Rafael Salomón
Comunicador católico

La vida en los grupos parroquiales


La vida en los grupos parroquiales a veces suele ser compleja, esto se debe a la diferencia de dones, caracteres y formas de pensar. Bien dicen que: “cada cabeza es un mundo” y cuando se reúnen varias personalidades, no siempre el resultado es positivo.



Nunca faltarán las diferencias y la lucha de ‘egos’. Quienes pertenecemos a comunidades parroquiales sabemos lo difícil que puede llegar a ser la convivencia, pero también la riqueza que se llega a experimentar, siempre habrá cosas muy buenas y aunque nos cueste trabajo reconocerlo, también encontraremos aspectos desagradables.

Sin duda, la comunidad parroquial es una familia formada por personas diferentes donde nos encontramos con historias distintas, temperamentos diversos. Ya lo expresó san Pablo: “Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo”. Romanos 12, 4-5.

Juntos podemos complementarnos

Reconocer que Dios no llamó a personas idénticas; más bien, llamó a personas distintas para construir una misma obra. La diversidad de educación, carácter y manera de ver la realidad, el verdadero desafío está en la forma de responder y adaptarse ante los conflictos, recordemos que un grupo cristiano no se construye cuando todos piensan igual, sino cuando se aprende a amar aun en las diferencias y desacuerdos.

San Agustín decía: “En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad”. Pertenecer a un grupo parroquial es una gran oportunidad para crecer en humildad y caridad, ahí encontraremos el camino para que nuestras diferencias nos acerquen más al amor de Dios y que juntos podamos complementarnos.

Comunidad de San Cristóbal

Comunidad parroquial de San Cristóbal. Foto: Parroquia San Cristóbal

En ocasiones podemos percibir una lucha silenciosa por querer tener la razón, buscar reconocimiento, sentirse indispensable o imponer nuestro punto de vista, olvidando que no trabajamos para nosotros mismos sino en el nombre de Cristo.

Capacidad de dialogar, perdonar y volver a empezar

“El que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor”. Mateo 20, 26. Hablar de servicio dentro del grupo parroquial pone a prueba nuestra humildad, dejar de buscar el reconocimiento y colocarse en segundo lugar para darle paso a quien debe ser conocido y amado. San Gregorio Magno enseñaba que quien guía a otros debe recordar siempre que no es dueño del rebaño, sino servidor de Dios.

Encontraremos diferencias y divisiones, las cuales surgen porque pocas veces se hace el esfuerzo de escuchar a nuestro prójimo y la Palabra es precisa a este aspecto: “Todo hombre sea pronto para escuchar, lento para hablar y lento para enojarse”. Santiago 1, 19. Un grupo parroquial saludable se caracteriza porque existe la capacidad de dialogar, perdonar y volver a empezar.

La diversidad de dones nos hace creer que alguien está ‘estorbando’ porque piensa diferente y es ahí donde debemos centrar nuestra atención, ya que esa persona es diferente a nosotros y por esa razón debemos estar atentos porque probablemente esa persona puede mostrarnos algo que no habíamos visto. “Hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo”. 1 Corintios 12, 4.

Algunos tienen el don de organizar, otros de enseñar, otros de acompañar, otros de animar, otros de orar. La riqueza de una comunidad está precisamente en que nadie tiene todos los dones, por eso necesitamos caminar juntos.