero cuando se usa para designar la cualidad de una persona, muchas veces señala la aptitud para una tarea” (Rivas, Luis Heriberto, 2005, págs. 302 – 303)

Para la enseñanza oficial de la Iglesia, todos los bautizados nos configuramos con Cristo sacerdote, profeta y pastor. ¡Por tal motivo, este domingo del Buen Pastor es una oportunidad para rever, revisar, replantear, resucitar la perspectiva vocacional de todos, todos, todos, porque ser iglesia es ser comunidad amplia, abierta, diversa! Si por algún motivo, pensáramos que “vocación” es solo algunos ministerios en la iglesia estaríamos esterilizando el evangelio, cercenando el don bautismal y cayendo en una mirada verticalista de la fe cristiana que contradice la misma identidad sacramental y teológica de la Trinidad, porque el Dios de Jesús, nos participa a todos de su identidad (Concilio Vaticano II – LG, 1965).

a.      Pastores Ministeriales y sinodales

El buen pastor, nos exhorta a pasar: “De una iglesia institución, jerárquica, visible, verticalista, (…) a una Iglesia de comunión, corresponsabilidad, participación” (Casiello, Beatriz & Sáenz De Ugarte, Genaro, 1998, pág. 37), porque toda asamblea convocada es ministerial. Por lo tanto, cada uno de quienes la integramos somos iglesia, ministros en diversos ministerios y responsabilidades que, creyendo, celebrando y anunciando el misterio de la Trinidad, nos transformamos en sacramento universal de salvación (LG. 1; 7; 10; 32; 48). Ningún ministerio es superior a la dignidad de hijos de Dios que hemos recibido por la ruah que ha sido dada. Todos los bautizados participamos del único sacerdocio, que es el de Cristo (Concilio Vaticano II – SC, 1963) (# 7. 10).

La jornada de las vocaciones, nos invita a ese giro eclesiológico se vea como necesario y urgente para re/generar espacios y tiempos en donde cada creyente desarrolle el carisma y ministerio. Esto implicaría una actitud adulta que deje de lado el infantilismo vocacional centrado en una persona que ordena, dice, manda a hacer todo y el resto obedece. La fe en la Trinidad y las realidades nos exigen asumir un proceso de reflexión y búsqueda para encontrar diversas maneras de realizar el servicio eclesial que heredamos, compartimos y continuamos, para que los ministerios sean el resultado del discernimiento comunitario como origen, lugar y meta (DPC, 2020) (# 133).

El debate y propuesta de los ministerios eclesiales es un camino que se nos exige y que ha de ser recorrido como comunidades de fe, no como laicos “oyentes” y jerarquía expositora… sino juntos. Es un itinerario que nos demandará asumir un estilo de apertura y discernimiento en donde no habría una única respuesta. El nuevo rostro eclesial, es junto con otros, encontrando posibles soluciones incluso entre los antagónicos o diversos. La contemplación cristiana es, como decía un santo mártir argentino, con un oído en Dios y otro en la realidad (Angelelli, Enrique, 1986), porque allí la Trinidad está, suscita, inspira, actúa… y desde ahí discernir ministerios o nuevos estilos que, inspirados en la propuesta del Reino, se ordenen a la realidad y a la comunidad para que vivan y asuman un modo semejante al de Jesús y las primeras comunidades.

Dialogando Con El Bello Pastor

b.      Pastores Contemplativos y abiertos

“En aquellos días, como el número de discípulos aumentaba, los helenistas comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendían a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos. Entonces los Doce convocaron a todos los discípulos y les dijeron: No es justo que descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas” (Hchs. 6, 1 – 2)

Desde este texto, consideramos que una de las tareas de la catequesis es colaborar y favorecer la búsqueda de ministerios eclesiales surgidos desde el seno de la Trinidad y desde la realidad para que asuman los signos de los tiempos en fidelidad a Dios (Fides Quae) y a la humanidad (Fides Qua).

Ser servidores de la mesa como espacio y lugar de fraternidad, reconocimiento, gratuidad, integración, intimidad, confianza, celebración, etc., donde la vida se hace comunión al alcance de la mano. Quizás por este motivo, Jesús, el Viviente, quiso celebrar ardientemente su vida en torno a la mesa (Curia, Christian, 2006). Servidores de la mesa, podemos comprenderlo como servidores de los comensales, no tanto de los ritos o cánones. Ser ministros nos invita, exige y orienta a vivir la comensalidad abierta… “donde todos, todos, todos, tienen su lugar” (Francisco – JMJ, 2023).

c.       Pastores Comunitarios

Por el bello pastor, la comunidad es lugar, origen y meta de todos los ministerios, porque ella surge de una comunidad: la Trinidad. Esta identidad, adquiere una significatividad peculiar (DPC 133), porque el fin de todo es que los creyentes vivan y compartan la fe junto a y en comunidades humanas para compartir la vida y ella encuentre la alegría y el gusto de existir.

Ya que en estos días se evocó el primer año de la pascua del ex obispo de Roma, Francisco, todos, pero especialmente quien fue elegido como sucesor, tenemos la misión, responsabilidad y hasta la exhortación de encontrar otros caminos, itinerarios, criterios para la formación y estilos vocacionales. Sobre todo, de los que son ordenados o condecorados con títulos honoríficos, para que no sea un proceso en donde estén viviendo como príncipes o herederos de bienes, sin trabajar como empleados en alguna oficina, empresa, escuela, obra en construcción, servicio público o privado, en paralelo con las horas que todas las demás vocaciones realizamos. ¡Es hora de cambiar el modelo ministerial, si queremos realmente ser creíbles como iglesia renovada, o y si quieren autoproclamarse admiradores de un ex papa! ¡Ya no es sano ni evangélico, desde la DSI, psicología, pedagogía, eclesiología, teología, etc., sostener estructuras ociosas que unos pocos disfrutan y otros muchos tienen que financiar!

Jesús no era un príncipe. Es malo para la Iglesia cuando los pastores se convierten en príncipes, lejanos de la gente, lejanos de los más pobres: ese no es el espíritu de Jesús. A estos pastores Jesús los regañaba, y de ellos Jesús decía a la gente: haced lo que ellos dicen pero no lo que hacen (Francisco – Audiencia, 2016)

3.     Plegaria comunitaria:

Bendita seas Trinidad santa, “fuente de toda santidad” (CEA – MRC, 2011, pág. 925),
te damos gracias porque en Cristo, “has puesto el origen y la fuente de todo ministerio” (CEA – MRC, 2011, pág. 961),
haciéndonos partícipes de su sacerdocio (Concilio Vaticano II – LG, 1965) (#10).
Te pedimos que, respondiendo libremente a tu propuesta, sigamos construyendo el Reino del Abba/Imma por medio los ministerios para que,
en cada gesto y palabra, aprendiendo de tu Hijo, el Bello Pastor, continuemos siendo testigos apasionados, libres y liberadores,
que incluso en esos momentos en que la misión se vuelva árida, descubramos y hagamos memoria,
por medio de la efusión del Espíritu que, siempre y en cada momento, nos amas por los siglos de los siglos. Amén.

Feliz Pascua desde la Vida Nueva. ¡Felices desde este misterio gozoso de un Dios Viviente y vivificador, que “sigue haciéndose historia en medio de nosotros” (De Vos, Frans – ICD, 1983).

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Trabajos citados

Angelelli, Enrique. (1986). Angelelli, Enrique. Pastor y profeta. Mensajes. CABA: Claretiana.
Casiello, Beatriz & Sáenz De Ugarte, Genaro. (1998). Iglesia en camino. Rosario- Santa Fe: Didascalia.
CEA – MRC. (2011). Misal Romano Cotidiano. CABA: Oficina del Libro.
Concilio Vaticano II – Lumen Gentium (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Concilio Vaticano II – Sacrosanctum Concilium (1963). Obtenido de https://www.vatican.va
Curia, Christian. (2006). En torno a la mesa. CABA: Claretiana.
De Vos, Frans – ICD. (1983). La alegría de la fe para un mundo en cambio. Lomas de Zamora: Junta Catequística Diocesana.
DPC. (2020). Directorio para la Catequesis. CABA: CEA – Oficina del Libro.
Francisco – Audiencia 14 de septiembre de 2016. Obtenido de https://www.vatican.va
Francisco – Jornada Mundial de la Juventud – Portugal – 2023. Obtenido de https://www.vatican.va
Rivas, Luis Heriberto. (2005). El Evangelio de Juan. Introducción. Teología. Comentario. CABA: San Benito.