No, no es un texto sobre el Hombre de hojalata de la célebre historia del Mago de Oz, la realidad exige que al mal se le llame mal sin metáforas ni medias tintas. El tema es el mal en el mundo y en hombres que parecen no tener corazón, aunque tengan el órgano biológico para bombear la sangre.
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Muchas veces en este espacio se ha insistido con la idea de que el mal en la persona humana es una decisión, al menos en el plano ético. Es la persona en su libertad quien decide y opta por el mal frente al bien.
El asunto de fondo es que, mientras el mal gana terreno en la vida de alguien, se va rebajando el sentido de humanidad y, con ello, la sensibilidad frente al sufrimiento de los demás, ya sea causado por ese propio mal o amplificado en nombre del mal.
Los malos en el mundo no son más pero hacen más ruido, tienen altavoces más potentes, se viralizan en redes sociales, y siembran la duda por si es legítima la causa del bien.
¿Hasta dónde podemos llegar?
Adela Cortina, en su libro sobre la ética de la razón cordial, hace un par de preguntas que caben frente a tanta insensibilidad por el sufrimiento humano:
“¿Hasta dónde podemos llegar cuando la presión social imperante no abona el más elemental respeto, sino que premia a los torturadores, a los asesinos, a los desalmados, a los que desprecian el dolor y el sufrimiento de otros?, ¿hasta dónde podemos llegar cuando la presión social recompensa a los que no tienen corazón?”.
El más elemental respeto por el otro, su vida, su sufrimiento, su tragedia es pisoteado por el estrépito del show y de los likes. En Venezuela un influencer de la dictadura fue a la zona cero del terremoto para culparlos por el peso de las edificaciones derrumbadas.
El premio a los torturadores, los asesinos, los desalmados que desprecian el sufrimiento de otros. No hace falta poner nombres, la realpolitik habla por sí sola, la conveniencia frente a lo justo, lo pragmático y utilitario frente a lo moralmente correcto.
Es que ahora los torturadores, asesinos y desalmados — así los llama Adela Cortina — pagan medios, notas de prensa, influencers para que el mal realizado se justifique y su audiencia les aplauda.
La pregunta de la filósofa es clave para entender la gravedad del asunto: “¿hasta dónde podemos llegar cuando la presión social recompensa a los que no tienen corazón?”
De lo hay en el corazón habla la boca
Por eso, el riesgo no es un simple hombre de hojalata que busca un corazón porque quiere amar, sino quien teniendo un corazón de carne y hueso decidió odiar y hacer del proyecto país su venganza personal, una atrocidad, a la vista de todos.
Cayetana Álvarez, en una reciente entrevista dijo una frase que podría ayudar a enderezar el asunto: “Lo moral es lo eficaz (…) la legitimidad política y moral es lo eficaz”, y sin ánimo de descontextualizar, no reducir la eficiencia a la producción, sino a quién sabe hacer mejor las cosas para que el otro pueda estar mejor.
El desafío nuevamente es ético y moral, en un mundo en el que la ética y moral no se estudia ni se enseña por que no da likes en redes sociales ni monetiza contenidos frente al status quo.
Por Rixio G Portillo R. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey
