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Rixio Portillo
Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

Venezuela: apostar por la libertad en democracia


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Los acontecimientos de estas horas en Venezuela deberían ser motivo de reflexión sobre palabras realmente importantes para todo el mundo: libertad, justicia, democracia, derechos y deberes.



El primer punto es que resulta muy fácil adosar responsabilidades, pero el tema de fondo radica en que, muchas veces, los derechos se entienden con adjetivos selectivos según convenga. No obstante, la preeminencia debe estar siempre en los derechos humanos.

La situación de Venezuela pasa necesariamente por este punto: allí están los crímenes de lesa humanidad, la violación sistemática de los derechos humanos durante años y la indiferencia de miles que prefirieron mirar hacia otro lado.

Hoy, mientras se publica este texto, hay cerca de mil presos políticos, incluso menores de edad y personas en condición de discapacidad, lo cual resulta intolerable.

El fracaso de la comunidad internacional no se explica por permitir una acción militar, sino por no haber hecho nada para evitarla, al privilegiar intereses ideológicos y de otra índole.

Venezolanos Espana Efe

La lección democrática del pueblo de Venezuela

Sin embargo, la mayor lección es el civismo del herido pueblo venezolano: la profunda convicción pacífica con la que, con calma y serenidad, entre expectativas y esperanzas, vive el momento presente.

La apuesta pacífica por una salida tiene un ejemplo concreto: el 28 de julio y toda la gesta electoral, orientada a que la solución sea civil, democrática y dentro de un marco legal. Sí, los venezolanos construyeron una salida a la crisis con el voto; fueron otros quienes desconocieron esa decisión.

Por ello, en un momento de incertidumbre, conviene destacar algunas ideas clave: la racionalidad; la comprensión de que el tiempo es superior al espacio y de que todo proceso implica la concreción de etapas sucesivas. No desde la ansiedad, sino desde la convicción clara de que el bien común es superior.

En segundo lugar —aunque debería ser el primero—, el respeto irrestricto a la persona humana y a su dignidad: la persona en el centro, bajo la lógica de que, integrada en su comunidad, forma el pueblo a través de los vínculos.

El pueblo de Venezuela comenzó a asumir el protagonismo de su historia el 28 de julio, y debe ser ese mismo pueblo, a través de la democracia, quien conduzca el devenir de su futuro. La Constitución de Venezuela establece que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, y es a este a quien debe respetarse su decisión civil y pacífica. Sí, la soberanía se respeta, pero la soberanía ejercida a través del voto.

Las palabras claves del hoy y del mañana

De allí que una de las lecciones sea desnudar el corazón del ropaje ideológico y reconocer que cada actor tuvo su parte de responsabilidad, para bien o para mal.

El papa Francisco, en Fratelli tutti, se cuestiona sobre cuatro palabras que deberían ser criterios para la Venezuela de hoy, no del mañana, sino del presente:

“¿Qué significan hoy algunas expresiones como democracia, libertad, justicia, unidad? Han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación, como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción” (FT, 14).

Por ello, no habrá democracia sin libertad ni justicia sin unidad. Al menos el 28 de julio, el heroico pueblo de Venezuela dio ejemplo de democracia y unidad. Quedará pendiente seguir trabajando por la libertad y en la búsqueda de la justicia.


Por Rixio G Portillo. Profesor e investigador Universidad de Monterrey