Hablemos de san José, esposo de la Bienaventurada Virgen María. “José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla, decidió abandonarla en secreto”. Mateo 1, 19. En el plan de salvación de Dios, la figura de san José puede no ser entendida o difícil de comprender; sin embargo, hoy deseo abordar algunos aspectos que le han dado un lugar especial a este santo hombre. Sin palabras, es considerado el santo del silencio contemplativo, con su vida nos enseñó que el amor verdadero no requiere gritos, ni levantar la voz.
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Mostró su amor con hechos concretos ante situaciones incomprensibles como fue el embarazo de María, el censo y la huida, no dudó en tomar decisiones firmes donde la confianza, valentía y responsabilidad mostraron la parte humana de un hombre con voluntad. Es modelo de masculinidad, trabajador, se ganaba de forma digna el pan como carpintero, sus manos transformaban la madera. Como padre adoptivo y mentor enseña la paternidad no biológica al cuidar, proteger y acompañar con amor desinteresado a Jesús.
Con acciones muestra su sensibilidad y ternura al ser respetuoso con la dignidad de María. Resiliente al huir con la Virgen María de la persecución de Herodes, volviéndose refugiado en un país extranjero, de manera que esto lo hace cercano a las millones de personas que hoy se desplazan por diferentes motivos. El contexto de vida, nos ayuda a comprender de una mejor manera la personalidad de este santo, quien tuvo que dejar su vida, amigos y trabajo en Nazareth para empezar de nuevo, mostrando una enorme capacidad de adaptación.
Patrono Universal de la Iglesia
Entender la historia de san José permite sensibilizarnos acerca de los enormes retos que tuvo, las decisiones que tomó y la confianza que mostró aún en medio de la duda e incertidumbre.
“Al reflexionar sobre esto, un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo’”. Mateo 1, 20.
De acuerdo a la tradición se considera que murió antes de la pasión de Jesús y fue acompañado amorosamente por Jesús y María, razón por la que se le reza para pedir una muerte tranquila. Se le representa con una vara de nardos, la tradición cuenta que su vara floreció para mostrar que él era elegido para custodiar a la Sagrada Familia. En 1879 fue declarado Patrono Universal de la Iglesia, se dice que ha protegido a todos los pontífices de manera especial.
Esperar y confiar como san José
Actualmente la figura de san José debería inspirarnos en tiempos difíciles, frente a la toma de decisiones y especialmente en momentos de incertidumbre, esperar en Dios y dejar en manos de Él aquello que nos cuesta trabajo comprender, mostrar confianza verdadera, aspectos que en nuestro mundo han dejado de ser valorados.
La espera es algo que se ha convertido en una acción que genera molestia e incomodidad, hoy nadie queremos esperar, se ha dejado de valorar y se ha convertido en un tiempo de pérdida. Como san José volvamos a esperar y a confiar. San José es un modelo de justicia en el sentido bíblico al hacer la voluntad de Dios con amor y una figura de sencillez y sentido común tan necesaria en nuestros tiempos.
