León XIV se despide de África: “Estáis llamados a contribuir al carácter misionero”

El Papa cierra su viaje de doce días por el continente con una masiva eucaristía en el estado de Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial

León XIV, en la misa en Malabo

León XIV se despide de África. A lo grande. Con una misa multitudinaria en el estadio de Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial. Después de un aguacero que se presentó a primera hora de la mañana y empapó a los miles de peregrinos que abarrotaban las instalaciones y los alrededores, la lluvia se frenó en seco para recibir a Robert Prevost poco antes de las nueve y media de la mañana. A las diez menos cuarto, antes de lo previsto, arrancaba la eucaristía con la que se remataba una gira de doce días que ha llevado al Papa también a Argelia, Camerún y Angola.



Un coro de unas trescientas voces que alternó temas litúrgicos con la alegría de cantos y danzas tradicionales arropó una celebración a la que asistieron representantes eclesiales y civiles de América Central. Al frente, el presidente ecuatoguineano, Obiang Nguema Mbasogo, y la primera dama, Constancia Mangue Nsue Okomo.  

“Cristo es la luz de Guinea Ecuatorial, y vosotros, sois sal de la tierra y luz del mundo”, lanzó en su mensaje de despedida al finalizar la misa. “Hoy África está llamada a contribuir significativamente a la santidad y al carácter misionero del pueblo cristiano”, encomendó a sus interlocutores.

En esta despedida oficial, León XIV desveló que “me voy de África llevando conmigo un tesoro inestimable de fe, esperanza y caridad”. “Es un tesoro grande hecho de historias, de rostros, de testimonios alegres y sufridos, que enriquecen abundantemente mi vida y mi ministerio”

Contra la cerrazón

En su homilía el Papa alertó a su auditorio de “la cerrazón” del individualismo. Frente a ello presentó el amor de Dios como el antídoto que “sostiene nuestro compromiso, especialmente al servicio de la justicia y de la solidaridad”.

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Un niño en la última misa de León XIV en Guinea Ecuatorial. Foto: EFE

“La evangelización nos involucra a todos”, subrayó, con un encargo directo: “El anuncio de la salvación se hace gesto, se hace servicio, se hace perdón; en una palabra, se hace Iglesia”.

León XIV se mimetizó con la invitación del papa Francisco de encarnar “la alegría del Evangelio” frente a la “tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada”. El Papa alertó de que, “cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios”.

La muerte del vicario

El Papa arrancó su homilía mostrando su más “sentido pésame” por la muerte del vicario general de la Archidiócesis de Malabo, Fortunato Nsue Esono, que falleció días antes de su llegada al país. Al hilo de este hecho, el Pontífice hizo un llamamiento para vivir este duelo “sin dejarse llevar por comentarios y conclusiones apresuradas”. De la misma manera, confió en que hagan “plena luz sobre las circunstancias de su muerte”.

Para su alocución, Robert Prevost tomó punto de partida las lecturas de la misa, en las que se relata precisamente la experiencia de Felipe con un eunuco que regresa de viaje de África, en el que se considera uno de los primeros contactos del cristianismo con el continente.

“Precisamente mientras regresa a su patria, África, convertida para él en lugar de servidumbre, el anuncio del Evangelio lo libera”, explicó el Sucesor de Pedro sobre el pasaje, recogiendo de esta manera la llamada que a lo largo de estos días ha hecho con relación a la capacidad transformadora de la Palabra de Dios y del seguimiento de Cristo.

Protagonista de la historia

Con este punto de partida, presentó a este peregrino, no como “espectador” de la historia, sino “protagonista de un relato que lo involucra”. “Esclavo y sin descendencia, este hombre renace a una vida nueva y libre en el nombre del Señor Jesús”, subraya.

Esta narración le permitió al Papa defender la importancia de formar parte de la Iglesia, al considerar que la fe “es siempre un acto personal y también eclesial, no un ejercicio solitario o meramente técnico”. “Todos los textos bíblicos, en efecto, revelan en la fe su verdadero sentido”, apostilló.

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Misa del papa León XIV en Malabo. Foto: EFE

Y si desde el inicio de su Pontificado, León XIV dio muestras de contar con un mensaje cristocéntrico, al estilo de san Agustín, hoy lo volvió a ratificar en esta homilía en la que presentó a Jesús como aquel que “da plenitud”, “crea el mundo, lo salva y lo ama para siempre”. Para el Papa, el Hijo de Dios plantea “un camino de liberación de la esclavitud”.

Con la compañía del Señor, nuestros problemas no desaparecen, pero son iluminados: así como toda cruz encuentra redención en Jesús, así en el Evangelio la historia de nuestra vida encuentra sentido”, incidió.

El legado español

Antes de la bendición final, tomó la palabra el arzobispo de Malabo, Juan Nsue Edjang Mayé, que agradeció a Robert Prevost “la palabra clara que ha iluminado nuestras conciencias y ha orientado nuestro caminar como Iglesia y como sociedad”.

En su intervención, el prelado repasó el papel que han jugado en estos 170 años de evangelización del país los españoles, destacando el papel de los sacerdotes diocesanos de Toledo y de los misioneros claretianos. Hoy el 90 por ciento de los ecuatoguineanos se consideran católicos. Posteriormente, varias mujeres le entregaron al Papa algunos regalos, entre ellos, algunas obras artítisticas, productos locales e instrumentos musicales. El Pontíice correspondió entregando un cáliz.

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