¿Sigue siendo vigente el mensaje de san Francisco de Sales?


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Este 2022 se celebra el cuarto centenario del fallecimiento, el 28 de diciembre de 1622 en Lyon (Francia), de san Francisco de Sales. Doctor de la Iglesia, el santo obispo de Ginebra –donde nunca pudo poner un pie debido a las hostilidades protestantes– tiene similitudes con las insistencias evangelizadores del pontificado del papa Francisco por su llamada a la santidad cotidiana, la apuesta por el encuentro frente a un proselitismo hostil, la búsqueda del encuentro desde una mansedumbre misericordiosa en la forma y en el fondo…



Una invitación

Benedicto XVI, dentro de una serie de catequesis sobre los santos, destacaba el 2 de marzo de 2011 que san Francisco de Sales con su principal obra, ‘Introducción a la vida devota’ hizo “una invitación que en su época pudo parecer revolucionaria”. Señala el salesiano Eugenio Alburquerque que la “invitación revolucionaria” de san Francisco de Sales a ser completamente de Dios en el mundo, en medio de los afanes y trabajos cotidianos es la propuesta simple y espléndida a realizar en nosotros la imagen de Dios en la que hemos sido constituidos, a vivir la propia vocación cristiana a la santidad. Creados a imagen de Dios, estamos llamados a ser de Dios, a grabar en nosotros su imagen divina, a vivir en Él, con Él y por Él. Se trata, pues, de llegar a ser lo que somos y de serlo gozosa y plenamente.

Esto destacaba el papa Ratzinger:

San Francisco de Sales es, sobre todo, un director de almas: el encuentro con una mujer joven, la señora de Charmoisy, lo impulsó a escribir uno de los libros más leídos de la edad moderna, la Introducción a la vida devota. De su profunda comunión espiritual con una personalidad excepcional, santa Juana Francisca de Chantal, nació una nueva familia religiosa, la Orden de la Visitación, caracterizada —como quiso el santo— por una consagración total a Dios vivida en la sencillez y la humildad, en hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias: «…quiero que mis Hijas —escribió— no tengan otro ideal que el de glorificar [a nuestro Señor] con su humildad» (Carta a mons. de Marquemond, junio de 1615).

A Filotea, destinataria de su Introducción a la vida devota (1607), san Francisco de Sales dirige una invitación que en su época pudo parecer revolucionaria. Es la invitación a ser completamente de Dios, viviendo en plenitud la presencia en el mundo y los deberes del propio estado. «Mi intención es la de instruir a aquellos que viven en la ciudad, en el estado conyugal, en la corte…» (Prefacio a la Introducción a la vida devota). Así nacía la llamada a los laicos, el interés por la consagración de las cosas temporales y por la santificación de lo cotidiano, en los que insistirán el concilio Vaticano II y la espiritualidad de nuestro tiempo.

Una carta

Entre las personas a las que dedicó una de sus cartas en ‘Ilustrísimos señores’ (BAC minor. Madrid 19785, pp. 124-131) Juan Pablo I está el santo patrono de los periodistas. Repasando las dificultades de su vida, el papa Luciani destaca la fuerza interna que movió a Francisco de Sales:

Sacerdote, misionero y obispo, entregaste tu tiempo a los demás: niños, pobres, enfermos, pecadores, herejes, burgueses, nobles, prelados, príncipes. Encontraste como todos, incomprensiones y contradicciones: “El corazón de carne” sufría, pero seguía amando a sus contradictores. “Si una persona me sacase por odio el ojo izquierdo –escribiste-, creo que le seguiría mirando amablemente con el derecho. Si me sacase también este, todavía me quedaría el corazón para amarla”.

Para muchos esto es la cima de la perfección. Pero, para ti, la cima es otra, pues, como escribiste, “el hombre es la perfección del universo; el espíritu es la perfección del hombre; el amor es la perfección del espíritu; el amor de Dios es la perfección del amor”. Por eso, para ti, la cima, la perfección y la excelencia del universo es amar a Dios.